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Escritos de narrativa, teatro y análisis

Crítica inesperada

En el diario barrial, apareció el siguiente artículo de su editor, Martín Lar.

 “El concepto “derecha” surge, como es bien conocido, de la posición que ocupaban una parte de sus miembros en la Asamblea Constituyente de 1789 en Francia; quienes se ubicaban a la derecha de la presidencia resistían cualquier cambio que modificara la situación social y política, por oposición a quienes, a la izquierda, proponían todo lo contrario.

            En términos generales, estos dos conceptos, “izquierda” y “derecha” son fácilmente asimilables a posiciones políticas, discursos o declaraciones pero, tanto en nuestro país como en el resto del mundo, no existen partidos políticos que enarbolen banderas conservadoras del status-quo en bases programáticas que usen para fines electorales.

            Por el contrario, la derecha en este capitalismo mundial globalizado adopta la forma cultural de la medusa mediática con sus infinitos tentáculos de penetración de ideas opuestas a la mera existencia de antagonismos que cuestionen a la única realidad posible: se acabaron las ideologías, no hay más lucha de clases, los conceptos “izquierda” y “derecha” son anacrónicos.

            La derecha actual no necesita de partidos políticos que intente seducir a la población con latiguillos como “orden y progreso”, porque logra su objetivo a través del dominio de los grandes medios de comunicación que definen lo que hay que ver, cómo verlo y las conclusiones que deben obtenerse del análisis de la realidad.

            Es una inmensa operatoria cultural que tiene uno de sus pilares en la sistemática campaña en contra de la política, entendida ésta como el accionar de los políticos y no como lo que verdaderamente es: la actividad humana destinada a ordenar la vida social sobre bases justas y equitativas. Al relacionarla exclusivamente con los políticos, dada la consabida lista de sus  corrupciones y errores, se pretende el objetivo –y lamentablemente se lo está logrando aceleradamente – que la población adquiera la falsa concepción que lo que necesita la “cosa pública” es un gerenciamiento eficiente. La reciente victoria de Macri en la ciudad de Buenos Aires es un claro ejemplo de lo mencionado.

            La mezcla magmática de conceptos, bajo el paraguas de la desaparición de las ideologías, ha obtenido un reciente ejemplo mediático en el discurso de Eduardo Buzzi, en el exultante palco “patriótico” del 25 de mayo, cuando al lado de Miguens y Llambías, conocidos representantes de los terratenientes, atacó las retenciones como medio de redistribuir la riqueza y fue capaz de hablar de la reestatización de YPF y propagandizar la política de Evo Morales.

Todo es igual, “la Biblia junto al calefón”, todo es posible, basta la irrupción mediática de expositores carismáticos frente a las cámaras para que la platea adhiera a aquello que más le interese del menú. No existe ningún sentido trascendente detrás de las ideas, lo efímero es ley.

            Nada escapa a la operatoria mediática. El ciudadano, en cuanto sujeto político, se traviste en un libre consumidor que exige eficiencia detrás del mostrador y considera que las inversiones sociales del Estado son un gasto innecesario y los subsidios a las empresas privadas son inversiones productivas.

            La clase media, lógicamente, es la que ha sido más permeable a estos conceptos neoconservadores y caracteriza a la pobreza como una amenaza de violencia, a las organizaciones sindicales como cuna de matones y al hambre como una herramienta de propaganda política.

            Es en este contexto aterrador que los patrones del campo utilizan los medios masivos y afines para identificar sus intereses con los del todo y enarbolan sus escarapelas y banderas para intentar que germinen las semillas de la patria agroexportadora.”