Resulta cada vez más claro, para un número creciente de personas en todo el mundo, que el sistema capitalista es una amenaza terrible para la supervivencia de la especie humana: no solo es el causante de la miseria de millones de personas, sino que también es responsable del alarmante deterioro ambiental del planeta.
El Capitalismo ha instalado en las consciencias de todo el mundo un reconocimiento basado en los méritos individuales, expresado fundamentalmente en la capacidad de acumulación de riqueza. Eso es la esencia de la ideología del sistema, expresada en la compulsión de amplios sectores de la población a la búsqueda de un ascenso social que les permita la adquisición de un creciente número de bienes. Una sociedad justa no puede estar basada en este tipo de reconocimiento, sino en otro muy distinto que premie los méritos sociales de las personas, es decir, su capacidad de brindar beneficios a la sociedad.
En el ensayo “La Comunidad Organizada”, Perón expresó la necesidad de la transformación del reconocimiento, que debería estar basado en los valores espirituales y no en la avidez por el dinero, pero también ha sido consciente de que esa transformación es un proceso muy largo que debería darse a nivel mundial y que, mientras tanto, las necesidades básicas insatisfechas de los pobres deben ser atendidas con urgencia. Los fracasos de los colectivismos forzosos, como lo prueban las experiencias de Rusia y China, demuestran que la transformación del reconocimiento es un camino largo y difícil y que no puede lograrse mediante la imposición. Evidentemente, no alcanza con el cambio en las relaciones de producción para eliminar la avidez por el ascenso social: el número de millonarios en ambos países es alto y creciente.
Como la expresión Política-jurídica del Capitalismo es la democracia liberal, para ganar las elecciones es necesario atender también los intereses de un amplio porcentaje de los sectores de ingresos medios que tienen resueltas las condiciones básicas de subsistencia y consideran al ascenso social como meta excluyente de vida. Por esa razón, el Peronismo siempre ha aclarado que no es “anticapitalista”, sino que promueve un Estado que regule el accionar del capital para que esté al servicio de la comunidad. Es una forma inteligente de decir que tampoco es “pro-capitalista”.
Sin embargo, los avatares de la vida política argentina y la presión de los factores de poder mundial, sumado a la falta de una discusión profunda en las bases peronistas, ha generado que un sector importante de dirigentes peronistas se haya contaminado con la ideología capitalista y considere que este sistema es el más adecuado para lograr la Justicia Social, olvidando que un Estado que regule el accionar del capital no representa al capitalismo, sino a otro tipo de sistema, que es el Justicialista.
Hasta alcanzar una sociedad justa basada en los méritos sociales, el Peronismo promueve el concepto de Justicia Social, que es el equivalente al de “igualdad de oportunidades”, es decir, que no haya pobres. La base de esta concepción radica en la aceptación de que las personas no nacen con iguales características y que, si se dieran las mismas condiciones iniciales para todos, cada uno podría desarrollar su vida de acuerdo a sus capacidades y gustos −incluyendo también a aquellos que quisieran hacerse ricos− sin que hubiera privilegios de nacimiento.
En el próximo apartado se mostrará que el logro de la “igualdad de oportunidades” es incompatible con el sistema capitalista.
Igualdad
Hay una igualdad que está consagrada en la Constitución de 1853 (con sus reformas de 1860/66/98) que tiene solo en cuenta los derechos civiles y políticos, pero no los derechos sociales. La Constitución de 1949 introdujo importantes modificaciones: Art.37, donde detallaba los “Derechos del trabajador, de la familia, de la ancianidad y de la educación y la cultura”, Art. 38 (función social de la propiedad), Art. 39 (el capital al servicio de la economía) y el Art. 40 que detallaba las reglas para la intervención del Estado en la economía. La dictadura del ’55 eliminó esta Constitución y restableció la de 1898. Sin embargo, los derechos y garantías para los trabajadores, vigentes durante el Peronismo, habían dejado su huella profunda en la conciencia de la población y no pudieron ser ignoradas.
