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Escritos de narrativa, teatro y análisis

Coliseos

¿Es posible que puedan reaparecer los Coliseos romanos y que miles de personas asistan a la muerte de otras, asesinadas en combates o devoradas por fieras? La pregunta, por irritante que parezca, encierra en realidad otra, cuya respuesta abriría la puerta al análisis del anterior interrogante, y es la siguiente: ¿qué les pasaba a las multitudes que asistían a esas carnicerías horrendas para disfrutar de su ocio? ¿Se hallaban moralmente embrutecidas por el régimen en que vivían y a lo largo de los últimos dos milenios hubo una elevación de la conciencia moral que torna imposibles la realización de esos eventos? Por decirlo de otra manera, ¿qué pasaría si hoy en algún país se legislara a favor de nuevos Coliseos?; ¿asistirían multitudes a ver la muerte de combatientes que voluntariamente corrieran ese riesgo para alcanzar fama y dinero? ¿Están muy lejos los combates de “full-contact” en los que los luchadores se golpean salvajemente hasta terminar ensangrentados? No se llega hasta la muerte de uno de ellos para declarar un vencedor, ¿pero eso separa mucho a las multitudes romanas de las audiencias televisivas? ¿Cuán delgada es la interfaz que separa al “deseo de daño” del “deseo de muerte” de uno de los contrincantes?

         En el imperio romano, existía la concepción unánime de que existían dos clases de seres humanos: los ciudadanos romanos y el resto. Los que constituían esta última estaban muy abajo en la escala de jerarquía humana y podían ser esclavizados o asesinados sin infringir la ley ni la conciencia moral. Ese marco ideológico habilitaba la existencia de los Coliseos, les daba a las multitudes la excusa necesaria para descargar su sadismo sin culpas. Porque de eso se trata, el placer de ver o ejercer el daño que una persona le causa a otra se llama sadismo y es la característica distintiva de una única especie entre todas las que habitan el planeta: el homo sapiens.

         Cuando soldados norteamericanos, criados y educados en una civilización cristiana de amor y respeto al prójimo, cometieron las atrocidades conocidas durante la invasión a Irak, ¿qué estaban sintiendo? ¿Fueron sólo unos pocos casos repudiados por la mayoría o se trató de una práctica que ejecutó una pequeña minoría consentida por la gran mayoría? ¿En qué escala humana ubicaban a esos incultos musulmanes que se atrevían a resistir a su invasión liberadora del tirano? Generalizando, ¿qué diferencia hay entre lo que sentían las multitudes romanas en los Coliseos y lo que sienten los soldados en una guerra? Muy pequeña, están los unos y los otros, y ambos bandos necesitan del sadismo para poder matar sin culpa, porque los otros se lo merecen por no pertenecer a los unos. La guerra elimina el marco legal que rige el comportamiento humano en las sociedades, hay que matar al enemigo y los argumentos que lo justifican pueden ser muy variados, pero en el campo de batalla, en el momento de disparar y ver caer al cuerpo o ver despedazados los cuerpos por el efecto de las bombas, lo que prevalece es el placer de ver muerto al enemigo, la descarga sádica domina el sentimiento, y es ampliamente mayoritaria.