RICINO
(Thriller en 8 escenas)
PERSONAJES
MARCOS
ANDREA: Pareja de Marcos
FLORENCIA: Hija de Marcos
EMILIO: Hijo de Marcos
LORENA
ESCENA 1
Es el living de una casa, tenuemente iluminado por una luz que proviene de otra habitación. Entran Marcos y Andrea. En una esquina, no visible para ellos, se encuentra Florencia sentada en un sillón
Andrea: Estás muy borracho, Marcos. Ni se te ocurra acostarte así. Tomá alguna cosa, date una ducha.
Marcos: No exagerés, estoy un poco alegre, nomás.
A: ¿Un poco alegre?, quisiste abrir la puerta con las llaves del auto.
M: Fue un chiste.
A: Como quieras, pero a la cama así no venís, no quiero que me vomites encima.
M (la quiere abrazar): Vení mi amor, vení con papá.
A: Salí de acá, apestás.
M: Lo decís porque no te sentís el aliento que tenés. ¿O no tomaste nada, vos?
Andrea va hacia la salida cuando descubre a Florencia.
A: ¡Qué susto me diste, querida!, ¿qué hacés ahí en la oscuridad?
M (buscando el interruptor): En esta casa cambian todos los días las cosas de lugar. Andrea prende la luz. Flor, hijita, ¿qué hacés en la oscuridad?
F: ¿Se divirtieron?
M: Sí, estuvo muy linda la fiesta, me cansé de bailar.
A: Y de beber.
F: Andrea, lo tendrías que haber cuidado mejor, pobre papito. (Se levanta y va hacia él.)
M: Salí, no me cargosees vos también.
F: La próxima vez llevame a mí, en lugar de a ella, yo no voy a dejar que te emborraches.
M: ¿Por qué no la terminan las dos?, estoy un poco alegre, nomás. Y como estoy alegre y tuvimos que venirnos por culpa de ella (señalando a Andrea), quiero seguir festejando, así que voy a poner un poco de música.
Va hacia el barcito en vez de ir al lugar donde está el equipo. Se sirve un vaso.
A: Lo único que querés es seguir tomando, yo me voy a la cama.
M: Esperá mi amor, no seas aguafiestas. Florencia poné algo de música, por favor, es temprano todavía.
Florencia pone música de Pink Floyd
A: Marcos, son las dos de la mañana.
M: Y bueno, ¿qué digo yo?, es temprano, ¿quién se acuesta a las dos de la mañana un sábado de fiesta? Florencia, ¿qué pusiste?, poné algo alegre, poné a Larralde, por ejemplo.
A: No ves que no sabés lo que decís, ¿Larralde es alegre?
M: Es un chiste, Andrea, hoy no tenés sentido del humor.
A: Me voy a la cama.
M: Esperá, amorcito, esperá. Florencia poné algo brasilero, dale.
F: Si querés que se quede, preguntale a Andrea qué música prefiere.
M: Cierto, ¿qué música querés escuchar, mi amor?
A: Nada, me quiero ir a la cama. Quedate con tu hija escuchando música.
Andrea sale.
M: No te vayás, Andy… Se fue, últimamente está así, no sé…
F: ¿No andan bien ustedes?
M: No, sí, andamos bien, sí. Pero se quiso venir de la fiesta temprano, estaba divertida la fiesta, insistió, insistió y al final me cansó. Me decía que estaba haciendo papelones. Papelones, ¿por qué, por estar bailando?
F: Curioso, ¿no?
M: ¿Qué cosa?
F: Digo yo, ¿no?, por la diferencia de edad tendría que ser al revés.
M: ¿Al revés de qué?
F: Ella debería ser la que tuviera ganas de bailar y vos el que quisiera regresar para acostarte temprano.
M: Nena, mirá que yo no soy ningún viejo, vos me conocés.
F: Sí, pero en los últimos tiempos estás un poco cambiado.
M: ¿Cambiado?
F: Sí, esto de la fiesta me hace pensar que a lo mejor vos te estás haciendo el pendejo y ella se hace la mayor para compensar, pero parece que tendrían que buscar mejor el equilibrio ¿no?
M: Pero, no, ¿qué decís? Se sirve otro vaso. ¿Querés tomar algo?
F: Entonces, ¿todo bien con Andrea?
M: Sí, por supuesto, ¿por una pequeña discusión pensás que podemos estar mal?
F: No, lo que pasa es que siempre pensé que debe ser difícil mantener una buena relación con tanta diferencia de edad.
M: Y dale con la edad… Son 28 años nada más.
F: ¿Nada más?, es la edad de Emilio.
M: ¿Qué tiene que ver Emilio, con esto?
F: Nada, es una referencia nada más, 28 años es toda una vida.
M: Sí, ella tiene 38 y yo tengo…
F: Vos vas a cumplir 66, papá.
