Antonio y Nicolás están sentados a la mesa de un bar tomando cafés.
N: ¿Viste que salió un soldado yanqui arrepentido a contar todas las atrocidades que hicieron en Afganistán?
A: Sí… ¡y las que siguen haciendo!
N: ¡Qué locura! ¿Cómo puede haber gente que haga eso? La humanidad no cambia más, siguen existiendo masacres desde hace miles de años, como cuando los romanos entraban a los pueblos conquistados y violaban a las mujeres, esclavizaban a los más jóvenes y mataban al resto. Lo mismo que hicieron en Yugoslavia hace poco tiempo. ¡Cuánto sadismo!, ¿no? ¿Qué es lo que pasa, mandan a los enfermos o se enferman allá?
A: El famoso tema de la bolsa de verdura.
N: ¿Qué cosa?
A: Acabás de sacar el tema de la bolsa de verdura.
N (hablando hacia el mostrador): Cacho, ¿qué le pusiste al café de éste? (A Antonio) Te estoy hablando de una cosa seria y vos me salís con cualquier verdura.
A: ¿No hablabas de la condición humana? Bueno, la condición humana es como una bolsa de verdura.
N: ¡Dejate de joder!
A: (Parándose) Mirá. (Simula sostener con una mano una bolsa y con la otra hace que está llenándola con cosas) Vos agarrás una bolsa y le empezás a meter papas, zanahorias, zapallitos, rabanitos, pepinos, acelga, lechuga, tomate, zapallo, etc. hasta que la tenés bien llena. (Agarra la bolsa desde arriba y la mueve para acomodar la verdura). Después agarrás un hilo y la cerrás para poder transportarla. (Simula los movimientos). ¿Ves? (Trata de ponérsela al hombro, pero fracasa al primer intento). Puta que está pesada. (Lo logra). Bueno, vos ves a un tipo que anda así cargado y ¿qué le preguntás?
N: Y nada… yo llamaría al Borda.
A: No, vos le preguntarías, ¿qué lleva señor? Y el tipo te respondería: una bolsa de verdura. ¿Entendés?
N: Mirá, ahora que te veo así, me doy cuenta de que te equivocaste de ocupación, vos tendrías que haber sido actor, porque una de dos, o sos un cómico nato y me querés hacer reír, o te volviste loco.
A: Vos no entendiste nada. Yo te voy a explicar, a ver, corré los cafés que me está pesando mucho la bolsa y la quiero poner arriba de la mesa.
N: ¡Dejate de joder!
Antonio descarga trabajosamente la bolsa sobre la mesa.
A: Vos viste que le puse de todo adentro, ¿no?, y sin embargo cualquiera diría que es una bolsa de verdura.
N: Ah…ya entendí. La bolsa no es de verdura, es de arpillera y lo que habría que decir es una bolsa de arpillera llena de verduras. Pero así es muy largo…
A: No, no es eso, no me estoy refiriendo a la metonimia.
N: No, ya sé, te estás refiriendo a la metoverdura.
A: Te dije metonimia por eso de…
A: Sí, ya sé lo que es la metonimia, el reemplazo del continente por el contenido, por eso te dije “bolsa de arpillera”. ¿Qué, ahora te ponés en profesor conmigo?
A (riéndose): No, para nada, pero sigo con la explicación. La bolsa está llena de diferentes verduras, pero al meterlas en una bolsa y ver sólo la bolsa, lo que se hace es negar las diferencias al encerrarlas en un solo concepto: verdura. Hasta el singular denuncia la simplificación excesiva. Así pasa con lo que se denomina “condición humana”.
Pausa en la que Nicolás lo mira fastidiado.
N: Me dio ganas de tomar una cerveza, pero para eso vamos a tener que sacar a la condición humana de arriba de la mesa.
A: (riéndose): Dale, ayudame.
N. Hacelo solo.
A: Veo que entendiste.
N: Claro, era como yo decía, hay que decir bolsa llena de verduras.
