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Escritos de narrativa, teatro y análisis

Crónica de la barbarie

El gobierno de Macri, en su intento de descomprimir la situación social y dividir al movimiento obrero, llamó a una reunión a dirigentes gremiales de los  4 sectores más perjudicados por las importaciones indiscriminadas: Metalúrgicos, Textiles, Calzado y Ceramistas.

Por parte del Gobierno asistieron el ministro de Trabajo, Triaca, el ministro de la Producción, Cabrera, el vicejefe de Gabinete, Quintana y un grupo de asesores. Los sindicalistas también fueron acompañados por su grupo de asesores.

La reunión comenzó en un clima de cordialidad, probablemente como inercia de las sonrisas exhibidas frente a las fotos periodísticas.      Tomó la palabra Triaca para decirles que el Gobierno estaba dispuesto a escuchar todas las opiniones y quejas que tuvieran cada uno de los sectores. La reacción sindical fue de un estupor indisimulado.

̶  Creíamos que nos habían convocado para anunciarnos que paraban con las importaciones  ̶  dijo el atribulado dirigente de los textiles.

̶  Las importaciones forman parte de una política económica global del Gobierno que tiene por objeto abaratar los precios de los bienes para beneficio de toda la población  ̶  dijo Triaca.

̶  Sí, a costa de miles de despidos en nuestros sectores  ̶  dijo el dirigente de los trabajadores del calzado  ̶  en un tono más elevado que no pudo reprimir, a pesar de las recomendaciones que había recibido de su asesor legal.

̶  Los despidos no son responsabilidad del Gobierno, sino de los empresarios que no han sabido adecuar su infraestructura para ser competitivos en un mundo globalizado.

̶  Con todo respeto, señor ministro  ̶  dijo el dirigente de los metalúrgicos irguiéndose ligeramente en la silla  ̶  lo que usted está diciendo es que nuestros salarios son demasiado altos, ¿no?

Se produjo una pequeña pausa en la que Cabrera, que estaba sentado a la derecha de Triaca, le pasó un papelito escrito por un asesor sentado al lado de Cabrera. Triaca le echó una rápida mirada y contestó:

̶  De ninguna manera estoy afirmando eso, en la fijación del precio de la mercadería hay muchos otros factores de vital importancia, como por ejemplo, la obsolescencia o no de la maquinaria.

̶  En tal caso, deberían hablar con los empresarios, darles créditos para que renueven sus maquinarias, esperar un tiempo para que se vuelvan competitivos y no de buenas a primeras inundar el mercado con productos fabricados con salarios bajísimos  ̶  dijo el dirigente de los textiles, con ambos puños apoyados sobre la larga y sólida mesa de la reunión.

El gesto no pasó desapercibido para el lúcido ministro Triaca que, inclinándose hacia adelante, le hizo a un asesor un ligero gesto con la cabeza señalando la puerta: el joven se levantó inmediatamente y salió. Quintana y Cabrera miraron a Triaca sin comprender cabalmente lo sucedido, quizás pensando que lo había mandado a buscar nuevos datos para fundamentar su posición.

Triaca abrió una carpeta y miró a sus interlocutores sin hablar durante algunos segundos, recurso concentrador de la atención que había aprendido en los cursos de Idea.

̶ Señores, quisiera que pasemos a cotejar las cifras de despidos ocurridos en cada sector, porque mucho me temo que haya diferencias significativas.

̶  Con todo respeto, señor ministro, acá no es cuestión de comparar nada, son un montón y crecen cada día. Además de los despidos enfrentamos un deterioro enorme de los salarios que por más paritarias que haya tememos que no podamos recomponer por la crisis que desataron por las importaciones, así que si no tiene ninguna medida que anunciarnos no tenemos nada más que hablar  ̶   dijo el dirigente metalúrgico, parándose.

Inmediatamente fue imitado por el dirigente textil que, al apoyarse con los puños sobre la mesa hizo oscilar el agua de los vasos.

Triaca no había estado de acuerdo con llamar a esa reunión y miró con cara de reproche a Quintana, que se sintió obligado a intervenir.