M: Sí, 66, ¿pero cómo me ves? Hace un paso de baile, trastabilla y casi se cae. Bueno, esto es porque tomé un poco de más. ¿Pero no me ves joven y saludable? Florencia va a sentarse. A vos te noto cambiada, estás triste, hija, ¿qué te anda pasando?
F: Nada, estoy bien.
M: Dale, poné música brasilera, así nos divertimos un poco.
F: Es tarde, papá, andá a acostarte.
M: No puedo, no escuchaste que no quiere que vaya a la cama.
F: Andá al cuarto de huéspedes, entonces.
M: Pero, no, Andrea…
F: Florencia, papá, yo soy Florencia, Andrea ya debe estar dormida en tu cuarto.
M: Lo que necesito es bailar un poco para despejarme, dale, poné música brasilera.
F: Sí, claro, y por eso seguís tomando. Andá a ducharte que mientras tanto te preparo un café.
M: No, hija, no, café no, después no me puedo dormir.
F: Bueno, andá a ducharte, entonces.
Marcos va al lugar del equipo, quiere sacar el CD pero pone la radio, toca de nuevo y vuelve Pink Floyd, busca entre los CD y se le caen varios al piso.
M: No entiendo por qué hacen las cosas tan complicadas.
Florencia se levanta, levanta los CD, saca el CD del equipo, lo guarda en su envase y apaga el equipo. Se pone delante del mismo.
F: Andá a acostarte, papá, andá, por favor.
M: ¿Y vos? ¿Te vas a quedar acá sola escuchando música? Cuando llegamos no estabas escuchando música. ¿Qué estabas haciendo sentada sola en la oscuridad?
F: Pensaba.
M: ¿En qué pensabas?
F: Cosas que se me ocurrían.
M: Hija, te doy un consejo: no es bueno pensar mucho. Al final terminás confundida.
F: Ya estoy confundida, por eso necesito pensar.
M: ¿Ves?, es como yo digo, estás triste porque tenés preocupaciones. La toma del brazo para intentar llevarla a los sillones. Contame, dale, contale a tu padre qué te anda pasando.
Florencia se suelta y lo toma ella de un brazo.
F: Vamos, papá, vamos a dormir.
Le saca el vaso de la mano, lo arrastra con una pequeña resistencia y salen.
ESCENA 2
Es de día en el mismo living. Andrea entra y va hacia la puerta de entrada. Detrás aparece Emilio.
Emilio: Andrea, buen día. (La alcanza y le da un beso). ¿Qué pasó a la madrugada? Justo un sábado que me acuesto temprano y me despierta la música.
A: No, nada, tu padre que tomó de más.
E: ¿Y la música?
A: Quería seguir tomando y escuchando música.
E: ¿Pink Floyd? ¿Quería escuchar a Pink Floyd?
A: No, le pidió a tu hermana que pusiera música y ella puso a Pink Floyd.
E: ¿Ah?, ¿y papá?
A: Él quería música brasilera para seguir bailando
E: Uy, qué pedo que tendría. ¿Y vos, no tenías ganas de bailar?
A: Yo quería irme a la cama.
E: Eso dejalo para un viejo como yo, pero vos, una chica tan joven, a menos que claro, que tuvieras muchas ganas de ir a la cama…
A: Sí, justo, con lo borracho que estaba tu padre.
E: Si querías irte a la cama temprano, tendrías que haber evitado que tomara mucho o… encontrado otro acompañante.
A: Muy gracioso, estás de buen humor, se ve que descansaste bien.
E: Sí, hoy estoy lleno de vigor juvenil, con ganas de hacer de todo.
A: Mirá qué bien, bueno, ojalá puedas.
E: ¿Qué cosa?
A: Hacer lo que quieras.
E: Para algunas cosas se necesita compañía.
A: Claro, pero con el vigor juvenil que tenés, seguro que la vas a conseguir.
E: ¡Qué prejuiciosa sos!
A: ¿Por qué?
E: Dijiste “la vas a conseguir”, a lo mejor ando buscando un “lo”.
A (riendo): Sería un desperdicio, un nene tan lindo como vos.
E: No soy ningún nene, ¿cuántos años me llevás?, diez a lo sumo.
A: Lo que importa es la personalidad, no la edad.
E: Eso es lo que digo, y yo tengo una personalidad de 40.
A (riéndose): ¿Y cómo sería eso?
E (sonriendo): Una personalidad de 40 puede enamorar a una mujer de 38.
A: Pero una mujer de 38 puede también enamorarse de un joven de 28, depende.
E: Ah, sí… ¿y de qué depende?
A: Más que nada depende de cuán ubicado sea.
E: ¿Te referís a la profesión?
A (riéndose): No, pero eso también tiene que ver. Un joven de 28 años con un trabajo estable y ambiciones para progresar, por lo general no se comporta de una manera desubicada.
