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Escritos de narrativa, teatro y análisis

La Grieta

                                                  ESCENA 1

Departamento de 2 ambientes perteneciente a Liliana y Miguel, matrimonio con dos hijos pequeños. El escenario es el living. Hay una mesa, un sofá cama y dos sillones. Liliana está preparando la cena en la cocina, a la que se entra por una puerta a la izquierda. La acción comienza con la llegada de Miguel.

MIGUEL (entra apurado): Hola, (entra a la cocina y sale rápido) me voy a dar un baño rápido y comemos. (Sale.)

LILIANA (habla desde la cocina en voz alta para que Miguel la escuche): Todavía falta para la comida.

MIGUEL: ¿Cómo que falta comida?, si recién estamos a 10 del mes.

LILIANA: (habla en voz más alta todavía) dije que la comida no está todavía.

MIGUEL: Si recién entré… hago rápido, enseguida salgo.

LILIANA: Está sordo, nos vamos a quedar todos sordos en esta casa.

MIGUEL: Ya salgo Liliana, ya salgo…

Suena el timbre, Liliana va a atender. Es Vicente, el portero.

LILIANA: Adelante Vicente, ¿qué tal cómo le va?, ¿viene por las expensas, no?, nos atrasamos un poquito pero…

VICENTE: No, no señora, no vengo por las expensas, quisiera hablar con Miguel, ¿está?

LILIANA: Está bañándose, venga, pase, siéntese a esperarlo.

VICENTE: No, no, gracias señora, pero estoy haciendo algo en el sótano. Dígale por favor que me venga a ver que estoy en el sótano, ¿eh? (ya fuera de escena) Buenas noches.

LILIANA (algo perpleja): Buenas noches.

Se mete en la cocina. Se escuchan voces de otro departamento.

UN HOMBRE: ¿Que carajo te tenés que meter con mi familia?, ¿yo me meto con la tuya, acaso?

UNA MUJER: Yo no me meto con tu familia, yo me meto con tu hermana porque ella se mete con nosotros.

UN HOMBRE: Estás hablando boludeces.

Liliana aparece en la puerta de la cocina para escuchar mejor.

UNA MUJER: ¿Ah, sí? ¿yo estoy hablando boludeces?, si cada vez que tu madre necesita algo tengo que ir yo porque ella siempre tiene un problema: el turno con el médico, el campeonato del hijo…dejame de joder, para lo que nunca le falta el tiempo es para el noviecito de turno.

UN HOMBRE: Tenés la mente podrida.

UNA MUJER: ¿Yo tengo la mente podrida?, si vos sabés que se la cogen desde el diariero hasta el carnicero pasando por todos los comerciantes del barrio.

UN HOMBRE: Hablá bajo, por favor, que se escucha todo.

Liliana se mete en la cocina. Entra Miguel en pijama.

MIGUEL: Bueno, ya terminé, ¿ves que no tenías que hacer tanto quilombo? (Se queda mirando la mesa.) Liliana, todavía no está puesta la mesa…

LILIANA: Todavía falta para la comida, ¿podés poner la mesa?

MIGUEL: Esto es el colmo, no me dejás bañar tranquilo y encima me salís con que falta para la comida.

LILIANA: Te vino a ver Vicente.

MIGUEL: ¿Le dijiste que pasado mañana le pagamos?

LILIANA: No vino por las expensas, quería verte.

MIGUEL: ¿A mí?, ¿y qué quería?

LILIANA: No sé, me dijo que fueras al sótano.

MIGUEL: ¿Al sótano?, ¿me estás cargando?, ¿para qué quiere que vaya al sótano?

LILIANA: No sé, no me dijo, estaba medio raro, ¿viste que él siempre te da conversación? bueno, recién fue como si estuviera preocupado, asustado diría yo.

Andá a ver lo que quiere, andá.

MIGUEL: Ni en pedo, morfo y a la cucha, estoy reventado.

LILIANA: Andá que todavía falta para la comida.

MIGUEL: Entonces me voy a bañar otra vez porque no me lavé bien las orejas.

LILIANA: Andá Miguel, que a lo mejor es importante.

