Definición de ideología
Ideología es un concepto usado popularmente para caracterizar políticamente a las personas. En términos generales, se dice que alguien es de derecha cuando divide a la sociedad entre ganadores y perdedores, donde sólo los mejores triunfan y es el orden natural de las cosas representado por el sistema capitalista. Por el contrario, se dice que es de izquierda cuando considera que todos los seres humanos tienen el derecho a una vida digna, más allá de sus capacidades y que debe superarse el sistema capitalista porque no lo permite. En la izquierda, hay diferencias en cuanto a las diferentes formas para superar el capitalismo.
Aunque sea una caracterización muy esquemática, es la base sobre la cual surgen toda una gama de diferentes clasificaciones como, por ejemplo, cuando se habla de centro, centro-derecha y centro-izquierda, en función, fundamentalmente, de cómo se ubica frente al Capital: mantiene el estatus quo, favorece el predominio del Capital o intenta mejorar la situación de los trabajadores, respectivamente. Sin embargo, cuando se escarba un poco debajo del revestimiento ideológico, aparece nítidamente esa esencial diferencia entre derecha e izquierda, que expresan dos creencias antagónicas.
En este trabajo se describirán dos ideologías, la burguesa y la marxista, con el objetivo de mostrar cómo estos dos ejemplos extremos están basados en creencias que se encuadran dentro del esquema descripto en el párrafo anterior. Para ello, en primer lugar, es necesario rebatir definiciones tradicionales del concepto ideología.
La definición actual adoptada por la RAE es la siguiente: “Conjunto de ideas fundamentales que caracteriza el pensamiento de una persona, colectividad o época, de un movimiento cultural, religioso o político, etc.”
Hay otra definición en Wikipedia que, aunque no está referenciada, es interesante: “Conjunto normativo de emociones, ideas y creencias colectivas que son compatibles entre sí y están especialmente referidas a la conducta humana”. Es destacable el concepto “normativo” y la aparición de “creencias” en la definición, aunque “emociones” e “ideas” sean desacertadas, como se analizará a continuación.
En ambas definiciones es criticable la inclusión del concepto “idea” ya que es una representación mental que lleva implícita la necesidad de su constatación con la realidad a través de la razón y la acción. La idea se genera en la conciencia a partir de una necesidad o deseo de alcanzar un objetivo y tiene carácter transitorio porque, si se verifica su validez, deja de ser una idea para transformarse en un conocimiento. Por la misma razón, una emoción es una reacción transitoria que se transforma en un sentimiento o se diluye.
En cambio, una creencia, como su nombre lo indica, no requiere su verificación con la realidad porque implica la aceptación de algo sin la necesidad de que haya fundamentos que la justifique. La creencia es una convicción profunda, arraigada en el inconsciente, que nace de aprendizajes familiares o repetición permanente de mensajes y actúa como filtro para la interpretación de la realidad. Cuando una creencia se instala durante años, deja de sentirse como una opinión y se transforma en una “verdad falsa”. (https://tupsicologoenlinea.org/neuropsicologia/diferencias-entre-ideas-y-creencias/)
En el trabajo de Ortega y Gasset “Ideas y Creencias” se refuerza este concepto a través de la frase “las ideas se tienen, en la creencia se está”, destacando así la persistencia de la creencia.
Por lo tanto, dado su carácter transitorio, no tiene sentido basar la definición de ideología en un conjunto de ideas y/o emociones que caracterice la identidad de algo, porque no son permanentes. Algo que sí sucede con las creencias.
Tanto Terry Eagleton en “Ideología: una introducción“, como Louis Althusser en “Ideología y Aparatos Ideologicos del Estado” comparten el concepto de que la ideología es esencialmente inconsciente. De esta manera, obstaculizan el acceso a cualquier debate racional.
Ideología burguesa
Historia
El sistema capitalista es el organizador de la gran mayoría de las sociedades del mundo. Su germen se desarrolló durante varios siglos en pleno feudalismo, a través de la existencia del mercado. Si bien el sistema de producción fundamental seguía consistiendo en la producción agrícola, los mercaderes aportaban gran cantidad de bienes provenientes del extranjero que comercializaban en los mercados de las ciudades (burgos), pequeñas agrupaciones de viviendas surgidas a partir del siglo X y ubicadas cerca de los castillos o donde existían ruinas romanas.