A: Igual, así seguirías sin saber qué verduras son.
N: Si querés saber, abrís la bolsa y listo.
A (Se levanta y hace todos los movimientos correspondientes): Tenés que abrir la bolsa, volcar las verduras y ver, pero entonces ya no tenés la bolsa, sino las verduras desparramadas por el piso.
N (al mozo): Cacho, traeme un whisky doble sin hielo.
A: ¿Entendés, ahora?
N: Yo me pregunto, ¿no podés quedarte sentado y dejar de hacerte el payaso? Te están junando de las otras mesas. ¿Te pido un whisky también?
A: Está bien.
N: Cacho, otro.
A: No, no quiero whisky a esta hora. Me refería a que no me paro más.
N: Cacho, suspendé los whiskies.
A: ¿Entendiste la metáfora?
N: No, la verdad que no, y no me importa un carajo.
A: El ser humano es el recipiente que contiene todas las virtudes y vicios existentes: la ternura y el sadismo, el altruismo y el egoísmo, la cobardía y el heroísmo, etc., en diferentes proporciones de acuerdo a cada individuo. No se puede hablar de condición humana como no se puede hablar de bolsa de verdura sin caer en una simplificación exagerada. Para saber el contenido de cada hombre habría que verlo actuar en infinitas situaciones mediante una objetividad pura que no existe. Así como es imposible mantener la integridad de la bolsa y saber qué verduras contiene, porque volcar las verduras al piso es equivalente a que desaparezca la bolsa de verdura, también es imposible saber profundamente cómo es realmente cada ser humano, y mucho más imposible es generalizar y hablar de la condición humana. Es posible que en determinadas condiciones extremas, como la invasión yanqui a Irak por ejemplo, se potencie el sadismo que algunos tienen más pronunciado y cometan entonces esas atrocidades, pero no es que estén enfermos o se enfermen allá, son las circunstancias las que permiten o impiden que surjan algunas características de los seres humanos.
N (desafiante): Entendí, pero hay una falla en tu metáfora. Vos decís es que todos tenemos todas las verduras, salvo que en diferentes proporciones, y que eso es lo que no se puede conocer en cada uno, ¿no?
A: Así es.
N: Entonces, tendrías que haber dicho que no es posible saber cuánto hay de cada verdura y no que es imposible saber qué verduras hay.
A: Tenés razón, veo que me entendiste: La condición humana es una bolsa de verdura.
N: Sí, y también entendí otra cosa…
A: Ah, sí… ¿Qué cosa?
N: En la puta vida te vuelvo a hablar de Irak.
TRAS LA PUERTA
Es la sala de espera de un consultorio. Hay varias sillas, un escritorio y dos puertas enfrentadas. Cuando se encienden las luces, un hombre (Paciente 1) se levanta y abre una puerta para que pase otro (Paciente 2), luego se sienta y continúa leyendo. El recién llegado vacila y se sienta en otra punta. Durante varios segundos se muestra inquieto mirando hacia todos lados.
P2: Perdóneme, pero ¿no hay recepcionista?
P1: Sí, pero tuvo que salir.
P2: Digo yo, ¿no?, para anotar la visita (muestra una tarjeta)
P1: Ah…usted viene por obra social.
P2: Sí, claro… ¿Usted no?
P1: No, yo no.
P2: Ah…es raro, ¿no?
P1: ¿Usted me está diciendo que yo soy raro?
P2: No… no…no me malinterprete, lo que es raro es que no venga por obra social.
P1: No, yo no tengo obra social, para qué voy a querer una obra social, yo pago el médico cuando lo necesito y se acabó.
P2: Ah, claro… lo que pasa es que es riesgoso, ¿no?
P1: No, venir al médico no es riesgoso, lo que es riesgoso es dejar de hacerse los análisis anuales. Me imagino que usted se los hace, ¿no?
P2: No, yo es la primera vez que vengo.
P1: A ver este médico.