MIGUEL (hablando más bajo para sí): Sí, ya me imagino lo importante que debe ser, el chanta quiere un dato para el sábado, eso es lo que quiere.

LILIANA (asomándose): ¿Un dato de qué?

MIGUEL: Vos no escuchás cuando no querés, ¿eh?

LILIANA: ¿Un dato para el sábado, dijiste?

MIGUEL: Sí, para las carreras.

LILIANA: ¿Y vos desde cuándo jugás a las carreras?

MIGUEL (yéndose hacia el dormitorio): Yo no juego, en el trabajo hay alguien que pasa datos y un día le dí al gordo uno ganador y desde entonces me vuelve loco.

LILIANA: Lo único que faltaría sería que vos juegues, lo único.

MIGUEL: Ya voy, me estoy cambiando.

LILIANA: Con lo ajustados que estamos, sería el colmo que vos tiraras la plata en el juego. Está bien, mejor no vayas si es para eso. A ellos tampoco les sobra la plata como para que la tire en las carreras. ¡Qué vicio de mierda, Dios mío!

Miguel aparece vestido y se para frente a la puerta de la cocina.

MIGUEL: Bueno, voy a ver al gordo.

LILIANA: Te dije que no fueras.

Miguel sale del departamento haciendo gestos de no entender nada.

ESCENA 2

 La mesa y los sillones de las escenas anteriores están ordenados en forma diferente y hay 2 jarrones. Cuando se encienden las luces hay un hombre (Eliseo) y una mujer (Rosalía) inmóviles, como paralizados en medio de una discusión.

ROSALÍA: Para qué querés que hable bajo, si ya lo sabe todo el mundo.

ELISEO (se le acerca en forma amenazante): No te voy a permitir que hablés así de mi hermana.

ROSALÍA: ¿Ah, no?, y ¿qué vas a hacer para impedirlo?

ELISEO: No me provoqués que ya sabés lo que puede pasar.

ROSALÍA: (agarrando un jarrón) Una sola vez más que se te ocurra hacerlo y te lo parto en la cabeza. ¿Entendiste?

ELISEO: Ni se te ocurra, dejá ese jarrón que era de mi abuela.

ROSALÍA: Tu hermana es una putarraca y si te duele es porque es la verdad. Es una putarreputa que nos jode la vida y …

Él se acerca y ella amenaza con pegarle con el jarrón en la cabeza.

ELISEO: Dejá ese jarrón, pedazo de boluda, que vale mucha guita.

ROSALÍA: Si no querés que te lo parta en la cabeza vas a tener que escucharme, cobarde.

ELISEO: Terminala, ¿eh?, mirá que ya me estás cansando y voy a perder los estribos.

ROSALÍA: ¿Ah sí?, mirá cómo tiemblo.

Suena el timbre. ELISEO va a abrir. Entra Hortensia, resueltamente va hacia ROSALÍA y le saca el jarrón de las manos.

HORTENSIA: Con éste no, querida, es de la abuela y debe valer mucha plata. (Lo pone en su lugar, agarra otro y se lo da.) Tomá, éste parece ordinario y es más pesado y todo. Y vos (mirándolo a él con el jarrón levantado sobre su hombro en posición amenazante) ¿a ver, animate a pegarle?

ELISEO: ¿Y usted quién es?

ROSALÍA (riéndose): ¿A pegarme?, no, no señora, jamás me pegó.

HORTENSIA: ¿De qué hablaban entonces?

ROSALÍA: Cada vez que nos peleamos termina yéndose a la casa de su mamá, y para mí eso es peor que si me pegara, me tiene podrida, se lo aseguro.

HORTENSIA: Ah, es eso…(mirándolo a él, con un tono entre desilusionado y maternal) ¿y vos, por qué hacés eso, por qué hacés renegar a tu esposa de esa manera, eh?

ELISEO (mirando su esposa): ¿Quién es esta mujer?

ROSALÍA: Es Hortensia, una vecina

En ese momento entra el psicoanalista.

JOELHO: Les pido mil perdones por la interrupción, pero no podía quedar al margen de una situación tan conflictiva y que, mucho me temo, puede derivar hacia sucesos lamentables de funestas consecuencias.