E: Ah… entiendo, para vos el tipo tiene que tener guita, sino es un desubicado.
A: ¿Ves?, ahí tenés un ejemplo, ese fue un comentario desubicado.
E: Bueno, pero es lo que insinuaste con lo de los 28 años y el trabajo. Yo no trabajo porque mi viejo tiene guita y puede mantenerme hasta que me reciba, y si no me recibí hasta ahora es porque cambié de carrera, vos lo sabés.
A: Sí, lo sé muy bien, y también sé que vos no sos un desubicado, a pesar de que hayas hecho un comentario desubicado. Vos cambiaste de carrera para ser contador público y ayudar a tu padre en la empresa, ¿no es así?
E: Efectivamente, o sea, tengo ambiciones.
A: Tu padre está muy orgulloso de vos, siempre me lo dice.
E: Sí y yo también estoy muy orgulloso de él, por haberse levantado una mina como vos.
ESCENA 3
Florencia está escuchando música con auriculares en el living. Entran Emilio con Lorena. Cuando Emilio la ve, intenta irse, pero Florencia se para y lo detiene.
F: Hola, hola… novedades, presentámela Emilio, ¿quién es?
E: Se llama Lorena, (a Lorena) ella es mi adorada hermana Florencia.
Lorena (se acerca y le da un beso): Hola.
F (reteniéndola cerca): Qué bonita sos, ¿compañeros de estudio?
E: No, es mi novia.
F: ¿Tu novia? Mirá vos, qué calladito que la tenías. ¿Por qué no la querías mostrar, si es una preciosura?
L: Gracias, sos muy amable.
F (pasándole un brazo por encima de los hombros a Lorena): Vengan, sentémonos así podemos charlar.
E (intentando retenerla): No, tenemos que hacer. Lorena lo mira en forma disuasiva. Bueno, un rato y nos vamos.
Lorena se dirige al sillón de un cuerpo, pero Andrea la conduce al de tres cuerpos y se sienta a su lado, entre ella y Emilio.
F: A ver, cuenten, ¿cómo se conocieron?
L: Somos compañeros de estudio.
F: Ah, no me equivoqué, entonces. ¿Se conocen desde hace mucho?
E: Empezamos a salir hace poco.
L: Nos conocíamos desde hace tres años, los dos estábamos en el mismo grupo de estudio.
F: ¿Y ya no están más en ese grupo?
L: No, ahora estudiamos solos.
F: Ay, ay, seguro que fue por los celos de Emilio, lo entiendo, con lo linda que sos habría un montón de tipos atrás tuyo.
E: Más bien una tipa.
F: Ah… ¿sos bisexual?
E: No empecés, Florencia.
L: ¿Por qué, te horrorizaría si lo fuera?
F: No, Lorena, por favor, me horrorizan ciertas cosas que pasan en esta casa, me horroriza la hipocresía, no la identidad sexual de cada uno.
E: Bueno, Lore, vamos que tenemos que estudiar.
L: Andá a preparar todo que ahora voy, recién me presentaste a tu hermana y no tuve nada de tiempo para conocerla.
E: Te aseguro que no vale la pena.
L: Por favor, Emilio, sabés que no me gusta que seas grosero.
E (levantándose): Bueno, escuchala, pero para conocerla vas a tener que verla actuar, y entonces te vas a dar cuenta de que tenía razón.
Sale.
L: ¡Qué mal que se llevan!, ¿por qué?
F: Siempre defiende a la mina que sale con mi viejo y yo no la puedo ni ver, es una aventurera que está detrás de la guita.
L: ¿Estás muy segura de eso?
F: Me resulta muy evidente. Se llevan treinta años. Es cierto que hay casos famosos de parejas con esa diferencia de edad, pero te aseguro que mi padre no es Chaplin, Quinn ni Woody Allen como para enamorar a alguien mucho más joven. Además, la mina es frívola, te das cuenta apenas la conocés, la juega de artista porque pintó algunos cuadros horribles y ahora mi padre le pagó una exposición y está más agrandada que nunca.
Entran Andrea y Marcos, ella lleva varios paquetes de ropa
M: ¡Qué sorpresa Lorena! ¿Qué hacés acá?
Lorena se para, está muy seria.
L: ¿Cómo le va señor Benítez. (Vacila y luego se acerca y le tiende la mano).
M (dándole un beso): Qué casualidad, ¿sos amiga de Florencia?
Florencia también se paró.
L: No, soy amiga de Emilio.
F: No entiendo nada, ¿de dónde se conocen?
M: ¿No te acordás? Es cierto que nos vimos pocas veces. La última en el entierro de Adriana. Es la hija de Armando, el hermano de Adriana. (Florencia mira a Lorena como si tratara de recordar.) ¿Cómo está tu padre, Lorena, tan cabrero como siempre? (Lorena sonríe forzadamente.) Bueno, te presento a Andrea, mi novia y futura esposa.