P2: No, yo nunca antes, no…
P1: ¿La primera vez que se revisa?, pero ¿cómo es posible que se haya dejado estar tanto tiempo? Seguro que ahora viene porque empezó con dificultades, poca cantidad, muchas veces.
P2: Y sí, lo que pasa es que yo antes…
P1: Bueno, cálmese, a lo mejor aún estamos a tiempo.
P2: No, pero no es nada grave, no me pasa siempre, me parece que es cuando me pongo nervioso.
P1: Por eso, no se ponga nervioso ahora porque le va a hacer peor. Relájese que el doctor tiene una mano excelente.
P2: Se ve que usted lo conoce bien.
P1: Sí, muchos años, después de los cuarenta no dejé de venir ningún año, como dice la propaganda de salud pública, usted la tiene que haber visto.
P2: Sí, puede ser, pero no me acuerdo.
P1: Sí que la vio, lo que pasa es que usted hizo como la mayoría, esconder la cabeza como el avestruz y no enfrentar la realidad de que todos somos mortales, ¿me entiende?, ninguno se escapa del destino final.
P2 (risa nerviosa): Usted está exagerando.
P1: ¿Cómo exagerando, usted se cree que es inmortal?
P2: No, pero me está hablando de una manera que… porque yo no me hice los análisis entonces…
P1: Tranquilícese, por supuesto que no hay nada definitivo. A lo mejor lo revisa el doctor y le encuentra que está un poco inflamada nada más, sin ninguna alteración patógena.
P2: ¿Me podría indicar dónde está el baño, por favor?
P1: No le conviene orinar ahora, el doctor le va a pedir que haga y conviene que haya orina retenida. Además, seguro que va y no hace nada, son los nervios, ya le dije, tranquilícese. A ver… haga como yo, respire hondo… así, muy bien, la expiración hágala más lenta… así, muy bien. Repita. (P2 lo hace dos veces más) Se siente mejor, ¿no?
P2: Sí.
P1: Bueno, ahora cambiemos de tema porque no quiero que se me vuelva a poner otra vez nervioso. ¿Usted es casado?
P2: Sí.
P1: ¿Hijos?
P2: Sí, dos, un varón y una mujer.
P1: ¿Se mantienen solos ya?
P2: El varón sí, ya se fue de casa, la nena no porque está terminando de estudiar.
P1: Ah, ¿y su esposa trabaja?
P2: No, nos arreglamos siempre con mi sueldo, preferimos que se quedara en casa criando a los chicos.
P1: Ahá, ¿usted es el único sustento de la familia o, llegado el caso, su hijo podría colaborar?
P2: No sé… pero ¿a qué vienen todas estas preguntas?
P1: A nada, señor, es una forma de cambiar de tema porque usted se estaba poniendo muy nervioso cuando hablábamos de su problema.
P2: Bueno, perdóneme, pero mejor no hablemos de nada.
P1: Entiendo, necesita el silencio para pensar en asegurar el futuro de su familia, como guste. Cuando se abra esa puerta y el doctor me invite a pasar, se va a quedar solo y nadie lo va a importunar.
P2: ¿Hace mucho que entró el paciente anterior?
P1: Sí, hace bastante.
P2: Ah, entonces estará por salir.
P1: No, no se sale por acá. Esta es la puerta de entrada, la salida está por otro lado.
P2: ¡Qué raro!, ¿no?
P1: A usted le parecen muchas cosas raras, primero lo de la obra social y ahora esto de la salida diferenciada. No es nada raro, señor, se trata de algo muy adecuado. El paciente que entra no debe ver al que sale.
P2: Bueno, a usted le parecerá normal, pero a mí me parece raro. ¿Por qué no se lo puede ver al paciente atendido?
P1: ¿Ve?, ya se está poniendo nervioso otra vez,
P2: Todo esto es muy raro, yo me voy.