ELISEO: Pero, ¿qué se creyeron, que esto es un club?, por si no lo saben, esto es un de-par-ta-men-to, propiedad privada, inviolable, sagrada, de ella y mío, y nosotros acá recibimos a quienes queremos y a los que no queremos los echamos, así que vayan saliendo…(hace gestos ampulosos indicándoles la salida).

ROSALÍA: Querido, ¿quién es este señor?

ELISEO: ¿Y a mí me lo preguntás?, yo creía que era otro de tus vecinos amigos.

ROSALÍA: ¿Qué estás insinuando?

JOELHO: Permítanme presentarme, soy Heriberto Joelho, psicoanalista retirado.

ELISEO (haciendo gestos otra vez): En retirada querrá decir.

JOELHO: No, no, me he tenido que retirar de mi profesión en el apogeo de mi carrera por una desafortunada confusión.

HORTENSIA (a ELISEO): Un poco más de respeto m’hijito con el señor, no ve que está dolorido por lo que le pasó, usted si quiere váyase a la casa de su mamá. (Agarra de un brazo a Joelho). Venga, venga, siéntese y cuéntenos lo que le pasó.

JOELHO: No, no señora, perdóneme pero no es el momento de hablar sobre mí, es el momento de colaborar para ayudar a que no suceda algo irreparable en el seno de esta familia.

ELISEO: Acá va a suceder algo irreparable si ustedes dos no se van inmediatamente de acá.

JOELHO (con aire triunfalista mirando a todos): ¿Ven? ¿Se dan cuenta de lo que hablo? Este hombre está llegando al clímax de la violencia, el contorno de sus límites se está borroneando aceleradamente, la represión ha hecho estragos sobre su yo maltrecho y la única forma que encuentra para reestablecer los lazos perdidos es a través de la agresión. Durante años le ha pegado a su esposa y ahora, en este preciso instante, acaba de anunciar que algo irreparable va a suceder si no nos marchamos. En realidad, ésta es su forma enferma de decir que algo irreparable le sucederá a su esposa (acentuando) CUANDO nos marchemos. Sepa señor que, a menos que usted reflexione y acepte tomar una pastilla que tengo aquí conmigo (se palpa un bolsillo), de este de-par-ta-men-to nos iremos los tres.

ELISEO (agarrando el celular): Yo voy a llamar al Borda.

JOELHO: Me parece muy adecuada su decisión pero, ¿no tiene alguna obra social que le cubra la internación en una clínica privada?

HORTENSIA: A mí ya me parecía que le pegaba.

ROSALÍA: Esperen, esperen, acá hay una gran confusión, él jamás me puso la mano encima.

JOELHO: Señora, es natural que usted mienta para defenderlo, en todo matrimonio prolongado donde hay un marido golpeador se establece, inevitablemente, una relación sado-masoquista. (Adopta un tono exageradamente didáctico.) O sea, usted señora, que inicialmente sufría mental y físicamente por los golpes de su marido (lo señala a él) termina sintiendo placer por el dolor físico, lo cuál, a su vez, lo justifica a él (lo señala) para continuar con sus demostraciones enfermizas de amor.

Durante estos parlamentos ELISEO ha estado buscando en Google el Borda, completamente ajeno a lo que se estaba diciendo. Marca el número y, a continuación, Hortensia y él hablan simultáneamente.

ELISEO: Sí, buenas noches, ¿hablo con la guardia del Borda?..

HORTENSIA: Pero, entonces, si vos querida decís que él nunca te puso la mano encima…

ELISEO: …   yo quisiera que manden una ambulancia porque se me han metido dos locos en mi departamento…

HORTENSIA: …y estás mintiendo, entonces tiene razón el doctor y a vos te gusta que te peguen…

ELISEO: …ah, tengo que llamar a la policía primero.

HORTENSIA: …pero, si no mentís y es verdad que él nunca te puso la mano encima, eso quiere decir que tu matrimonio nunca se consumó, lo cuál, francamente, no sé que es más triste…

ELISEO: …bueno, sí, lo entiendo, gracias, sí…a la policía primero, ya entendí…

Por la puerta, que había quedado abierta, entra NANO.