A: (haciéndole con la cabeza un saludo descortés): ¿Entramos querido?
M: Sí, vamos, bueno Lore, mandale un saludo a tu padre. Fue un placer volver a verte.
Salen cuchicheando.
F: Y, ¿qué te dije?, ¿viste lo desagradable que es? Lorena sigue parada. ¿Qué te pasa, te sentís mal?
L: No, nada… Bueno, me voy a estudiar.
F: Esperá, no te vayás así, no dejés que esa víbora te altere.
L: No me molestó ella, lo que pasa es que me acordé de una fea discusión que tuvo tu padre con el mío y me impresionó verlo acá.
F: ¿Por qué discutieron?
L: Ya no tiene importancia, Florencia, me gustó mucho conocerte.
F (abrazándola y dándole un beso prolongado). Me gustaría mucho que nos volviéramos a ver a solas en otro lugar.
L: Sí, estaría bueno. Anotá mi celular. Florencia lo hace. Chau, llamame.
F: Sí, te llamo, chau Lore.
Lorena sale, Florencia se queda mirando unos segundos hacia la puerta y luego se sienta a seguir escuchando música.
ESCENA 4
Marcos entra al living desde la calle muy apurado. Florencia lo intercepta a mitad de camino.
F: Papá, quería hacerte una pregunta.
M: Ahora no, estoy muy apurado.
F: ¿Cómo murió Adriana?
M: ¿A qué viene esa pregunta?, si ya lo sabés, murió por envenenamiento accidental.
F: Sí, pero es que no entiendo cómo puede ser que haya comido esas semillas accidentalmente.
M: ¿Por qué salís con eso ahora?, ¿por qué querés remover unos recuerdos tan dolorosos?
F: Lo que pasa es que me estaba acordando esta mañana de ella y me volvió a surgir esta duda.
M: ¿Acordándote de ella?, si nunca te llevaste bien.
F: Tuvimos algunos problemas, pero la llegué a querer.
M (intenta seguir su camino hacia el interior): Bueno, me alegro.
F: (interponiéndose): Pero no entiendo por qué tenían una planta venenosa en el jardín.
M: No sabíamos que era venenosa, mucha gente tiene plantas de ricino porque son decorativas. La culpa la tuvo esa vecina de mierda que le dijo que las semillas le curarían el dolor de cabeza permanente que tenía.
F: ¿Y quién fue esa vecina?
M: No lo sé, nunca lo dijo, solo me dijo que se lo había recomendado una vecina.
F: ¿Y vos no quisiste averiguarlo?
M: Basta Florencia, ¿qué pretendés, torturarme? No, no lo averigüé, hice sacar la planta y la quemé. ¿Satisfecha?
F: No, la verdad que no, yo en tu lugar habría averiguado quién le recomendó que se envenenara.
Marcos sale con un gesto de furia. Florencia saca su celular y hace una llamada.
F: Hola amor, acabo de hablar con mi padre. Era como vos decías, la boluda comió semillas de ricino. (Pausa). No, yo no sabía nada, lo único que me dijeron es que se había envenado accidentalmente y la verdad es que me importó muy poco. (Pausa). No…para nada, se quiso poner en el papel de madre y la mandé a la mierda mil veces. (Pausa). Me dijo que se lo ha-bía recomendado una vecina, pero no sabía quién era. (Pausa). Sí, ya sé que es muy raro. (Pausa). Yo estaba de vacaciones y la empleada tenía franco. (Pausa). Y no sé, mi padre llamó a una ambulancia, la internaron de urgencia y murió a las pocas horas. (Pausa). No sé, boluda, cómo se enteraron, les debe haber dicho mi padre lo que había comido. (Pausa). No, Lorena, no me gusta nada lo que estás insinuando, ya el otro día… (Pausa). Sí, bueno, ya el otro día… (Pausa). (Elevando la voz). Pero, ¿qué fue lo que escuchaste para pensar eso? (Pausa). No, Lore, no, por Dios, no… Vos misma dijiste que siempre se habían llevado mal, tu padre se agarró de cualquier cosa para decirle eso. (Pausa). Preguntale, sí, preguntale a ver qué te dice. (Pausa). No, no, se conocieron después. (Pausa). Sí, ya sé que es una hija de puta, pero mirá si… (Pausa). Sí, tenés razón, no podemos seguir hablando de esto por teléfono. (Pausa). No, boluda, no me enojé, no, está todo bien. (Pausa). Sí, sí, yo también te quiero, nos vemos más tarde. (Pausa). Un beso enorme, chau.
Entra Emilio de la calle.
F: Hola Emi, ¿cómo estás?
E (tono irónico): Hola Flor, ¿cómo estás?
F: ¿Venís de la Facu? Emilio no le contesta y sigue su camino. Esperá, quería hacerte una pregunta.