A partir de ese siglo hasta el XIII, la temperatura media en Europa subió alrededor de 1 °C. Este hecho, sumado a la introducción del arado con ruedas, generó un considerable aumento de las cosechas. Como consecuencia, creció la población y el excedente agrario de los campesinos que pudieron venderlo en los mercados. De esta manera, al aumentar la circulación del dinero, comenzaron a generarse grupos de personas − mercaderes, comerciantes y maestros de gremios poderosos− que pudieron ir acumulando riquezas, al punto tal de contratar mano de obra para fabricar bienes por fuera de los gremios. Así nació la Burguesía.
Durante los siglos posteriores y especialmente durante el siglo XVII, a partir del aumento de la circulación del oro y la plata por la explotación de las poblaciones indígenas americanas, el poder económico de la Burguesía creció enormemente frente al de la nobleza: la ganancia del capital frente a la renta agraria. El excedente de oro y plata, con los que se fabricaban las monedas, forzó a un aumento de los precios de todos los bienes pero, como los nobles no podían aumentar la renta en la misma proporción, comenzaron a vender parte de sus tierras a burgueses y campesinos ricos.
La burguesía continuó aumentando su poder económico, pero el poder político seguía estando en el rey y la nobleza. Esta situación alcanzó su máxima tensión en julio de 1789 y estalló violentamente con la toma de la Bastilla

Cambios sociales
1) la demolición del orden jerárquico medieval. La estratificación social inamovible, basada en el origen divino del rey y la nobleza, se transformó en un ordenamiento social libre de privilegios. El dinero reemplazó a la sangre como jerarquización social.
2) el uso de la razón para interpretar al mundo en lugar de la religión. La iglesia sostenía que las leyes del mundo habían sido determinadas por Dios (“primeras causas”), algo muy favorable al mantenimiento del orden feudal. Como respuesta a un cuestionamiento creciente, Tomás de Aquino expresó que existían “segundas causas” y que entenderlas era un designio divino para el ser humano. La iglesia adoptó en 1323 esa tesis.
3) la concepción del tiempo, asociada a lo anterior, dejó de ser considerado algo estático para transformarse en una medida del cambio como base del progreso humano.
Creencias
La burguesía cree que las ideas de “libertad, igualdad y fraternidad” de la Ilustración han sido concretadas mediante el establecimiento del Estado burgués. Hay libertad porque todos los ciudadanos son libres para pensar y elegir a sus gobernantes; hay igualdad porque todos los ciudadanos son iguales ante la ley y todo esto es posible porque hay fraternidad entre todos los habitantes para trabajar para el bien común, aunados en la concepción de Pueblo, que es el depositario de la soberanía. Es su “creencia”, no son sus ideas, porque para la burguesía las ideas originales de la Ilustración han sido concretadas en la realidad.
Todo lo anterior está fundamentado en otra creencia: validez de la proscripción de los orígenes de la tenencia de la tierra y del Capital. Por ser la tierra un bien irreproducible y un recurso natural como lo son ríos, lagos y lagunas, no debería tener propietarios. Por lo tanto, el Estado, como representante de todo el Pueblo, debería ser quien la prestase a quienes quisieran trabajarla, impidiendo así el latifundio. Sin embargo, las constituciones burguesas parten de una situación consolidada, no se puede ni se debe cuestionar esos orígenes.
Existe una última creencia fundamental. Al derrumbar el poder medieval, la burguesía ha liberado a los siervos del dominio de los nobles y les ha dado la libertad de elegir con quien y en qué trabajar.
Estas creencias fueron inculcadas a la clase trabajadora mediante la educación de padres, maestros y medios de difusión. Y, precisamente por ser creencias, resulta muy difícil que descubran su falsedad. Son convicciones inconscientes muy arraigadas. Si fueran ideas, les resultaría más fácil constatarlas con la realidad.
Realidad
No hay libertad porque los trabajadores no son libres de pensar sin ataduras y tampoco gobernar directamente sin intermediarios. No hay igualdad porque la igualdad ante la ley se refiere a los derechos individuales, pero no tiene en cuenta que no existe igualdad de posibilidades para desarrollarse tanto material como espiritualmente. La situación que les imponen es trabajar en lo que se les ofrece o morirse de hambre. No puede haber fraternidad cuando existe una división de clases tan profunda entre trabajadores y capitalistas.
Ideología marxista

En principio, referirse a la Ideología marxista parecería una contradicción, ya que el mismo Marx la definió como falsa conciencia, en el sentido que se trataba de un conjunto de ideas de la clase dominante inculcada en las clases oprimidas para evitar que accedieran al conocimiento de la realidad. Sin embargo, él se refería al Capitalismo y, como ya fue escrito más arriba, es totalmente correcta.