NANO: La policía no tiene nada que hacer en este edificio. Los problemas hay que solucionarlos entre nosotros, (mirando a ELISEO) usted deje ese teléfono inmediatamente.

ELISEO: Con más razón la voy a llamar ahora, estamos en presencia de una triple violación de la propiedad privada.

Cuando comienza a marcar el número, Nano se abalanza sobre él, pero ROSALÍA corre y los separa, después de un breve forcejeo.

ROSALÍA: Calma señores, calma, todo esto es una gran confusión. Y vos querido, dejá el celular que, cuando todo se aclare, esta buena gente que sólo ha venido a ayudar se va a ir. Yo les voy a explicar, toda esta confusión se debe a que ustedes malinterpretaron nuestras palabras. En ningún momento ninguno de nosotros dijo que él me pegaba…

HORTENSIA: Entonces hay que usar mejor las palabras, querida…Y todos ustedes se me sientan que no quiero gente parada en el salón. (Todos obedecen, menos ELISEO y ROSALÍA que se miran perplejos.) A ver, ustedes dos, vengan para acá. (Los agarra de un brazo a cada uno y los enfrenta. Habla mirando a ELISEO.) A ver vos, ¿que fue lo que le dijiste cuando ella te dijo que tu hermana era una prostituta?

ELISEO: Si usted se cree que yo me voy a prestar a esta payasada, está muy equivocada.

HORTENSIA: ¿Usted quiere que todos nosotros nos vayamos?…bueno, piense que nadie se va a mover de acá si no nos dan una explicación. Ustedes no tienen derecho a jugar así con la gente.

ELISEO: Usted está tan loca como el resto, se meten en nuestro departamento sin que nadie los invite y resulta que somos nosotros los que tenemos la obligación de dar una explicación. Pero, ¿por qué no se van todos a la…?

HORTENSIA: ¡Cuidado, mucho cuidado con lo que vaya a decir! Cada vez que abre la boca no hace más que enterrarse un poco más. ¿Quiénes fueron los primeros que se metieron en nuestras vidas, eh? ¿Fuimos nosotros acaso los que nos pusimos a pelear a los gritos…? (Él hace gestos con la cabeza y las manos como diciendo “esto es el colmo de los colmos”) Sí, sí señor, a los gritos. ¿Cómo explicar si no que nos hayamos enterado de todo lo que se estaban diciendo, eh?   

ELISEO: Y…será porque estaban con las orejas paradas para escuchar mejor. Si no hubieran querido escuchar subían el volumen del televisor y listo.

HORTENSIA: Perfecto. Como siempre, las víctimas nos transformamos en victimarios. Nosotros, que hemos sido invadidos en nuestra privacidad, sólo tenemos el derecho de aturdirnos con el ruido para que los señores  puedan hacer uso de un libertinaje de la comunicación.

ELISEO: Está bien, está bien…les pedimos humildemente perdón por hacer uso de…(a Hortensia) ¿cómo fue que dijo?

HORTENSIA: Libertinaje de la comunicación.

ELISEO: Eso, del libertinaje de la comunicación. Estamos realmente muy apenados de haberlos…de haberlos invadido…les prometemos que no lo vamos a hacer más (a su esposa) ¿no es cierto, querida? (ella los mira a todos sin asentir) pero ahora, les pido, por favor les pido, que se retiren a sus respectivos departamentos.

JOELHO: Ya es muy tarde para eso, señor. Ya es muy tarde para esa fingida amabilidad. Usted no nos da ninguna garantía.

ELISEO (acercándose a él): Pero, escuchame una cosa, aprendiz de brujo, ¿quién carajo te tiene que dar garantías de qué?

ROSALÍA (interponiéndose en el camino): Tranquilizate querido, esta gente  buena que sólo ha venido a ayudar tiene el derecho de que le demos una explicación.

HORTENSIA: ¿Se da cuenta, señor…? A propósito, ¿cuál es su nombre?

ELISEO (dándole la espalda): Montoto.

ROSALÍA: Eliseo Rivas, se llama. Y yo me llamo Rosalía.