E: Ya sé la pregunta que me querés hacer. No, no salgo más con Lorena, así que podés abordarla, a lo mejor te da bola, esa mina es medio trola.
F: No, boludo, no te quería preguntar eso. ¿Qué recordás de la muerte de Adriana?
E: ¿Qué?
F: Adriana, nuestra segunda mamá.
E: ¡Qué mina jodida que sos!
F: ¿Por qué me decís eso?
E: Siempre con el mismo tonito irónico de mierda.
F: ¿Por qué?, ¿porque dije segunda mamá?, si fue nuestra segunda mamá, y gracias a ella vivimos en esta hermosa casa y viajamos a Europa y tenemos todo lo que queremos, ¿no?
E: Sí, le dejó todo a papá porque también nos quiso a nosotros, pero vos nunca la quisiste, siempre le hiciste la vida imposible, lo mismo que estás haciendo ahora con Andrea, nunca admitiste que papá tiene el derecho de rehacer su vida.
F: Está bien, está bien, no peleemos otra vez, reconozco que tengo un carácter jodido y que a veces me paso. Lo que sucede es que el otro día, no sé por qué, me acordé de su muerte súbita, y me agarró la curiosidad de saber cómo había sido posible que se hubiera envenenado.
E: Te conozco, esa repentina curiosidad esconde algo.
F: Pero Emilio, vos la querías a Adriana, ¿no es cierto?
E: Sí, yo la quería mucho y sufrí mucho su muerte, no como vos que ni siquiera fuiste al entierro, a pesar de que sabías que lo estabas haciendo sufrir a papá.
F: De acuerdo, estuve mal, pero vos sí la querías, ¿no quisiste averiguar por qué comió esas semillas?
E: Una vecina se las recomendó.
F: ¿Te lo dijo ella?
E: ¿Cuándo me lo iba a decir?, si entró a terapia intensiva inconsciente y se murió.
F: Te lo dijo papá, entonces.
E: Sí, lógico.
F: ¿Vos dónde estabas?
E: En el club.
F: Él te llamó del sanatorio y cuando vos llegaste ya estaba en terapia intensiva.
E: ¿A qué viene este interrogatorio?
F: Aunque no lo creas yo le tenía cariño a Adriana, lo que pasó fue que papá me hizo venir rajando de las vacaciones para cumplir con las apariencias y yo me enojé y no fui al entierro, pero también me dolió su muerte. Después la borré, quizás con un poco de culpa, no sé, pero ahora quería saber más, porque uno está bien y de repente comete una equivocación y se muere, es terrible, ¿no?
E: Bueno, ¿querés saber algo más para calmar tu conciencia?
F: ¿Papá no tuvo problemas con la policía?
E: ¿Con la policía?
F: Bueno, no directamente, ¿pero no hicieron averiguaciones sobre quién había sido la vecina?, porque aunque no hubiera tenido la intención fue responsable, ¿no?
E: No, con el que tuvo problemas fue con el pelotudo del cuñado. En medio del entierro tuvieron una discusión terrible, con empujones y todo. Lo que pasa es que el tipo estaba muy caliente contra papá porque Adriana sólo le dejó un departamento en su testamento.
F: ¿Escuchaste lo que le decía?
E: No, estaban alejados de todos, la que a lo mejor escuchó algo fue Lorena, porque corrió a separarlos. (Pausa). Chau, hermanita, espero que tu arrepentimiento sea verdadero.
ESCENA 5
Andrea está sentada en el living leyendo un libro, entra Florencia y se va a sentar directamente junto a ella.
F: Hola, ¿qué estás leyendo?
A (sin levantar la cabeza): Un libro.
F: Ahá, ¿y tiene título? Andrea no contesta. Entiendo que estés enojada conmigo, con Adriana me pasaba lo mismo, pero llegué a quererla. A lo mejor tendría que hacer terapia.
A: Sí, ya lo creo, no te vendría nada mal.
F: Sé que te traté mal muchas veces, pero ahora que te vas a casar con mi papá te pido que me perdones.
A (sonriendo): ¿Me vas a tratar mejor porque voy a ser tu madrastra?
F (sonriendo): Bueno, no exactamente por eso, sino porque me he dado cuenta de que se trata de una relación seria y no un pasatiempo de mi padre.
A: Sorprendente, Florencia, ¡qué cambio! Sin embargo, no te creo, solamente voy a convencerme cuando vea que realmente cambiaste.
F: Tenés razón en dudar, lo que pasa es que ya no soporto verlo a papá enojado conmigo.
A: Bueno, cuando él vea que me tratás bien, se le va a pasar el enojo.
F: ¿Me decís ahora qué libro estás leyendo?
A: Los Borgia.
F: Uy, ¡qué tema!, ¿no? ¿Es un libro de historia?