Por ese motivo, en plena dictadura del ’55, la reforma constitucional del ‘57 introdujo un nuevo artículo (Art. 14bis), como un resumen del extenso Art. 37 de la Constitución de 1949, con la intención de embellecer al régimen de facto. En una parte de su primer párrafo establece que el trabajo gozará de “retribución justa; Salario Mínimo Vital y Móvil (SMVM); igual remuneración por igual tarea; participación en las ganancias de las empresas, con control de la producción y colaboración en la dirección”. La Ley de Contrato de Trabajo 20744 de 1974, vigente hasta hoy con algunas modificaciones posteriores, legisló sobre casi todos estos puntos. El Art. 116 expresa: “Salario mínimo vital, es la menor remuneración que debe percibir en efectivo el trabajador sin cargas de familia, en su jornada legal de trabajo, de modo que le asegure alimentación adecuada, vivienda digna, educación, vestuario, asistencia sanitaria, transporte y esparcimiento, vacaciones y previsión.” El Art. 117 agrega que debe ser establecido por “ley y organismos respectivos”. Precisamente, la ley 24011 del ’91 creó el Consejo Nacional del Empleo, la Productividad y el Salario Mínimo, conformado por representantes de trabajadores, empleadores, el Estado y gobiernos Provinciales. Es decir, en lugar de establecer que su valor debe estar sujeto a la evolución del costo de vida, lo condiciona a una negociación entre trabajadores y empleadores con la mediación del Estado. No debe sorprender, entonces, que nunca se haya cumplido que el SMVM asegure al trabajador todo lo necesario para una vida digna. Con respecto a la “participación en las ganancias de las empresas, con control de la producción y colaboración en la dirección”, directamente la ley 20744 no hace ninguna mención.
En Argentina, la relación de los ingresos promedios entre el 10% más rico y el 10% más pobre es enorme 40:1. El famoso 50-50, que implica que el 50% del Producto Bruto Interno es para los trabajadores y el resto para los capitalistas, no impide que siga habiendo un alto porcentaje de pobres, sino que lo ha disminuido a un nivel compatible con el sistema capitalista.
Efectivamente, en la figura siguiente está representado el porcentaje de participación de los trabajadores en el PBI (chequeado.com/, indec.gob.ar/ y cronista.com/) en función del porcentaje de la pobreza (Infobae.com/), en el período 2006-2020 en Argentina. Como puede apreciarse, en varias oportunidades el porcentaje de participación de los trabajadores rondó el 50%, pero la pobreza no bajó del 28%. Es decir, el 50-50 no es una meta suficiente y no puede haber igualdad de oportunidades mientras haya pobres.

Si se cumpliera la Constitución y el SMVM permitiera a los trabajadores acceder a una vida digna, no habría pobres. Surge entonces la pregunta: ¿por qué nunca pudo lograrse? ¿Por qué la ley 20744, en pleno gobierno Peronista, relegó a un ámbito de negociación la fijación del SMVM y no legisló sobre la participación de los trabajadores en las ganancias. ¿Será que no es posible hacerlo dentro de este Estado?
Sistema capitalista
La transformación del Capitalismo requiere un análisis profundo de las estructuras del sistema y de la formación social resultante, ya que involucra una lucha política de gran complejidad cuya simplificación conduce a un fracaso inevitable.
El Capitalismo ha creado una estratificación social mucho más compleja que la existente en el feudalismo. Las fronteras entre los distintos sectores sociales están diluidas por efecto de la posibilidad del ascenso social individual.
En primer lugar, se describirá un Glosario de los términos empleados para impedir confusiones.
Glosario
Política: actividad social que tiene la finalidad de concretar los derechos que surgen de las necesidades del Pueblo (“Donde existe una necesidad nace un derecho”, Evita).
Renta: ganancia proveniente del uso exclusivo de un bien que no puede ser producido. (Por ejemplo, la tierra)
Terratenientes: son losdueños de la mayoría de la tierra más fértil del país, de la que obtienen la renta a través de arrendamientos o como garantías para obtener préstamos bancarios con fines especulativos. (Por eso hay una estrecha relación entre terratenientes y banqueros).
Ideología: conjunto de ideas y creencias que son producto de la herencia cultural y educativa recibida y se manifiesta en el presente como una relación imaginaria con las condiciones de vida. Se define como imaginaria porque no se corresponde con un conocimiento objetivo de la realidad.
Estructura: Conjunto de elementos y relaciones que sirven de sostén y dan cohesión a una entidad identificada por su funcionamiento.
Formación Social
La formación social tiene dos componentes fundamentales, los Sectores Dominantes y el Pueblo, vinculados en una relación de dominación/subordinación expresada en tres estructuras: Económica, Ideológica y Político/jurídica.
Los Sectores Dominantes están formados porTerratenientes, Banqueros y grandes Empresarios.
El Pueblo está compuesto por diversos sectores sociales que difieren por sus niveles de ingresos, pero también por su relación ideológica con los Sectores Dominantes.
- Pequeños y medianos empresarios industriales y agrícola/ganaderos.
- Comerciantes, profesionales independientes, personas con oficio que trabajan sin patrón, trabajadores de ingresos medios.
