La escalera del “ascenso social” tiene a los ricos en su cúspide

Antes y después de la última marcha universitaria contra el gobierno de Milei, que sigue violando la Constitución, se habló y escribió en muchos medios acerca del título universitario como un recurso importante para el “ascenso social”. Si bien es cierto que es una de las motivaciones populares para cursar una carrera, su mención solitaria sin ningún otro agregado revela el trasfondo de una realidad lamentable: ascenso social significa mayores ingresos. Es decir, se trata del ascenso en una escala jerárquica en cuya cúspide están los ricos. Es muy significativo que no se hable de “movilidad social”, que sería más representativo de la realidad porque describe el hecho de que cierto número de personas puede aumentar sus ingresos y pasar a otro estrato social (por ejemplo con un título universitario). Sin embargo, la repetición del significante “ascenso social” como cualidad representativa de un gobierno popular, esconde la trama invisible que da origen a la cohesión social: la hegemonía
Hegemonía
Siempre ha sucedido, a través de toda la historia, que la estabilidad de una organización social está basada, fundamentalmente, en la ideología, ese elemento intangible que hace posible que las personas acepten estar distribuidas en una pirámide jerárquica de ingresos. Es cierto que también siempre ha existido un aparato represivo que generalmente logró impedir el éxito de insurrecciones cuando la desigualdad hubiera alcanzado niveles insoportables. Sin embargo, el hecho de que siempre existiera una parte de la población que aceptara el derecho de la élite a quedarse con la mayor parte de la riqueza generada, es una demostración inequívoca de que la hegemonía (ideología dominante) ha sido el factor más importante para mantener el esquema piramidal de dominación.
Esta hegemonía consiste, esencialmente, en el reconocimiento, por parte de la mayoría de la población, de la superioridad de la élite. En la Edad Media la nobleza, hoy los ricos, con la particularidad de que, mientras en el feudalismo el “ascenso social” era imposible, en el capitalismo constituye la base de la hegemonía. En la siguiente figura se muestra un esquema de los estamentos que existían durante el feudalismo.

Reconocimiento
El reconocimiento está asociado al mérito. En los grupos humanos de cazadores-recolectores, el reconocimiento de sus líderes estaba basado en la mayor capacidad de los mismos para ofrecer seguridad física y alimentaria. Es decir, se trataba de un mérito social. A partir de la aparición de las civilizaciones, el mérito de las élites perdió su carácter inicial y se transformó, en primer lugar, en uno de carácter religioso por ser ellas quienes garantizaban la unidad de los pueblos amparadas por el derecho divino.
A partir del Capitalismo, el mérito sufrió una drástica transformación: la religión fue reemplazada por el dinero. Al crear la ficción de la libre posibilidad del ascenso social para todos, el lucro fue el motor de vida generalizado. Como consecuencia, la mayoría de las poblaciones actuales admiran a quienes están en la cúspide de la pirámide, porque todos quieren ser como ellos.

Movilidad social
En la figura anterior se muestra un esquema de los estratos por ingresos que existen en la mayoría de las sociedades capitalistas. Los montos se refieren a junio del 2026 en Argentina y sirven, lógicamente, sólo como una referencia comparativa, ya que se modifican mensualmente. Anteriormente fue mencionado que el término que debería usarse para describir la posibilidad de pasar de un estrato a otro es “movilidad social” y no “ascenso social”, Podría discutirse que se trataría de una diferencia semántica menor, ya que ambos involucran un aumento de ingresos. Sin embargo, además de la connotación jeráquica que el “ascenso” es hacia la cúspide de los ricos, existe otra posibilidad que el término “movilidad” contempla con claridad. La movilidad puede ser ascendente o descendente, como se está verificando actualmente con la clase media. Los gobiernos populares han logrado que algunas veces pudiera pasarse de la Clase Baja Superior a la Clase Media Baja y de ésta a la Clase Media Alta, pero es poco probable que fuera posible el pasaje de la Clase Baja a la Superior y de la Clase Media Alta a la cúspide, la Clase Alta. Para ambos estratos, la única posibilidad es siempre descendente y, en particular, para la Clase Baja es la indigencia,
Desigualdad
La influencia actual de los grandes medios de difusión apunta en esa dirección. La gran profusión de la propaganda exalta al creciente consumo de bienes materiales, supuestamente, sólo alcanzable por el esfuerzo individual para alcanzar el ascenso social, en el marco de referencias a quienes se transformaron en los más ricos del mundo.

La desigualdad de ingresos alcanza límites obscenos, porque el nivel de riqueza de la élite mundial de las empresas digitales creció, a partir de la pandemia, a una velocidad vertiginosa, aspirando los ingresos de amplios sectores de la población mundial.
La influencia de las empresas digitales en el fortalecimiento de la hegemonía es un hecho comprobado, que ha resultado en una consolidación de la concepción meritocrática del ascenso social. Este hecho, sumado a la incapacidad de los gobiernos progresistas para enfrentar a los poderes económicos y satisfacer la necesidades básica de la mayoría de la población, son los responsables del crecimiento de la ola derechista a nivel mundial, que se viene manifestando con la alternancia de gobiernos de esa característica con otros que pretenden cambiar la distribución desigual de la riqueza, quedando en cada vuelta un residuo tóxico que se hace cada vez más difícil de revertir. Países como Chile, Bolivia, Perú, Brasil, Ecuador y Argentina, son claros y lamentables ejemplos de lo anterior.
Tipo de méritos
Todas las personas buscamos reconocimiento social por nuestros méritos personales. La cuestión fundamental es qué tipo de méritos tiene más predicamento en la sociedad. A juzgar por lo que sucede mayoritariamente, cualquiera de los milmillonarios del mundo genera más admiración y respeto que, por ejemplo, un investigador que haya logrado notorios avances en la lucha contra el cáncer. Eso constituye un cotundente ejemplo del significado de “ascenso social”.
La obtención de un título universitario abre la posibilidad de trabajar en una actividad que sea del agrado de la persona, o sea, es una realización personal de carácter espiritual, que puede representar mayores ingresos que un trabajo común, pero que no dejará de ser esencialmente eso, la de poder disfrutar del trabajo.
Cuando se habla de “ascenso social” relacionado con la universidad, se desconoce lo esencial y se induce a enfatizar que el único mérito que importa es la riqueza. ”Tanto tienes tanto vales” dice con sabiduría la poesía “Profecía” de Rafael de León.
En este mundo capitalista, globalizado y mercantilizado al extremo, no es de extrañar que suceda esto. Sin embargo, además de las múltiples luchas políticas y económicas existentes, no habría que soslayar esta lucha de carácter ideológico. El mérito que debería tener mayor reconocimiento es aquel que pasa de ser individual a social, es decir, que brinda beneficios a la sociedad y que, por lo tanto, la cumulación de riqueza no debería ser considerada ni siquiera un mérito individual. De esta manera, el concepto de ascenso social quedaría asociado a mayor mérito social.
Conclusión
La lucha ideológica contra la concepción dominante del “ascenso social” es inseparable de la lucha política contra el Poder Económico. Es imposible suponer una mejor distribución de la riqueza si no se la asocia con un enfrentamiento contra ese poder, algo impensable mientras la hegemonía siga basada en una jerarquía social, aceptada por una gran mayorla, que tiene a los ricos en su cúspide. De lo contrario, los gobiernos populares siempre quedarán presos de sus contradicciones: mejorar la distribución de la riqueza sin enfrentar a los ricos.