P1: Cálmese, señor. Enfrente la situación con entereza. Usted ya tomó una decisión, no se eche atrás. Usted debe entrar a ese consultorio a enfrentar su realidad, nadie puede hacerlo por usted.
P2: ¿De qué me está hablando? Hace rato que no lo entiendo. Yo vine a revisarme y ahora no tengo ganas y me quiero ir, es mi decisión y nadie tiene derecho a impedírmelo.
P1: Escuchemé, reflexione. El doctor es una persona muy comprensiva. Cuando le toque el turno, usted va a tener la oportunidad de conversar con él y si después, igualmente, no quiere que lo revise, se lo dice y va a poder irse. Claro que…
P2: ¿Qué?.. ¿qué?
P1: Y… si no se revisa se va ir con la incertidumbre de cuán grave es su problema.
P2: Mi único problema ahora es estar acá encerrado.
P1: Está bien…está bien, tranquilícese, me parece que ya falta poco. A ver… (hace como que escucha). Sí, ya puedo pasar. Entra. El Paciente 2 da unos pasos tras él y se detiene. Se queda paralizado en el medio de la sala. Pasan unos segundos y aparece el Paciente 1 vestido con un guardapolvo y colocándose un guante). Pase, señor Bermúdez, lo estaba esperando.
APARIENCIAS
Vicente está sentado a la mesa de un bar y entra Eliseo muy agitado y se sienta.
V: ¿Cómo andás? Por lo que veo estás muy tenso.
E: No es para menos.
V: ¿Qué te pasa?
E: Mi mujer me engaña
V: ¡No!, ¿Rosalía?
E: No, boludo, Manucha, ¿quién va a ser? Sí, Rosalía, la muy hija de puta…
V: No puede ser, seguro que estás equivocado. (Inquieto)¿Tenés alguna prueba?
E: No, pruebas lo que se dice pruebas, no, pero estoy seguro.
V (aliviado): ¿Y en qué te basás, entonces?
E: Es que desde hace un tiempo está muy contenta.
V: Dale boludo, vos sos un perseguido.
E: Vos la conocés a Rosalía, ¿viste como es?, siempre preocupada por todo, nada la hacía reír. Ahora, hasta canta.
V: ¿Canta?
E: Sí, canta, encima para la mierda.
V: Y bueno, ¿de qué te quejás? Cambió, ahora tendrías que estar contento.
E: No es lo único, hay otras cosas.
V (fastidiado): ¿Qué cosas?
E: Las otras noches la busqué, hacía como un mes que no cogíamos y me pidió que… vos entendés.
Se produce una pausa incómoda
V: Es una cosa natural, ¿vos nunca…?
E: No, nunca, no te imaginás como es Rosalía en la cama. Con decirte que tardé un año en chuparle una teta.
V: Y…también vos, podrías haber tardado menos, así cualquier mina se habría aburrido.
E: Dale, boludo, jodeme, te estoy hablando en serio. No tenés idea de lo chapada a la antigua que es, o era, mejor dicho. Sola no puede haber cambiado, seguro que hay un chabón que se la está cogiendo.
V: Escuchame Eliseo. Ahora hay revistas, las mujeres conversan más de estas cosas, en la peluquería, en el mercado, en todas partes.
E: Rosalía no conversa con nadie, si casi no saluda a los vecinos. Por eso estoy seguro que el chabón es alguien que conocía, alguien de mucha confianza.
Vicente se inquieta y mira hacia todas partes.
V: Hablá más bajo, a ver si alguien te escucha y lo da por un hecho.
E: Mirá, me importa un carajo, lo único que quiero es saber quién es para cagarlo a tiros (saca un revólver).
V (muy alterado): ¿Qué hacés?, ¿estás loco?, guardá eso. (Eliseo lo guarda) Vos estás mal de la cabeza. Este tema no se resuelve así, digo yo, en caso de que fuera cierto, ¿no? Porque pruebas no hay, ¿no es cierto? Además esto de que es de confianza, ¿de dónde lo sacaste?