- Trabajadores registrados e informales y trabajadores excluidos del sistema.
Los Jubilados se distribuyen entre los tres sectores pero, principalmente, en el 3.
Estructuras de dominación
A continuación se describirán las características fundamentales de estas estructuras.
Económica
Los Sectores Dominantes se quedan con el porcentaje mayoritario de la riqueza producida, a través del poder económico que ejercen por la posesión de las mejores tierras, el control del sistema financiero y el Mercado y, consecuentemente, de una negociación ganancias/salarios regida por una relación de fuerzas muy desigual. Es por ese motivo que nunca pudo cumplirse lo que dice la Constitución sobre el SMVM. Esquemáticamente, puede expresarse que, mientras que el trabajo es social, las ganancias son privadas. Toda la estructura está construida en base a un concepto fundamental: las ganancias de los Sectores Dominantes deben ser, como mínimo, las que surjan del promedio del Sistema Capitalista mundial, sin que les importe la situación económico social del Pueblo. En particular, la existencia de grandes latifundios en manos de terratenientes, encarece todos los precios a través de la apropiación de la renta de la tierra y el impedimento del uso de la misma a decenas de miles de productores. A todo esto hay que agregar la dependencia tecnológica, económica y financiera con países extranjeros, a los cuales los Sectores Dominantes están subordinados.
Ideológica
La ideología de los Sectores Dominantes ha sido transmitida al Pueblo durante generaciones a través de la cultura y la educación y consiste en el siguiente conjunto:
Ideas: a) todos los habitantes son iguales ante la ley y tienen igualdad de oportunidades, c) la forma de mejorar la situación económico-social es a través del esfuerzo individual, sólo los vagos e incapaces requieren de la ayuda del Estado, d) el reconocimiento se obtiene a través de la posesión de bienes (“tanto tienes tanto vales”)
Creencias: a) la formación social actual es la que siempre ha existido, siempre habrá pobres, ricos y quienes estén en una situación intermedia. Es una situación heredada y natural que surge de la condición humana, b) la democracia liberal es el sistema ideal que conjuga la libertad con la posibilidad de crecimiento espiritual y material de los habitantes.
Político/jurídica
La Constitución establece dos principios relevantes:
a) el derecho a la propiedad privada,
b) el Pueblo gobierna a través de sus representantes, elegidos mediante elecciones en las que intervienen sólo candidatos propuestos por los partidos políticos.
El derecho a la propiedad de bienes e inmuebles para el uso particular es, indudablemente, un derecho inalienable. Pero no debería equipararse con el uso de propiedades que son de uso social y brindan un beneficio a sus propietarios: Tierras, Bancos y Grandes Empresas. Al no discriminar entre el uso particular y el social, la Constitución legaliza una situación de desigualdad y desamparo, al contrario de lo que determinaba la de 1949.
En realidad, es la tierra la que fundamentalmente no podría tener un uso privado, ya que constituye un bien social irreproducible y ninguna persona tendría el derecho de apropiársela en su beneficio personal, de la misma manera que es inconcebible que se privaticen ríos, lagos o lagunas.
Queda establecida así una doble intermediación dominante sobre el Pueblo: 1) en la legalización del poder económico de los Sectores Dominantes y 2) en la participación excluyente del Pueblo en política a través de los partidos políticos, los cuales surgen y se desarrollan con múltiples vinculaciones ideológicas y económicas con los Sectores Dominantes, y se presentan ante el Pueblo con propuestas que no modifican el status constitucional.
La existencia de los partidos políticos como intermediarios de la voluntad popular, necesitados de la propaganda electoral para seducir a los votantes, cada vez más subordinada por los medios a través del predominio de la imagen por sobre los contenidos, es la causa fundamental que permite la existencia de aportes de dinero y la participación directa de miembros de los Sectores Dominantes o indirecta, a través de representantes indisimulados.
Por ese motivo, el Peronismo está constituido como un Movimiento que no agota su accionar político en la participación del partido en las elecciones −aunque esta concepción esté vigente en algunos dirigentes− sino que se apoya en huelgas y movilizaciones como factores de transformación. Sin embargo, es necesario resaltar que los cambios que puedan lograrse en el marco de la estructura Político/jurídica vigente siempre serán insuficientes, como queda demostrado por la imposibilidad de aplicación del Art. 14bis.