HORTENSIA: Tu apellido, querida, tu apellido ¿cuál es?

ROSALÍA: Ah…Zwyewrkowskezonsky.

HORTENSIA: Bien, vos Rosalía parate acá, y usted, señor Rivas, párese otra vez acá.

Eliseo mira al teléfono y a Nano que hace el ademán de pararse. Luego la mira a Rosalía que le hace gestos para que se acerque. Finalmente se acerca con los brazos cruzados en una actitud de desgano magnificado.

HORTENSIA: Bien, vamos a comenzar a partir del momento cuando vos Rosalía le decís “¿Ah, no? y ¿qué vas a hacer para impedirlo?”

ROSALÍA (desganada): ¿Ah, no? y ¿qué vas a hacer para impedirlo?

HORTENSIA: Escuchame querida, ese no fue el tono, poné un poco más de ganas por favor.

ROSALÍA: ¿Ah, no? y ¿qué vas a hacer para impedirlo?

Pausa. Todos lo miran a Eliseo. Eliseo los mira a todos.

HORTENSIA (a Eliseo): ¿Y?

ELISEO: ¿Y qué?

HORTENSIA: ¿Qué le contestaste?

ELISEO: ¿Qué se yo? Nada, no le contesté nada.

HORTENSIA (mirando amenazadoramente a Rosalía y fingiendo vos de hombre): No me provoqués que ya sabés lo que puede pasarte.

Pausa. Todos miran a Eliseo. Eliseo mira a la Hortensia.

ELISEO: ¿Así que yo le contesté eso? ¿Y vos como sabés, tenés una grabación acaso?

HORTENSIA: Queridos espectadores, ¿dijo este hombre eso o no lo dijo?

TODOS: Siiií…

HORTENSIA: Bien, repítalo Eliseo.

ELISEO (a Rosalía): Escuchame querida, si vos estás de acuerdo en seguir con este circo, seguilo sola, yo me las tomo.

Eliseo va hacia la puerta, pero Nano de un salto se le interpone en el camino. Rosalía corre y los separa.

ROSALÍA: Querido, tranquilizate, tené un poco de paciencia, esta buena gente que sólo ha venido para ayudar se irá tan pronto como le demos las explicaciones.

Eliseo se deja llevar por Rosalía hacia el centro de la escena. Se lo ve muy pensativo. Pausa durante la cuál todos comentan cosas en voz baja. De repente reacciona.

ELISEO: Bien, bien, entiendo, esta buena gente que sólo ha venido para ayudar no necesita que nosotros le demos explicaciones para poder ayudarnos, sino que necesita que nosotros le contemos nuestros problemas para que sean ellos  los que nos den las explicaciones, ¿no es cierto? Entonces, lo que nosotros debemos hacer es contarles nuestra historia con lujos de detalles, todo, desde el comienzo, desde el día que vino mi madre y te su-gi-rió que debías ponerle más azafrán a la paella y vos te lo tomaste a la tremenda y armaste un quilombo descomunal…porque desde ese día yo me di cuenta de que no tendría más tranquilidad. (Acercándose a los visitantes) Imaginen ustedes qué situación. Viene mi madre, mi santa madre, y le su-gie-re que tiene que ponerle un poco de azafrán y esta mina hace un quilombo de la puta madre, ¿qué podría pensar yo, eh?, ¿qué podría imaginarme que iba a pasar durante el resto de nuestras vidas, eh? ¿qué…?, ¿eh…? (Todos se miran entre sí.) Bueno, sí, eso pasó, justamente eso. Por eso, yo les pido encarecidamente que por favor nos ayuden. Vení Rosalía. (Ella lo mira con fastidio y no se mueve, él se acerca, le pasa el brazo sobre los hombros y la obliga a ir hacia donde estaba.) Nosotros nos queremos. Ustedes vinieron a ayudarnos, por favor, digan algo. Usted doctor, usted es el que puede ayudarnos.

JOELHO (levantándose): Es evidente que usted tiene un Edipo muy desarrollado, pero esto merece un tratamiento personalizado.

ELISEO (a Nano): Usted, usted que es un hombre de mucha experiencia.

