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Escritos de narrativa, teatro y análisis

Libertad de expresión

Las democracias precarizadas de este capitalismo globalizado han reducido aún más la libertad de expresión de las personas. Para ello se han valido de la concentración pavorosa de los grandes medios de difusión. Es cierto que cuando sólo existían los diarios para difundir las noticias, igualmente había concentración de la información porque la posibilidad de edición de un diario siempre fue muy limitada. Pero ahora, la existencia predominante de los canales de aire y cable en manos de grupos económicos dominantes ha agravado la situación, a pesar de la resistencia de algunos medios con menor capacidad de difusión. A eso se le suma la Internet, con el dominio de las grandes multinacionales de la información que, a pesar de la débil resistencia que pueden oponer algunas redes sociales, logró el cometido de orientar la información hacia el mantenimiento del sistema.

El principio sobre el que está basada su operación es el mantenimiento del “status quo” de un sector de la población, porque cuando una información se transforma inmediatamente en un conocimiento es porque la persona ya creía en la existencia del mismo ya que, de lo contrario, dejaría la información en suspenso o buscaría la forma de verificarla.  Lamentablemente, las creencias generan más certezas que el propio conocimiento.

No se trata solamente de “fake news” que implican la deliberada emisión de información falsa con un objetivo político, sino de algo que puede ser más peligroso, como son las noticias impregnadas de interpretaciones, a veces de manera muy sutil.