En términos generales es posible decir que la objetividad está siempre impregnada de subjetividad porque tiene que ver con la percepción de la realidad efectuada por un sujeto. Sin embargo, cuando se habla de condiciones objetivas, es decir, de un conjunto de hechos que determinan la realidad y son fácilmente verificables por numerosos sujetos, la objetividad alcanza una categoría incontrastable. En este caso, la subjetividad no se manifiesta en la percepción de la realidad, sino en la interpretación de las causas que generan esas condiciones. Es en ese aspecto donde la prédica de los medios hegemónicos crea una subjetividad que interpreta la realidad de una manera que favorece al Poder Económico, en contra de los propios intereses de los damnificados por esas condiciones objetivas.
En numerosos artículos y libros se resalta el poder de los medios para crear subjetividad, pero no se hace el mismo énfasis en la necesidad de que no podría tener éxito sin la existencia de esas condiciones objetivas. Es decir, si no existiera una insatisfacción general en las condiciones de vida, el Poder Económico no podría distorsionar la realidad a través de una interpretación que desviara las causas hacia otros factores que no fueran la verdadera causa: el gigantesco enriquecimiento de los ricos a costa del creciente empobrecimiento de la mayoría de la población.
Esto sucede en todo el mundo occidental, pero puede tomarse el caso concreto de Argentina para aclarar los conceptos. En el 2015, existían dos factores que perjudicaban el nivel de vida de la población: la inflación creciente y el pago del mal llamado impuesto a las ganancias sobre los salarios de un significativo número de trabajadores. La interpretación dominante del Poder Económico era que la causa fundamental de ese deterioro radicaba en la corrupción del Gobierno que dilapidaba el dinero del pueblo. El antiperonismo histórico no necesitaba esa interpretación para estar en contra, pero existió un porcentaje decisivo de la población que le creyó y votó a Macri. Esto no podría haber ocurrido si no hubieran existido esas condiciones objetivas mencionadas.
Lo mismo ha sucedido con el triunfo de Milei, porque la gran inflación creciente del gobierno del Frente de Todos creó las condiciones objetivas para que la prédica individualista y desorbitada de un personaje extravagante, aumentada y favorecida por el Poder Económico a través de los medios hegemónicos, convenciera a ese porcentaje fluctuante de la población que decide las elecciones.
Es necesario agregar algo más. Se ha mencionado a las condiciones objetivas como condición necesaria para que el Poder Económico cree las subjetividades necesarias para imponer su modelo. Sin embargo, hay un elemento adicional que debe tenerse en cuenta: la falta de conocimientos para interpretar la realidad correctamente y no ser víctimas de una prédica engañosa. Esos conocimientos se adquieren a través del estudio de cómo funciona la economía y de una práctica política basada en la discusión permanente de los hechos. En ese sentido, el Poder Económico ha hecho grandes esfuerzos para desprestigiar a la política y su prédica ha tenido éxito en un porcentaje amplio de la población. Es justo decir también que el Peronismo no ha hecho los esfuerzos necesarios para contrarrestar esa prédica. La bonanza económica en los primeros cinco años del kirchnerismo, sumada a la tradición peronista de cultivar una fe ciega en las palabras del líder, han contribuido para ello. No alcanza con promover una batalla cultural con ideas de solidaridad que se opongan al individualismo como “la patria es el otro”.
Para concluir: condiciones objetivas de insatisfacción popular, sumadas a la interpretación sesgada del Poder Económico y a la insuficiente formación política, constituyen un combo terrible para seguir profundizando el deterioro de vida de la mayoría de la población.