Skip to content

Escritos de narrativa, teatro y análisis

Crítica a la guerrilla

La atrocidad de las violaciones a los Derechos Humanos cometidas durante la última dictadura cívico-militar, ha creado una barrera aparentemente insalvable para la crítica al accionar de la guerrilla durante el Gobierno surgido en 1973.

            En las posiciones de los organismos de DD.HH. no se hace discriminaciones entre quienes pertenecían a la guerrilla y quienes militaban en diversas organizaciones estudiantiles, gremiales y políticas que no acordaban con su accionar, pero que igualmente luchaban por la Justicia Social. Es entendible que sea así porque la dictadura los igualó frente al horror de las violaciones cometidas.

            Entre los 30.000 desaparecidos, sólo un porcentaje de alrededor del 15%, como estimación máxima, pertenecía a la guerrilla. Sin embargo, la campaña que pretende justificar a la dictadura, incrementada durante este desgobierno, engloba a todos los militantes desaparecidos como si hubieran sido guerrilleros, lo que le permite concluir que hubo una “guerra sucia”, o en su versión más edulcorada, la “teoría de los dos demonios”.

Pareciera que cualquier cuestionamiento al accionar de la guerrilla pudiera implicar un apoyo tácito a esta campaña que sirve para justificar la tortura, la desaparición de militantes y el robo de bebés.

Sin embargo, al acallar las diferencias ideológicas y  políticas entre la guerrilla y el resto de las organizaciones, lo que se está haciendo, impensadamente, es aceptar la posición de la campaña “negacionista”.

La guerrilla surge en Argentina en 1959 y se intensifica durante el período 1966-1973. Durante aquellos años, la lucha armada contra una dictadura estaba legitimada por la mayoría del pueblo como un recurso político para lograr la recuperación de la democracia. La continuidad de su accionar a partir de 1973 fue una demostración de su militarismo mesiánico y antipopular que la aisló de las grandes masas y le dio una excusa a las clases dominantes para que dieran el golpe de estado, cuyo objetivo fundamental no fue aniquilar a la guerrilla, sino aplastar a la creciente lucha obrera y popular que les impedía imponer el plan entreguista y hambreador de Martínez de Hoz.

Reivindicar el carácter heroico de todos los militantes desaparecidos, pero al mismo tiempo criticar a la guerrilla como una metodología equivocada, sería la forma correcta de salir de la trampa “negacionista”, poniendo de manifiesto que el 85% de los desaparecidos no participaba de la misma.