Al considerar la definición de teoría como un conjunto de conceptos y leyes organizadas para interpretar un fenómeno basado en evidencias comprobadas, parecería más razonable referirse al Marxismo como una teoría que describe el funcionamiento del Capitalismo, centrada en su obra monumental “El Capital”.
Teoría
La teoría está basada en 3 conceptos fundamentales que dan origen a leyes que fueron comprobadas durante todo el desarrollo de Capitalismo hasta hoy:
- “Valor de cambio” –creado por Smith y Ricardo− es el trabajo producido para producir un objeto. Marx lo transformó al cambiar “trabajo” por “fuerza de trabajo”, ya que de esta manera introdujo al esfuerzo físico y mental del trabajador, abandonando la abstracción para incorporar la centralidad del trabajo humano como generador de riqueza.
- “Plusvalía”, es el trabajo no pagado que se apropia el capitalista. En la concepción capitalista, el salario debe consistir solamente en lo necesario para permitir la reproducción de la fuerza de trabajo, es decir, la manutención del trabajador y su familia. Pero, como ese número de horas es menor al que genera el valor de cambio en el mercado, hay un excedente en favor del capitalista.
- “Fetichismo de la mercancía”. Las relaciones entre las personas se disfrazan al ser reemplazadas como una relación entre las mercancías y dinero. De esta manera se oculta la verdadera relación de explotación del trabajador por los capitalistas.
Estos tres conceptos están entrelazados para dar origen a tres leyes fundamentales del Capitalismo, que han sido comprobadas fehacientemente.
- La “disminución de la tasa de ganancia”. Para aumentar la competitividad el capitalista compra maquinaria. De esa manera, sin aumentar el número de obreros aumenta la productividad y aumenta su ganancia, pero, al hacerlo también el resto de los capitalistas, el precio del producto baja y con el tiempo la tasa de ganancia disminuye.
- La “concentración del capital”. Las fábricas más grandes terminan hundiendo a las más chicas y se forman monopolios.
- “Las crisis periódicas del Capital”. En el Capitalismo se busca permanentemente el aumentar las ganancias. Eso genera una superproducción que no va acompañada por un aumento de los salarios, Como consecuencia se produce una crisis de superproducción porque no pueden vender todo lo que se produce.
Puede entenderse, entonces, que el aspecto económico del Marxismo es una teoría porque interpreta correctamente el desarrollo del Capitalismo. No sucede lo mismo con la parte socio-política, llamada Materialismo Histórico, en la que Marx y Engels definen las bases para superar al Capitalismo. Se desarrolló en cuatro escritos fundamentales: “La Ideología alemana” (1845), “Manifiesto Comunista” (1848), “Crítica al Programa de Gotha” (1875) y “Del socialismo utópico al socialismo científico” (1880).
Materialismo histórico
En términos generales el Materialismo Histórico está basado en la dialéctica Hegeliana con un cambio fundamental, el idealismo es reemplazado por el materialismo. Hay tres ideas fundamentales:
- La economía (infraestructura), entendida como el modo en que una sociedad se alimenta y reproduce, determina la superestructura: cultura, ideología, leyes y política.
- La historia se desarrolla en base a los cambios de los sistemas productivos: esclavismo, feudalismo y capitalismo.
- La lucha de clases entre capitalistas y obreros es la contradicción que, cuando se vuelve antagónica, se resuelve con el triunfo del proletariado mediante una revolución.
Estas tres ideas fueron la guía que impulsaron a las dos grandes revoluciones del siglo XX: rusa y china. Sin embargo, en ambos casos, el desarrollo del Capitalismo era incipiente y, por lo tanto, la mayoría de la población era campesina. Por eso mismo, tanto Lenin como Mao entendieron que la primera parte de la revolución tenía el carácter democrático-burguesa para desembocar finalmente en el comunismo: una sociedad sin clases donde “de cada uno según su capacidad y a cada uno según su necesidad”.
Las tres ideas mencionadas podrían ser consideradas como creencias porque se refieren al pasado y su verificación solo puede ser comprobada mediante una interpretación de la historia en el marco conceptual de la misma idea. Sin embargo, no hay dudas que considerar al destino final de la revolución como el comunismo, es una creencia firmemente arraigada en los inconscientes de todos los revolucionarios pasados y los marxistas presentes.