Estado
Si bien, en principio, se ha caracterizado la dominación en las tres estructuras mencionadas como si fueran independientes, está claro que la Económica es la que ha determinado a las otras dos, puesto que, a lo largo de la historia, los Sectores Dominantes han sido los que impusieron la ideología y la estructura Político/jurídica necesarias para defender sus intereses y mantener sus privilegios. Sin embargo, esta génesis de la dominación está oculta a través de un órgano que es el encargado de poner en ejecución la estructura Político/jurídica: el Estado.
El Estado se presenta ante cada uno de los habitantes como independiente de los Sectores Dominantes y como el garante de la Igualdad de todos ante la ley y de la Libertad de cada uno para elegir su propio destino y a sus gobernantes. El Estado sería el responsable de la cohesión del Pueblo, constituido por la suma de todos los habitantes sin discriminación alguna. Igualdad y Libertad, son dos conceptos rutilantes de la Revolución Francesa que ponen de manifiesto el origen de la ideología dominante. La aceptación por la gran mayoría del Pueblo de esta situación está garantizada por la dominación ideológica, reforzada, fundamentalmente, por los Aparatos Ideológicos del Estado: Medios de Comunicación, el Sistema Político y el Sistema Educativo. Los dos primeros son “invisibles” para el Pueblo, que sólo reconoce como estatales al Sistema Educativo y a los Aparatos Represivos (FF.AA y fuerzas de seguridad). La confusión proviene del hecho de que tanto los Medios de Comunicación como el Sistema Político no son estatales; sin embargo, ambos son funcionales al mantenimiento del Estado.
El análisis del poder de los Medios de Comunicación dominantes en lo que habitualmente se conoce como “generación de subjetividad” está muy difundido, pero siempre referido al llamado “neoliberalismo”, que no es otra cosa que la dominación del capital financiero a nivel mundial. Ningún medio, ni aún los más “progresistas” cuestionan a la Constitución que da origen a la democracia liberal y es la base de la estructura de dominación Político/jurídica. (Sólo Eugenio Raúl Zaffaroni , Mempo Giardinelli, Carlos Heller y Pérez Esquivel son los que insisten en la necesidad de modificar la Constitución.)
En uno de los párrafos precedentes, fue descripta la contribución del Sistema Político a las condiciones de dominación al ser el producto de la concepción de la participación política indirecta del Pueblo.
Sin embargo, es el tercer Aparato el que cumple el papel más fundamental en la permanencia de la dominación ideológica sobre el Pueblo: el Sistema Educativo.
En todo el mundo, la educación, tanto la impartida por los centros educativos como en los hogares, está basada en la búsqueda del desarrollo de los méritos individuales. Se premia al mejor y se alienta su emulación. Se trata de un reconocimiento de virtudes o características personales que, por comparación con el resto, lo eleva en la jerarquización social. No hay vinculación con los beneficios que ese mérito podría ocasionarles al resto. Esta concepción es la base del sistema capitalista y está profundamente arraigada en la ideología de nuestras sociedades, a tal punto que es considerada natural.
En Argentina, desde pequeños, los niños son educados en la tradición “sarmientina” de que el Pueblo es el soberano y que la educación es la herramienta esencial para la defensa de la libertad contra las tiranías. Es la Libertad y la Igualdad consagrada en la Constitución de 1853, donde empieza a constituirse el poder de los terratenientes y los exportadores. Es la Libertad y la Igualdad de la consolidación de ese poder en el genocidio de las montoneras y los pueblos originarios, con la consecuente apropiación de las tierras más fértiles del país. Todas las ideas y creencias de la Ideología Dominante son inculcadas desde pequeños a través de la educación. Si bien hay tendencias educativas alentadas desde sindicatos y organizaciones sociales, que resaltan valores alternativos como la solidaridad y el respeto a las minorías y rescatan las verdades históricas ocultas tras la “historia oficial”, el marco Político-jurídico no es cuestionado.
Más allá de la falacia de la igualdad ante la Ley, que el saber popular expresa a través de las enseñanzas del viejo Vizcacha: “La Justicia es como una telaraña, atrapa al bicho chico, pero el grande la rompe”, los conceptos de Igualdad y Libertad se desvirtúan por el hecho de que no existe la igualdad de oportunidades ni libertad de elección para un enorme porcentaje de la población. La historia de la dominación establece graves discriminaciones entre el Pueblo. Las leyes e intervenciones que puedan ser generadas por algún Gobierno, para mejorar las relaciones económicas entre los Sectores Dominantes y el Pueblo, siempre estarán condicionadas por la Constitución a través de su defensa irrestricta de la propiedad privada de tierras, bancos y empresas y de la existencia de partidos políticos al servicio de los sectores Dominantes que impiden la aplicación del Art. 14bis.