A: No, es una novela de Mario Puzo.
F: ¿El de El Padrino?
A: ¿Leíste la novela?
F: No, ví las tres películas. Extraordinarias.
A: La novela también es extraordinaria.
F: Veo que hay una continuidad en los gustos, porque los Borgia también eran unos mafiosos, ¿no?
A: Bueno, no exactamente, digamos que utilizaban métodos expeditivos para conseguir sus propósitos.
F (riéndose): Sí, ya lo creo, muy expeditivos, arsénico exprés.
A: No sólo arsénico, también cantarella y belladona.
F: ¿Ricino no?
Pequeña pausa en la que Andrea la escruta.
A: ¿Ricino? Eso es un purgante.
F: Sin embargo, Adriana comió semillas de ricino y se murió.
A: No lo sabía.
F: ¿No te contó papá?
A: Me dijo que había muerto en un accidente, te imaginarás que no es un tema para andar charlando mucho.
F: No, claro, es lógico. Además, ustedes se conocieron como un año después, ¿no?
A: Sí, más o menos. Entra Marcos y se queda paralizado mirándolas. Hola amor, tranquilo, estamos conversando civilizadamente.
M: Caramba, ¡qué sorpresa! Se acerca y les da un beso a ambas. ¡Qué linda sorpresa, ya era hora! Se sienta. ¿Hablaban de cosas de mujeres?
F: ¡Qué machista, papá! Estábamos comentado la novela que está leyendo Andrea.
M: ¿Ah, sí? ¿Cómo se llama, querida?
A: Los Borgia.
M: Los Borgia, una poderosa familia italiana del medioevo, si mal no recuerdo, ¿no?
F: Más bien del Renacimiento, papá.
M: Bueno, ¿Andrea, le comentaste nuestros planes para el casamiento?
A: No, todavía no, podemos hacerlo ahora, ¿tenés tiempo Florencia?
F: Sí, me encantaría escucharlos.
ESCENA 6
Lorena y Florencia están sentadas en el living.
L: No me parece buena idea que hayamos venido acá.
F: Ya te dije que se fueron todos a la quinta.
L: Sí, pero igual me siento incómoda.
F: Y si viniera Emilio, ¿qué?
L: ¿Qué?… ¿va a venir?
F: No, no va a venir, pero algún día se tiene que enterar, ¿no?
L: Sí, pero no en su casa.
F: No sos tan liberada como aparentás.
L: En cambio vos sos más sádica de lo que aparentás.
F: ¡Eh, qué hiriente!, ¿por qué me decís eso?
L: Porque sé que disfrutarías mucho con la humillación de tu hermano.
F: ¿Humillación?
L: Sí, humillación, porque sentiría que una mujer, y para colmo su adorada hermana, le cagó la novia.
F: Mirá vos, no lo había pensado que podría ser así. Ahora que lo decís, lo voy a disfrutar más.
L (levantándose y alejándose): Me molesta mucho que seas así.
F (levantándose y yendo tras ella): No te enojés, Lore, fue un chiste. Mirá, lo que creo es que lo mejor será que vos se lo digas en privado, ¿no? La abraza y la besa. Vení, sentémonos otra vez y contame lo que te dijo tu padre.
Se sientan
L: No, en otro momento, ahora no.
F: ¿Por qué no?, es un buen momento, estamos solas y nadie nos puede interrumpir.
L: Recién me sentí molesta y no quiero que ahora te enojes vos.
F: No me voy a enojar.
L: Cuando hablamos por teléfono te enojaste.
F: Bueno, me sorprendiste más que nada, pero ¿qué fue lo que te dijo tu padre?
Pausa en la que Lorena mira hacia otro lado y luego fijamente a Florencia.
L: Mi padre está convencido de que no existió ninguna vecina, porque su hermana no hacía las compras y de su casa iba a la empresa y volvía en auto y no se trataba con nadie del barrio.
F: O sea, piensa que la mató mi padre. Lorena sigue mirándola fijamente sin hablar. Florencia se para y empieza a caminar por el living. No, no es posible, mi padre la quería mucho a Adriana. Se detiene de golpe. No, no fue mi padre, fue la hija de puta de Andrea la que se lo dijo, ella sí sabía lo de las semillas de ricino.
L (levantándose): Pero vos dijiste que se conocieron después.
F: Tenemos que averiguar si es verdad.
L: ¿Cómo?, si no fue así ninguno de los dos lo va a confesar.
F: No sé, no sé, tiene que haber algún modo.
L: Perdoname Flor, pero si fue así, tu padre la cubrió, ¿por qué dijo lo de una vecina en lugar de Andrea, si se trató de un accidente?
F: Porque eso habría descubierto el hecho de que le era infiel a Adriana y despertado sospechas de conspiración, como lo estás sospechando vos ahora mismo.
L: Y vos también.
F: No, yo no.