E: No hay ninguna posibilidad de que haya conocido sola a un tipo.
V: Pará un poquito…Rosalía todavía es una mujer atractiva, ella podría…
E: ¿Pero, qué estás insinuando, que mi mujer es una puta?
V: No, loco, no, te estoy siguiendo la corriente, la suposición de que ella está saliendo con un tipo, lo que digo es que no tiene que ser obligatoriamente de confianza, ¿entendés?
E: Entonces, ¿estás de acuerdo, conmigo?
V: ¿En qué?
E: En que me está engañando.
V: ¡No!, para nada, estoy seguro de que es tu imaginación.
E: En vez de ayudarme me estás confundiendo más.
V: A ver… tranquilizate. Empecemos de nuevo. Mirá, yo veo las cosas así. Vos conocés el refrán ese que dice que las apariencias engañan, ¿no? Bueno, acá tenemos un caso así. En realidad, todos los casos son así, porque ¿cómo conocemos? No somos una película fotográfica donde la realidad penetra a través de los sentidos. (Eliseo lo mira con los ojos muy abiertos). No, de ninguna manera somos eso. El ser humano conoce a través de una acción conciente sobre la realidad. Si se quedara solamente con la información de los sentidos, eso lo conduciría siempre a equivocaciones, ¿entendés? Vos estás procediendo mal, en base a una cierta cantidad de información, bastante pobre por cierto, estás sacando conclusiones sin accionar sobre la realidad, es decir, estás quedándote en el imaginario, sin intersección con lo real.
E: O sea, vos me estás diciendo que la tengo que seguir y escucharle las conversaciones por teléfono.
V: ¡No!, de ninguna manera, eso sería una falta de confianza tremenda.
E: Entonces, ¿qué carajo me estás diciendo?
V: Te estoy diciendo que tenés que subsumir lo imaginario en lo real. ¿Qué es lo real? Tu matrimonio. Bueno, profundizá el vínculo, dedicate más a ella, sé más considerado, así te vas a sacar esas ideas boludas de tu cabeza, ¿entendés?
E: ¿Qué hago, cuando cante me pongo a cantar con ella, cuando la encuentre susurrando al teléfono con los cachetes colorados, me hago el boludo?
V: Exactamente, cantá con ella y cuando termine de hablar por teléfono la abrazás y…
E: Y me la llevo a la cama para chuparle la concha.
V: ¡No, animal! Ternura, poné más ternura, abrazala y dale besos en las mejillas, en los ojos y la frente.
E: ¿En la boca, no?
V: No, en la boca, no.
E: ¿Ese es el consejo que me das, que pase a cuarteles de invierno?
V: No, no te digo eso, pero bajá un poco la lujuria y aumentá la ternura.
E: ¿De qué lujuria me hablás?, no te dije que lo hacemos una vez por mes.
V: Bueno, no importa la cantidad, sino la calidad, tenés que dejar paso a la ternura, la comprensión. Si ella está alegre, acompañala en la alegría, en vez de estar pensando boludeces. Se trata de Rosalía, Eliseo, es la mujer de tu vida, la madre de tus hijos, no la podés estar mirando como a una cualquiera.
Se produce una pausa en la que Eliseo se queda mirando el piso pensativo y Vicente se pasa la mano por la frente, como si quisiera borrar el gesto de preocupación.
E: Está bien, tenés razón, voy a hacer lo que decís, voy a dejar de pensar boludeces. Te agradezco mucho.
V: Para eso estamos los amigos. Ahora, haceme un favor, pasame el revólver por debajo de la mesa, así me quedo tranquilo.
Eliseo lo hace, se para y le da un abrazo.
E: Chau, Vicente, me voy a ver a Rosalía.
V: Chau, Eliseo, y acordate, mucha ternura. Eliseo sale. Vicente saca un celular y marca un número. Hola, soy yo, escuchame, dejá de cantar y no le vuelvas a pedir que te chupe, ¿entendido?