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Escritos de narrativa, teatro y análisis

LA CAUSA

La derrota ante Milei aumentó la bronca sufrida por la derrota ante Macri, con el agravante de un estupor que nos paralizó durante meses. Las interpretaciones habituales se basaron en el voto bronca de un importante sector de la población por el mal desempeño del gobierno anterior, que se potenció por la sostenida campaña de desprestigio en contra de todos los políticos. De cualquier manera, resultaba muy chocante que una mayoría hubiera optado por un desaforado columnista televisivo que enarbolaba la motosierra como remedio contra todos los males de Argentina.

            Todo fenómeno tiene causas que lo producen. Los fenómenos físicos tienen explicaciones científicas que establecen de manera biunívoca la relación entre causa y efecto. Sin embargo, los fenómenos sociales son mucho más complejos y, por lo general, son el producto de varias causas concurrentes. No pueden establecerse leyes que los gobiernen por la imposibilidad de asegurar su repetitividad. Por lo tanto, los fenómenos sociales están sujetos a interpretaciones, no a explicaciones y, consecuentemente, están basadas en fundamentos cuya legitimidad depende de la credibilidad en el  prestigio de quienes las emiten, pero también en conocimientos político-económicos. 

El papel de los grandes medios hegemónicos fue considerado como decisivo  para desprestigiar al Peronismo y fomentar el voto a Milei. Sin embargo, nunca fue enunciada una pregunta clave: ¿cómo fue posible que tuviera éxito la influencia de los grandes medios? Es decir, ¿por qué triunfó la interpretación que la corrupción y el despilfarro del Peronismo en el gasto público fueran las causas de la alta inflación y el deterioro de los ingresos?

El gobierno de Alberto Fernández nació mal parido por dos razones: la condena a Cristina y la elección de Fernández como candidato en un procedimiento que pareció una herencia monárquica condicionada. Es cierto que sufrió la pandemia y una sequía espantosa, pero su peor defecto fue que no enfrentó al Poder Económico, sino que pretendió gobernar con su apoyo. Además, en el mismo sentido, acordó con el FMI un pago de la deuda que fue desastroso para la economía del país. Como resultado de su accionar, se incrementaron los déficits fiscal y comercial y estalló la inflación.

La inflación es un ejemplo de fenómeno social, que no es solamente económico porque depende también de variables relacionadas con el comportamiento social, entre los que se pueden citar las “expectativas inflacionarias” de los formadores de precios, la posición política del Poder Económico frente al gobierno y la avidez por el dólar de un sector de la población. Las causas económicas se entrelazan con el comportamiento social y dan como resultado la inflación en Argentina, con características únicas, que no puede ser interpretada mediante los parámetros económicos usuales en otros países. Las causas económicas son varias: déficit fiscal, déficit comercial, aumento de tarifas, aumento de costos internacionales en materias primas y bienes de capital, devaluación del peso. Entre todas ellas, la principal es el déficit comercial, en un país tan dependiente de dólares como Argentina, la escasez de los mismos genera un aumento de precios inmediato.

El aumento del gasto público por la pandemia generó déficit fiscal, pero fue una medida que benefició a la mayoría de la población. Sin embargo, la falta de control sobre la fuga de dólares y el pago de la deuda, que fueron los hechos fundamentales que generaron el déficit comercial, no fueron resaltados por los medios hegemónicos como los causantes de la inflación, sino que hicieron hincapié solamente en el déficit fiscal. A decir verdad, tampoco lo hizo el Peronismo, porque hubiera significado una crítica a su candidato, que era ministro de Economía.

En definitiva, la interpretación de los medios hegemónicos −fieles representantes del Poder Económico− se basó en lo que había sido un mérito y ocultó lo que había sido un defecto. Tuvo éxito para que el 10% de los votantes, que es el que siempre decide las elecciones –ya sea en favor o en contra del peronismo− fuera convencido porque creyó en la objetividad de quienes la emitían como una verdad revelada, y lo hizo porque carecía de los conocimientos fundamentales de política económica para descubrir su falsedad.

No alcanza que Cristina diga en un discurso que el problema de Argentina no es el gasto sino la falta de ingresos, refiriéndose a la fuga de dólares y al pago de la deuda. Sería indispensable que toda la dirigencia peronista se uniera y difundiera una propuesta, que en forma permanente y enfática, hiciera hincapié en la necesidad de eliminar la causa fundamental del problema argentino: la sangría permanente de dólares.