L: ¿Ah, no? ¿Y entonces para qué querés descubrir si se conocían desde antes?
F: Para acusarla de asesinato, ¿sabés qué libro está leyendo? Los Borgia, está leyendo ese libro como una provocación, porque se siente muy segura la hija de puta. Tenés que ver la cara que puso cuando le pregunté si los Borgia usaban ricino.
L: Dejá todo como está, Flor, aunque probaras que se conocían desde antes no vas a conseguir nada. Tu padre la va a defender y lo único que vas a conseguir es que te eche de la casa.
F: Estoy segura de que mi padre lo tomó por una equivocación de ella y la cubrió, sí, pero tengo que demostrar que no fue una equivocación, ella sabía de qué se trataba, estoy segura de que sabía.
L: Es muy loco todo lo que decís, me arrepiento de habértelo dicho. No solamente querés descubrir que se conocían desde antes, sino también que ella sabía que las semillas de ricino eran un veneno. Por favor, Flor, recapacitá.
F: Debe estar todo en la compu de ella: los mail con los que se comunicaba con mi padre y la búsqueda de páginas web con lo del ricino.
L: Flor, Flor… es una mina inteligente, mirá si va a dejar toda esa información en su compu.
F: Lo borrado se puede recuperar, si no formateó el disco rígido, lo borrado se puede recuperar, pero yo creo que es tan soberbia que no borró nada, lo debe repasar a menudo para gozar lo astuta que fue. ¿Y sabés qué es lo peor? Lo peor es que algún tiempo después de casarse, cuando mi padre la ponga en el testamento, lo va a matar con algún veneno que ya debe tener preparado.
L: Basta, basta de esta locura, Flor, calmate, vení sentémonos.
La abraza pero Florencia la rechaza.
F: No, no, no me tratés como una loca.
L: Está bien, está bien, pero calmate y sentate.
Se sientan.
F: Ella sale todos los días para hacer compras y para los preparativos de la boda. Tarda varias horas. Deja la compu en el dormitorio, no va a ser difícil.
L: Debe tener una contraseña, Flor.
F: Sí, carajo, es verdad. Bueno, entonces voy a usar la de mi padre que también la deja acá cuando va a la empresa y conozco la contraseña. Por lo menos podré averiguar si se cono-cían desde antes. Ahora se las llevaron a la quinta. (Pausa). ¿Estás conmigo, Lore?, es muy importante tu apoyo para mí.
L: Sí, Flor, sí, estoy con vos.
F: Bueno, vení, subamos que necesito todo tu amor.
Salen abrazadas.
ESCENA 7
Andrea y Marcos están sentados en el living viendo televisión. Se escucha la promoción del musical sobre la vida de Yiya Murano, la envenenadora. Entra Florencia, se detiene y los observa.
F: Hola, papá, ¿me podrías prestar tu compu que la mía se cagó por un virus?
M: Sí, andá, está en el escritorio.
Florencia sale y al rato vuelve con la notebook.
F: Tampoco funciona.
M: ¡Qué raro!, si la usé esta mañana, a ver, ¿pusiste bien la contraseña? Comprueba que no funciona. No entiendo qué pasó.
F: Andrea, ¿me podrías prestar la tuya?
Se la nota vacilante. Marcos la mira.
A (levantándose): Ahora te la traigo.
Sale
F: Estoy segura de que va a tardar un buen rato.
M: No empecés otra vez, por favor.
F: Una pregunta, papá. ¿Por qué dijiste que se habían conocido después de la muerte de Adriana?
M: Porque es la verdad.
F: En tu compu hay intercambios de mails desde antes de esa fecha.
M: Estuviste revisando mi compu.
F: Y ahora Andrea está borrando todo eso junto con las páginas web sobre el ricino. Pero en este pendrive están guardados todos los mails.
M (levantándose): Y yo creí que habías cambiado. Va a servirse una bebida. Pero no, seguís buscando roña.
F: ¿Buscando roña?, no papá, buscando la verdad, ¿por qué lo ocultaste?
M: ¿No es obvio, sabelotodo? Lo oculté porque me dio vergüenza de que se supiera que le era infiel a Adriana.
F: ¿Y lo de la vecina? ¿Por qué inventaste lo de la vecina?
M: ¿Qué? No inventé lo de la vecina.
Florencia se le acerca
F: No hubo tal vecina, ¿no es cierto? Fue Andrea la que lo sugirió, ¿no es cierto, papá? Fue Andrea la que le hizo comer esas semillas venenosas a tu pobre esposa, ¿no es cierto, papá?
M (retrocediendo): Estás loca, estás completamente loca, andate de acá.
F: Andá papá, subí y preguntale qué está borrando de su compu. Andá si tenés el coraje de averiguarlo, ¿o es que vos fuiste su cómplice, papá? Se le acerca y lo toma de los brazos. ¿Fuiste su cómplice, papá? Decime, por favor, que no sabías que las semillas eran venenosas.
