Imaginemos un país democrático en el que un candidato gana las elecciones con mentiras y el apoyo de la gran mayoría de los medios de difusión. Imaginemos que luego de 4 años de gobierno deja al país con la mayoría de sus habitantes empobrecida y una enorme deuda externa que condiciona fuertemente su recuperación. Imaginemos que la gran mayoría de los medios de difusión atribuye la situación sólo a la impericia del gobernante.
Imaginemos que gana las elecciones un candidato que reconoce las dificultades existentes y que propone un esfuerzo asimétrico para enfrentarlas. Imaginemos que, a pesar de los esfuerzos del nuevo gobierno, el poder económico sabotea el intento y las expectativas de un sector de esa mayoría empobrecida se siente defraudada.
Imaginemos que aparece un nuevo candidato que atribuye la situación actual a la orientación populista del gobierno y promete que todo mejorará porque será capaz de evitar los errores que cometió el gobierno que endeudó, pero que estaba en el camino correcto. Imaginemos que la gran mayoría de los medios de difusión apoya al candidato.
Imaginemos que gana las elecciones porque un sector de la población vuelve a creerles.
Ahora, imaginemos qué habría que hacer para que no vuelva a suceder.