Skip to content

Escritos de narrativa, teatro y análisis

El techo populista

En definitiva, el proyecto populista emancipador debe intentar inventar y construir un sujeto con todos aquellos que son alcanzados por la terrible erosión de los vínculos sociales generados por la marcha incesante del Capitalismo.  (Jorge Aleman)

El término “populista” es usado en forma despectiva y elogiosa a la vez. En el primer caso se anotan todos los voceros  ̶ ya sea economistas, políticos, periodistas, empresarios, terratenientes o banqueros ̶  que son defensores del “neoliberalismo”, término curiosamente acuñado por los populistas para expresar al capitalismo globalizado dominado por su faz financiera. En el segundo caso, se encuentran todos los defensores  ̶ incluyendo a pensadores de fama internacional ̶  de la intervención del Estado para lograr una distribución más equitativa de la riqueza.

            Durante el siglo pasado y en lo que va de éste, en Latinoamérica ha sucedido siempre lo mismo. Los gobiernos populistas logran una real mejora de las condiciones de vida de las masas populares cuando, por circunstancias fortuitas, existe un “viento de cola”, es decir, una relativa mejora en los términos de intercambio entre materias primas y bienes de capital. Cuando sucede esto, las clases dominantes, mayoritariamente, no ven disminuidas sus ganancias ni su tasa de ganancia[1] (TG), sino que son impedidas de aumentarla por las políticas redistributivas de los gobiernos populistas. Igualmente, protestan por no poder acceder al excedente generado por el “viento de cola”, pero ése es su límite.

            Cuando el sistema capitalista retorna a sus relaciones de intercambio tradicionales y el “viento de cola” se transforma en una brisa apenas perceptible, la situación se vuelve inaguantable para las clases dominantes y crean condiciones de inestabilidad política para voltear a los gobiernos populistas, porque las políticas redistributivas disminuyen su tasa de ganancia. Siempre lo han logrado con golpes de Estado tradicionales, pero en los últimos años han tenido éxito con los “golpes institucionales” o, inclusive como en Argentina, en elecciones.

            Para uno u otro método, la metodología ha sido siempre la misma: la manipulación de sectores de la población para que colaboren con la derrota del Populismo. La pregunta que surge inevitablemente es la siguiente: ¿cómo es posible que estos sectores se presten a una maniobra que ineluctablemente conducirá a su perjuicio? La respuesta que siempre emite la mayoría de los representantes del Populismo está basada, fundamentalmente, en la siguiente hipótesis: la vulmerabilidad de sectores populares a las mentiras propaladas por medios de comunicación debido a su bajo nivel de conciencia política.

            Sin embargo, esta hipótesis oculta una verdad contundente. Los gobiernos populistas, llegado el momento de enfrentar a la nueva situación internacional, echan mano a los ingresos de las capas medias para seguir manteniendo la ayuda a los pobres, acompañando sus medidas con relatos épicos y exhortaciones a la solidaridad.

            Existen dos ejemplos muy recientes de lo expuesto anteriormente. Los gobiernos de Dilma y Cristina perdieron apoyo popular por no avanzar sobre la tasa de ganancia de las clases dominantes. Como consecuencia, en el primer caso hubo un golpe institucional y en el segundo se produjo un inédito triunfo electoral de un representante de las clases dominantes.

            El gobierno de Dilma tuvo como ministro de economía a un banquero que impulsó típicas medidas “neoliberales”, que produjeron un debilitamiento del PT y numerosos enfrentamientos con capas medias. El gobierno de Cristina no tomó medidas “neoliberales”, pero generó una alta inflación y mantuvo el “impuesto al salario”, perdiendo el apoyo de sectores de capas medias y trabajadores.

            Sin entrar en el análisis detallado de estas dos realidades socio-económicas, resulta interesante tomarlas como ejemplo para poner énfasis en que el concepto de la supuesta vulnerabilidad de sectores de la población a la prédica engañosa de los medios de comunicación dominantes tiene una fuerte raíz económica, el perjuicio real de los ingresos de esos sectores. Es sobre este deterioro que puede asentarse la propaganda detractora, pero lo determinante seguirá siempre siendo la base material.

            ¿Por qué el Populismo continúa siempre cayendo en el mismo callejón sin salida? Porque el avance sobre la tasa de ganancia de las clases dominantes generaría inestabilidad institucional, con cierre de fábricas, juicios por inconstitucionalidad de las medidas, llamados angustiosos a la intervención de las fuerzas armadas, desabastecimiento, en fin, todo lo que está sucediendo actualmente en Venezuela.

            ¿Significa esto que no hay otra posibilidad que esperar pacientemente un nuevo ciclo del “viento de cola” para redistribuir nuevamente la riqueza? NO. Lo que habría que hacer es profundizar la discusión política dentro de los movimientos y partidos populistas para que sus militantes y la masa sepan a lo que se enfrentarían si se tomaran las medidas anteriores. De lo contrario, todo seguiría quedando en la superficialidad de medidas económicas paliativas, pero insuficientes, y en las hipótesis sobre la incomprensión de algunos sectores de la sociedad.


[1] TG= G /S; G= ganancia neta (remanente luego del pago de impuestos) y S= C+V ; C= capital invertido en maquinaria e instalaciones; V= capital variable (materias primas +  salarios)