M: Ella tampoco lo sabía, ella tampoco lo sabía.
Marcos se tambalea, se agarra el pecho y cae desmayado. Florencia trata de reanimarlo. Se levanta, agarra el celular y llama al SAME.
ESCENA 8
Entran Florencia y Lorena, quien la lleva abrazada. Florencia está vestida de negro. Se sientan. Entran Emilio y Andrea, quien también está vestida de negro. Emilio le habla por lo bajo a Andrea, quien niega con la cabeza, la toma de un brazo y la lleva a sentarse junto las otras dos.
E: ¿Qué fue lo que pasó esa noche, Florencia?
L: No es el momento, Emilio.
E: Vos mejor no te metas. Contestame Florencia, ¿qué le dijiste a papá para que le diera un ataque?
Florencia lo mira y se pone a llorar ocultando su cara con las manos.
A: Vamos Emilio, respetá su dolor.
Al escucharla, Florencia levanta la cabeza.
F: Mejor preguntale a ella qué fue lo que hizo.
Emilio la mira a Andrea.
A: Vamos Emilio, dejémosla sola.
E: No, no voy a dejar que se salga con la suya como siempre. Le venía arruinando la vida al viejo y terminó matándolo. Y ahora llora, lágrimas de cocodrilo son, ¿te sentís culpable, estás arrepentida?, no te creo nada, nada…
A: Vamos Emilio, por favor, no vas a conseguir nada con esto.
F: Preguntale a tu novia si sabía que las semillas de ricino eran venenosas, preguntale.
E (levántandose): ¡Sos una hija de puta!
Andrea lo frena y trata de arrastrarlo.
E: Las dos son una mierda, son dos trolas hijas de puta.
Florencia también se levanta. Lorena la retiene.
F: ¿Lograste borrar la información de tu compu?
A: Estás mal de la cabeza, hacete ver urgente.
Andrea va hacia la salida
E: Esperá Andrea, no te vayas.
F: Andá, correla y preguntale, decile que te muestre la compu y fijate si está formateado el disco duro, y si no lo está buscá en la papelera información sobre el ricino.
E: ¿De qué mierda estás hablando?
F: No hubo ninguna vecina, fue ella la que le dijo a papá que las semillas de ricino le podrían curar el dolor de cabeza a Adriana, y ella sabía que eran venenosas.
E: Sos una enferma, ya no sabés qué inventar para tirarle mierda.
F: Andá, apurate, pedile la compu, andá, demostrame que estoy equivocada.
E: No voy a pedirle nada, quedate sola en la casa, ya no te aguanto más, acá hay una única envenenadora y sos vos.
Emilio sale. Lorena logra que Florencia vuelva a sentarse.
L: Calmate, Flor, por favor, ya está, no vamos a poder hacer nada más.
F: ¿Por qué, no? Puedo hacer una denuncia y lograr que le confisquen la compu.
L: Y si se encontrara esa información, ¿cómo vas a demostrar que fue ella la que le dijo eso a tu viejo? No hay forma, amor, nadie podría acusarla.
F: Las últimas palabras de mi padre fueron “ella no lo sabía”, con lo cual reconoció que fue Andrea quien se lo dijo, no una vecina.
L: De acuerdo, pero está muerto.
F: Pero yo no, yo podría atestiguar.
L: Y terminarías siendo acusada vos, Emilio atestiguaría que la odiabas a Adriana y también a Andrea. ¿No te das cuenta?
Suena el celular de Florencia.
F: Hola, otra vez usted Ferreyra, que tipo desubicado que es (pausa), sí, ya me lo dijo en el entierro (pausa), va a tener que esperar, no se da cuenta que no puedo firmar (pausa), ¿qué?, eso no lo voy a hacer Ferreyra (pausa), me importa un carajo, que se vaya el negocio a la mierda. Corta.
L: ¿Quién era?
F: El gerente general de la empresa. Quiere que yo firme un compromiso de que aceptaré firmar un contrato cuando esté hecha la sucesión, para que la otra parte acepte una demora.
L: Pero una sucesión puede durar años.
F: Me aseguró que en un caso así un juez puede hacerlo rápido. Pero qué me importa, mirá si me voy involucrar ahora en una cosa así, con lo poco que siempre me importó la empresa. No sé por qué no lo busca a Emilio, él iba bastante seguido.
Aparecen Emilio y Andrea cargando unas valijas.
E: Conseguite un abogado, voy a pelearte hasta el último centavo que haya dejado papá.
Salen
F: Ahí lo tenés, el sucesor ideal.
L: La hija de puta es muy hábil, muerto el rey se queda con el príncipe heredero.
F: ¿Y vos no te quedás con la princesa heredera?
L: Claro que sí.
Se abrazan.