̶  Señores, no están interpretando el espíritu dialoguista que encarnan sus representantes de la CGT  ̶  dijo con un tono amable y conciliador, incorporado luego de muchas horas de observación de los discursos del Presidente; pero se olvidó de que su jefe, Marcos Peña, al señalarle la conveniencia de esa convocatoria, le había dicho que el triunvirato cegetista había perdido poder luego del acto del martes pasado.

̶  Esos los representan a ustedes, no a nosotros  ̶  dijo el dirigente de los ceramistas parándose también, con una voz ronca producto de los gritos a favor de que le pusieran fecha al paro.

Cabrera miró a Quintana con el entrecejo fruncido y Triaca directamente lo fulminó con la mirada. Temió que después le atribuyeran el fracaso de esa reunión, como había sucedido con las versiones periodísticas que lo señalaban como el responsable del llamado para parar el anuncio de la fecha.

̶  Señores, por favor, siéntense, es conveniente que lleguemos a un consenso.

̶  Terminala Triaca, de qué consenso me hablás, la idea fundamental de tu Gobierno es bajar los salarios al nivel que haga atractivas las inversiones extranjeras, por eso permiten las importaciones y destruyen el mercado interno, necesitan muchos desocupados para disciplinar a los trabajadores  ̶  gritó el dirigente metalúrgico.

Cabrera, haciendo honor a su apellido, saltó del asiento y gritó:

̶  Esto es culpa de ustedes, se afanaron todo y dejaron un país arrasado.

̶  Estás hablando con gremialistas, pelotudo, guardate el discurso para la campaña electoral  ̶  dijo el dirigente de los ceramistas, que había parecido el más moderado.

Ya se habían parado todos y hablaban al mismo tiempo, inclusive los asesores de ambos bandos, con la excepción lógica de Triaca que tironeaba infructuosamente de las mangas de Quintana y Cabrera.

Sobre el griterío generalizado se escuchó el vozarrón del dirigente metalúrgico, que se había parado sobre la silla para gritarle a Quintana que eran un Gobierno de corruptos que se habían forrado con el dólar a futuro y estaban prendidos con sus empresas en todas las licitaciones del Estado.

Como los gritos habían cesado, Quintana interpretó que el método era el adecuado y se paró también sobre la silla, pero lo hizo torpemente, porque cayó sobre Triaca, que terminó en el piso y la  silla de ruedas salió disparada contra la puerta golpeándola con violencia.

Como si se hubiera tratado de una señal, entraron varios policías de la Guardia de Infantería enarbolando sus garrotes. Al ver al ministro en el piso, no dudaron y se abalanzaron sobre los sindicalistas, pasando por encima de él. El primer garrotazo se lo dieron al asesor que estaba en la punta mientras gritaba que él no era peronista.

El dirigente metalúrgico se había subido a la mesa y empezó a cantar la marcha peronista. El resto de los dirigentes y asesores se habían protegido con sus sillas y resistían el embate policial exitosamente.

En la huida precipitada de funcionarios y asesores, la puerta quedó muy estrecha y el forcejeo produjo desgarrones de ropa, profusión de puteadas, codazos en las caras y un lamentablemente olvido, porque Triaca permanecía en el piso gritándoles:

̶  No huyan cobardes, el triunfo es para los valientes.

Al haberse despejado el sector de los funcionarios, el jefe del operativo se percató de la situación de Triaca y ordenó el cese de las hostilidades para poder ayudarlo. La situación resultó propicia para que todos los dirigentes y asesores imitaran al metalúrgico y cantaran con firmeza y emoción la marcha peronista, mientras bajaban las sillas y con el brazo extendido y la señal de la V iban hacia la puerta.

Triaca, ya sentado en su silla de ruedas y luego de parar un nuevo intento de agresión de los policías, saludó a uno por uno con un apretón de manos, diciéndoles:

̶  No se confundan en sus declaraciones periodísticas, no fui yo el que arruinó la reunión, acuérdense de que fue Quintana, ¿eh?