La pandemia ha generado que algunos pensadores emitan sus opiniones sobre sus consecuencias sociopolíticas. Para algunos se producirían cambios en los que la mayoría de las poblaciones se darían cuenta de la importancia del Estado para regular la vida en sociedad. Para otros, en cambio, el resultado post-pandemia sería el de una mayor concentración económica en manos de algunas corporaciones, con su consecuente aumento de la desigualdad.
En principio, pareciera que existe un desfasaje temporal entre ambas opiniones. Los primeros consideran que la evidente intervención estatal para salvar bancos y corporaciones y paliar también la situación de los más pobres, produciría una toma de conciencia mediante la cual, en las futuras elecciones, las mayorías apoyarían a partidos que propusieran una mayor intervención estatal. En cambio, los segundos analizan económicamente lo que está sucediendo y opinan que quienes se están beneficiando con las caídas de las acciones, fundamentalmente, son aquellos que se han quedado con dinero en efectivo en los paraísos fiscales. Es decir, los primeros son optimistas hacia el futuro, mientras que los segundos son realistas en el presente.
Este último tema merece un párrafo aparte. Se sabe que el valor de la deuda mundial en papeles (títulos y bonos) supera en un gran porcentaje a todos los PBI del mundo. Esto quiere decir que existe una diferencia entre lo que se invirtió en papeles y lo que se produjo en bienes y servicios con ese dinero. ¿Dónde está esa diferencia? En Argentina lo hemos aprendido dolorosamente. La fugaron a los paraísos fiscales que hipócritamente mantienen los países más desarrollados económicamente.
Es posible ahora pasar a analizar la opinión de los optimistas. ¿Cuál es la idea fundamental sobre la que está basada la democracia de los sistemas capitalistas occidentales? Se expresa de dos maneras: “cualquiera que tenga inteligencia y se esfuerce lo suficiente puede volverse rico” y, en una versión más popular, “cualquiera que se esfuerce lo suficiente puede mejorar su condición social”. Lo que está sobreentendido en ambas es que existen igualdad de posibilidades para todo el mundo. Sin embargo, aunque la mayoría de las poblaciones mundiales lo cree, sabemos que esto no es así. ¿Qué es lo que ha dicho el sistema, a través de sus medios de difusión, en forma permanente sobre la intervención del Estado? Sí, eso que en Argentina lo veníamos escuchando y padeciendo muy recientemente: “hay que achicar al Estado para agrandar la Nación”. Entonces, surgen dos preguntas: 1) ¿aparecerán partidos que digan explícitamente que el Estado debe crear las condiciones para que haya igualdad de posibilidades para todos? y 2) ¿cuál es la probabilidad de que la mayoría de las poblaciones que han estado viviendo bajo esos gobiernos neoliberales vayan a votar a partidos que propongan eso cuando toda su vida han creído otra cosa?