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Escritos de narrativa, teatro y análisis

Ciencia y Tecnología

Introducción

Los conocimientos primitivos que dieron posteriormente origen a las Ciencias Exactas y Naturales (CEN) surgieron a partir de la necesidad del ser humano de conocer la naturaleza para transformar la realidad en la lucha por la reproducción de su existencia.

         Sin embargo, es necesario darle a esta afirmación genérica su carácter específico para no tergiversar la realidad. Durante el proceso histórico de la creciente complejidad de las sociedades, la fuerza impulsora de la transformación de la realidad no estuvo originada en la sociedad como un conjunto, sino en la clase dominante, con su consiguiente aprovechamiento fundamental de los conocimientos generados. La explosión en el desarrollo de las CEN se produce, precisamente, durante los dos siglos de gestación y afianzamiento de la burgue-sía como clase dominante en Europa: siglos XVII y XVIII.

         Los científicos que enunciaron las leyes fundamentales de las CEN y generaron los inventos que constituyen los pilares del desarrollo económico mundial del capitalismo no eran burgueses en su mayoría, ni el objetivo de sus investigaciones estaba dirigido deliberadamente al beneficio de la burguesía. Sin embargo, las condiciones económico-sociales existentes generaban un tremendo impulso en esa dirección.

La expoliación de las riquezas de América financió el desarrollo de las burguesías inglesas y francesas, especialmente, y fue ese excedente el que potenció el crecimiento y expansión de las universidades por toda Europa. Esa clase, que era revolucionaria frente al orden monárquico-clerical, impregnó con sus ansias de crecimiento la enseñanza aristotélica de las ciencias en las universidades, dándole una nueva dimensión libertaria, un vibrante empuje totalizador al deseo de aumentar los conocimientos.

         Más allá de las intenciones de los científicos, el desarrollo de las CEN estuvo subordinado a los intereses de la burguesía desde su mismo comienzo. Tras la apariencia de la libertad académica, yacía la esencia del fenómeno, la idea fundamental de la burguesía: la colectivización en la producción de los conocimientos, pero la privatización de su aprovechamiento

         En realidad, entre los investigadores de las CEN y la burguesía se estableció una relación dialéctica en la cual, la eficacia en el aprovechamiento de los descubrimientos generó nuevos ímpetus sobre las ciencias, lo que a su vez permitió un mayor crecimiento de la burguesía.

         Bajo estos conceptos, no es difícil entender, entonces, por qué en un país dependiente el desarrollo de las CEN está muy condicionado. La inexistencia de una burguesía como clase dominante transforma a las CEN en una grotesca imitación de lo que son para los países dominantes, la base para el crecimiento de sus burguesías. Debido a la falsedad ideológica de concebir a las CEN como un patrimonio universal, los países dominados pretenden reproducir el esquema de los países dominantes, lo cual constituye una flagrante contradicción: lo único que les interesa a las clases dominantes es aportar solamente los fondos necesarios para la formación de investigadores que puedan ser aprovechados por los países dominantes.

Por consiguiente, es ilusorio creer que un Estado dirigido por las clases dominantes de un país dependiente, por más que contenga a las instituciones dedicadas a la investigación en CEN, elabore una política en Ciencia y Tecnología que sirva a los intereses del pueblo como objetivo fundamental. (De ahora en adelante se llamará pueblo al conjunto de las clases dominadas, excluyendo del mismo a las clases dominantes: burguesía intermediaria, banqueros y terratenientes.)

En Argentina se vive claramente, a partir del 20/12/01, una situación que Gramsci denominó “crisis orgánica”: si bien las clases dominantes controlan los instrumentos fundamentales del poder, no pueden aplicar políticas que respondan sólo a sus intereses y, por otra parte., aunque la mayoría del pueblo no reconoce la legitimidad de la autoridad de sus representantes, tampoco tiene la organización y la fuerza suficientes como para desalojarlos del poder. En este sentido, todas las luchas que se libran en los planos culturales, sociales, políticos e ideológicos apuntan en la misma dirección, más allá de la voluntad o conciencia de sus protagonistas: la consolidación de un contrapoder que crezca y derrote a las clases dominantes.  

Por esta razón, es necesario dar en el área de Ciencia y Tecnología tres luchas simultáneas: ideológica, económica y política, sin perder de vista que sólo el triunfo de la revolución podrá cambiar profundamente las condiciones para que puedan generarse políticas que estén al servicio del pueblo, en lugar de las clases dominantes.

En lo ideológico, la lucha es contra la concepción dominante de la Ciencia como una manifestación libre de la creatividad al servicio de la humanidad. En lo económico, es necesario una lucha reivindicativa por aumento de salarios y del magro presupuesto para el área, Y en lo político, hay que luchar por la generación de una Planificación que ligue a las CEN con la Tecnología en las áreas que sean prioritarias para los intereses del pueblo.

Relación entre Ciencia y Tecnología

Hace cerca de veinte años, Manuel Sadosky, matemático de gran y merecido prestigio, en aquel entonces secretario de Ciencia y Tecnología de Alfonsín, resaltaba, como algo positivo, que había una gran cantidad de científicos argentinos en el extranjero. Su regocijo se debía a que eso revelaba el elevado nivel de formación científica con el que contaba nuestro país.