Para colmo, en la actualidad se ha formado lo que se conoce como el Partido Judicial, un conjunto de jueces encumbrados en puestos claves que favorecen con sus sentencias a los Sectores Dominantes y han condenado a Cristina en un juicio abominable. Una evidencia más de la invalidez de esta Constitución que no favorece la real separación de los tres Poderes.
El Pueblo siempre supo que hay ricos que viven muy bien a costa del resto, lo que la mayoría no sospecha es que el Estado está diseñado para crear la ficción de que es posible cambiar la situación dentro del mismo Estado.
La transformación del sistema educativo
En la evolución de la organización social de la humanidad, se produjo la transformación del mérito social de los líderes de los grupos de cazadores-recolectores al mérito individual −sustentado por la religión− de los líderes de los primeros estados. El sistema capitalista reemplazó la religión por la riqueza. El mérito individual quedó definitivamente asociado a la riqueza, en una escala jerárquica donde la búsqueda del ascenso social constituye el motor fundamental del funcionamiento de nuestras sociedades. (Bill Gates y Elon Musk están en la cúspide del reconocimiento mundial, y no aquellas personas que hicieron grandes aportes en beneficio de la humanidad.)
La educación está programada para ese fin, aunque esté oculto para evitar las tensiones sociales. No se dice claramente que las libertades individuales consagran la búsqueda del enriquecimiento para el ascenso social, porque la falta de igualdad de oportunidades para un porcentaje altísimo de la población exaltaría su impotencia para lograrlo, y le sonaría a burla. En su lugar, se habla de la importancia de la educación para el desarrollo personal y su mejor integración social. Como ya fue mencionado, la ideología está basada, fundamentalmente, en ideas y creencias que se han instalado en el inconsciente colectivo y que no requieren su constatación.
Por lo tanto, la transformación de la educación es la herramienta fundamental para lograr el cambio del reconocimiento del mérito individual al mérito social. Paulo Freire, en su libro “Pedagogía del Oprimido”, es el creador de una nueva pedagogía que, con el tiempo, pasó a denominarse “Educación Popular”, la cual, a diferencia de la tradicional, no tiene como objetivo fundamental la acumulación de conocimientos para una mejor inserción en el sistema capitalista –aunque no niegue la importancia de aprender− sino el de transformar la relación entre las personas, para que deje de estar basada en la superación individual sobre los demás, y se oriente a generar acciones colectivas que busquen el cambio de la realidad social injusta. En términos generales, puede decirse que la Educación Popular promueve que el premio no sea para el que más sabe, sino para el que más ayuda a los demás a elevar sus conocimientos para el beneficio del conjunto.
Es muy difícil imaginar cómo se podría ir transformado la educación dentro del sistema capitalista, ya que la resistencia sería tan o más grande que las existentes a las reformas económicas. Sin embargo, no es difícil afirmar que, sin esa transformación, las reformas económicas por sí solas no conducirían a una sociedad justa.
Puede concluirse, entonces, que las reformas económicas para ir reduciendo las ganancias de los Sectores Dominantes en favor del Pueblo son necesarias, pero no suficientes. Necesitan ser acompañadas por una profunda reforma del sistema educativo para que el reconocimiento esté basado en los méritos sociales y no en los individuales. Son dos caminos que se complementan y potencian mutuamente.
Lógicamente, en primera instancia ambos caminos parecen ser utópicos, pero lo seguro es que, si seguimos inmersos en la trampa ideológica capitalista, nunca podremos avanzar hacia una sociedad justa.
Reforma constitucional
De cualquier manera, la primera e impostergable transformación que habría que hacer es la redacción de una nueva constitución que determine el uso del capital y la tierra al servicio del bienestar del Pueblo y que diseñe mecanismos de participación directa del Pueblo para evitar la injerencia de los Sectores Dominantes como, por ejemplo, plebiscitos vinculantes periódicos que evalúen la gestión de los gobernantes.
Sin embargo, hay un primer paso que no necesitaría la reforma constitucional: se trata de la plena vigencia del Art. 14bis a través de una nueva ley que modifique parcialmente la 20744.
Está claro que la actual situación política impide abordar esta tarea a nivel parlamentario, pero es el momento de iniciar el debate en la militancia peronista para generar consciencia sobre la necesidad de esa reforma, única capaz de romper la trampa ideológica de los Sectores Dominantes.
Todo debe ser hecho “en su medida y armoniosamente”, pero sin dejar de avanzar hacia la Justicia Social.
Parafraseando a Evita podemos decir que
el “Peronismo será revolucionario” o
terminará siendo un partido más del Capitalismo