Es la creencia fundamental del marxismo que subyace por debajo de todas las ideas y acciones que se llevaron a cabo. Las revoluciones se hicieron para emancipar a los seres humanos de la explotación, liberándolos de todas las coerciones físicas y mentales que impedían que se manifestara su auténtica naturaleza de amor y solidaridad por el próximo. Eso es lo que se manifiesta en la consigna “de cada uno según su capacidad y a cada uno según su necesidad” y es la máxima expresión de la igualdad entre todos los seres humanos. No hay otra manera de interpretarla que no sea mediante la adhesión voluntaria y convencida de toda la sociedad a esa organización de la vida que, por lo tanto, no necesitaría la existencia del Estado.
Si bien tanto en China como en Rusia ha disminuido enormemente la desigualdad, los regímenes políticos actuales son considerados como “Capitalismo de Estado” o “Socialismo de Mercado” donde la existencia de clases sigue vigente, aunque el Estado ejerza una fuerte regulación del mercado. Es decir, se hicieron revoluciones que no alcanzaron el destino final deseado.
Aunque hay numerosas interpretaciones de lo sucedido y hasta se podría tener una mirada benévola agregándole el adverbio “todavía”, lo cierto es que tanto Lenin como Mao manifestaron en diversas oportunidades su decepción por la falta de adhesión de la población al ideario marxista.
Los términos “aumento de la productividad” están repetidos muchísimas veces en los escritos de Lenin, pero las referencias a los cambios culturales y a los estímulos morales son muy escasas. En 1918 (Tomo 36, prefacio XIII) hay una mención a la necesidad de una “revolución cultural”. En 1919 (Tomo 38, pág. 105) escribió: “superar completamente el capitalismo y los hábitos creados por la dominación de la propiedad privada sobre los medios de producción”. En 1919 (Tomo 39, pág. 5) a raíz de una iniciativa obrera de trabajo voluntario en los sábados, Lenin escribió. “Es el comienzo de una revolución más difícil, más esencial, más radical y más decisiva que el derrocamiento de la burguesía, pues es una victoria obtenida sobre la propia rutina y la relajación, sobre el egoísmo pequeñoburgués, sobre todos esos hábitos que el maldito capitalismo ha dejado en herencia al obrero y al campesino”.
En el año 1953 (pg. 105), Mao había escrito una definición de lo que consideraba el “Capitalismo de Estado”: un 25% de la renta para el capitalista y el resto para el proletariado. Se trataría de un camino transitorio al socialismo. Sin embargo, muy poco tiempo después, en el año 1957, Mao considera que se ha llegado al socialismo y escribe “Rechazar la ofensiva de los derechistas burgueses (pg. 498-515)”. “Se ha efectuado la revolución socialista, pero el hombre no ha cambiado. Los derechistas se han infiltrado en un 5 al 10% en algunas universidades para criticar al partido. La revolución socialista advino tan rápidamente que no hubo tiempo para un debate suficiente en el seno del partido ni en la sociedad.”
En ambos casos, la mención de Lenin sobre la necesidad del triunfo sobre el “egoísmo pequeño burgués” y la de Mao acerca de que “el hombre no ha cambiado”, se verifica su profunda creencia en que la eliminación de la propiedad privada de los medios de producción generaría la transformación del egoísmo individualista en el altruismo socialista.
Conclusión
Tanto la ideología burguesa como la marxista están basadas en creencias, convicciones profundas e inconscientes que actúan como sólidas bases para sostener el accionar que ellas promueven. Por esta razón la transformación de estas creencias en conocimiento no puede alcanzarse con discursos solamente, Es necesario, además, un accionar que las confronte de manera activa.
En ese sentido, el marxismo es una indispensable guía de acción para combatir al sistema capitalista pero, al mismo tiempo, debe superar la creencia de que la estatización de los medios de producción conducirá a la transformación de egoísmo pequeño-burgués en altruismo socialista. Para eso debe abandonar una concepción idealista de la naturaleza de la condición humana.
El homo sapiens se desarrolló en grupos pequeños que competían con otros grupos por la supervivencia, en el marco de un medio ambiente hostil para el cual no estaban naturalmente preparados. Para ello desarrollaron un crecimiento vertiginoso del cerebro y un comportamiento altruista para los miembros del mismo grupo, pero muy agresivo para los otros grupos.
La extensión de ese altruismo a toda la sociedad, en el marco de las marcadas transformaciones de un sistema de producción, es una tarea muy compleja que no puede alcanzarse solo mediante consignas inspiradoras y que, probablemente, requiera de un cambio global que insuma mucho tiempo.