         Podría decirse que la utilización de esa referencia para mostrar el nivel de formación es adecuada porque, indudablemente, en el extranjero – y como extranjero se refería lógicamente a los países de alto nivel tecnológico- no aceptarían científicos de bajo nivel.

         Sin embargo, esa apreciación de Sadosky muestra mucho más que una correcta evaluación de capacidades. Es una clara y contundente revelación de la concepción dominante sobre la Ciencia que está profundamente arraigada en nuestro país.

         Si esto no fuera así, la frase de Sadosky debería haberse completado diciendo que esa gran cantidad de científicos en el extranjero, que ha costado mucho dinero en formación, está generando conocimientos para que esos países los aprovechen y sigan manteniendo una relación de intercambio tecnología/materias primas que es altamente desfavorable para nuestro país. O sea, esa exaltación de la “excelencia” es doblemente perjudicial.

         El carácter de la Ciencia como una manifestación libre de la creatividad humana es lo que está en la base de esta concepción. La Ciencia sería un sacerdocio al que los científicos se entregarían libremente para conformar a nivel mundial la casta responsable del indefinido progreso humano. En esta concepción no existen países dominantes y países dominados, sino países desarrollados y subdesarrollados, los cuales podrían transformarse en desarrollados si sus gobiernos fueran mejores.

         “No hay peor ciego que el que no quiere ver”, dice el conocido refrán. La realidad muestra día a día el uso de la tecnología como una herramienta de penetración y dominio. La soja transgénica, la biotecnología con los fármacos genéticos, sumado a la evolución permanente en hardware y software, en el marco de las exigencias de patentamiento y consecuente privatización de los conocimientos, constituyen los ejemplos más significativos de la instrumentación de la tecnología para generar mayor dependencia económica.

         Indudablemente, el desarrollo de la Tecnología está basado en la Ciencia, más concretamente, en la Investigación Básica. De allí parten los conocimientos que luego servirán, mediante la Investigación Tecnológica y la Ingeniería, para desarrollar nuevas tecnologías. Sin embargo, tomar como ejemplo a los países que ya han alcanzado un alto nivel tecnológico para defender a la concepción de la Ciencia anteriormente descripta es, por lo menos, de una ingenuidad alarmante.

Planificación

Argentina debería concentrar sus recursos humanos y económicos (con un aumento considerable del presupuesto para CyT , porque menos del 1% del PB es una condena a seguir siendo, fundamentalmente, un país productor de materias primas) en la Investigación Tecnológica y la Ingeniería para copiar y desarrollar tecnologías en las áreas que sean prioritarias para los intereses del pueblo. Como tales, debe entenderse aquéllas que cumplen determinados requisitos: 1) contribuyen a mejorar la alimentación, salud y educación del pueblo y 2) la sustitución de la tecnología provocaría un ahorro considerable de divisas (copia) o su desarrollo abre un mercado de competitividad mundial.

En su gran mayoría, los conocimientos básicos ya existen y han sido publicados y, para saber cuáles no, es necesario hacer Investigación Tecnológica e Ingeniería para conocer las carencias. De lo contrario, se está siguiendo las tendencias de los países dominantes, en lugar de lo que exige la tecnología que se quiere copiar o desarrollar. Por ejemplo, puede ser muy útil para los países dominantes la Investigación Básica sobre “spintronic” para el desarrollo de las computadoras cuánticas, pero esto es de imposible concreción tecnológica en nuestro país.

         Esto no quiere decir que la Investigación Básica no deba jugar un papel relevante. Su función formadora en el método científico es indispensable para que los nuevos investigadores pasen a dedicarse posteriormente a la Investigación Tecnológica con la capacitación adecuada. Incluso, los contactos internacionales y las estadías en el extranjero deben mantenerse, pero lo que no debería suceder es que se siga formando investigadores para que se vayan al extranjero o permanezcan en el país formando nuevos investigadores para reproducir el círculo vicioso. Utilizando una metáfora deportiva, se puede decir que la situación es equivalente a la de jugadores que entrenan permanentemente sin poder entrar nunca a la cancha a jugar.

Sin embargo, atribuir la responsabilidad de la situación a los investigadores que se insertan en el sistema con el único afán de trabajar en lo que fueron formados, es confundir víctimas con victimarios. La responsabilidad del “cientificismo” es del sistema. En todo caso, “cientificistas” son las autoridades del mismo que mantienen la situación actual, no los investigadores que trabajan en él. Es más fácil y menos “costoso” distribuir los escasos recursos existentes en la Investigación Básica, bajo el lema de la “excelencia”, que encarar la Investigación Tecnológica que requiere una inversión muy superior a la anterior.

         La herramienta que permitiría reorganizar el sistema de CyT es la Planificación. Hoy en día, se considera que la Planificación consiste en entregar fondos a proyectos y hacer un tibio control de gestión al finalizar los mismos. Eso no alcanza. La Planificación debería comenzar desde la misma formación básica de los investigadores. La elección de los temas debería estar estrechamente vinculada con las áreas prioritarias en las cuáles se quiere copiar y desarrollar tecnología, y el número de investigadores correspondiente debería ser el mismo que el número de puestos de trabajo en Investigación Tecnológica que se ha establecido para cada proyecto. Esto lo debe hacer el Estado, lógicamente, con una inversión muy superior a la actual. La experiencia indica que la inversión privada, en un país dependiente, desvía la investigación para sus propios intereses económicos.