NANO (levantándose): A mí nunca me gustó meterme en la vida de los demás.

ELISEO (a  Hortensia): Usted, usted señora que estaba conduciendo la sesión tan bien.

HORTENSIA (yendo hacia la puerta): Elegiste el camino fácil.

ELISEO: Por favor, no se vayan. (Salen. Eliseo corre y cierra la puerta con llave. Con aire triunfalista.) Se fueron, al fin. Ahora sí, por fin solos querida. (Ella lo mira disgustada) ¿Pero, qué te pasa?

ROSALÍA: Nada, no me pasa absolutamente nada, ¿acaso existe alguna razón por la que yo podría estar enojada, eh?

ELISEO: Y…no sé, muy contenta que digamos no se te ve…

ROSALÍA: ¿Cómo no voy a estar contenta si vos acabás de arruinar otra posibilidad de ayuda?

ELISEO: Pero, escuchame Rosalía, ¿cómo podés ser tan… tan ingenua?

ROSALÍA (elevando la voz): ¿Qué ibas a decirme? dale… ¿sabés cuál es tu problema?, que para vos no existe nadie más que vos…no, nadie más que vos y tu mamá.

ELISEO: Bajá la voz, a ver si vuelven.

ROSALÍA (más alto): No quiero bajar la voz, no quiero bajar la voz porque yo quiero que vuelvan…(agarra el jarrón de la abuela y lo eleva por sobre su cabeza) me tenés repodrida.

ELISEO (elevando la voz): ¿Qué hacés con ese jarrón?, dejá ese jarrón. (Se queda paralizado mirándolo). Una grieta, tiene una grieta.

Suena el timbre. Se miran, ella baja el jarrón y lo  abraza contra su pecho. Él abre la puerta enfurecido.

ELISEO: ¿Qué..? Ah, es usted…, ¿qué necesita, Vicente?

VICENTE (entrando tímidamente al departamento): ¿Cómo lo supieron? ¿Se los dijo Miguel?

ELISEO: ¿Qué cosa?

VICENTE: Lo de la grieta.

Se apagan las luces.

ESCENA 3

Es el hall de entrada del edificio. Llega una mujer con la bolsa de las compras y se para frente a la puerta del ascensor. Al rato llega ROSALÍA.

ROSALÍA: ¿Qué hacés Tita, cómo te va?

TITA: Apurada como siempre, ¿y vos, qué tal?, hacía rato que no te veía.

ROSALÍA: Sí, es cierto, hacía bastante…bien, me va bien…bueno como todos, ¿no?, haciendo lo que se puede.

TITA: A otros no les va nada mal, querida, ¿te enteraste que se mudan los del 4° E. ROSALÍA: No, no sabía.

TITA: ¿Sabés de quién hablo, no?

ROSALÍA: No.

TITA: Sí que los conocés. Los del 4° E se llaman Liliana y Miguel y tienen dos chicos que parecen sonámbulos. Él es muy simpático y empilcha muy fino pero es el encargado del depósito de un mayorista de artículos del hogar…¿cómo se llama?.. bueno, no me acuerdo. En cambio, ella es flaca y antipática, apenas si saluda, no sé de qué se la da si los dos vienen de Berazategui. ¿Los ubicás ahora?

ROSALÍA: No sé, me parece que sí, (algo molesta), perdoname, pero, ¿llamaste al ascensor?

TITA: Sí, querida, por supuesto, ¿por qué lo preguntás?

ROSALÍA: Y…porque veo que la lucecita está apagada.

TITA: No debe funcionar, en este edificio las cosas están cada vez peor, ¿te diste cuenta? Además, hay un montón de gente que no cierra bien la puerta del ascensor y te dejan esperando un montón. (Gritando) Ascensooor. Bueno, como te iba diciendo, el departamento se puso a la venta de repente, sin que nadie supiera nada. Viste que siempre una escucha comentarios, que fulanito anda con ganas de mudarse…Bueno, de esta gente nada, che, como si se hubieran sacado la lotería. Yo le pregunté a Vicente, ¿viste que Vicente es un chusma bárbaro? Bueno, él tampoco…Aunque en realidad cuando se lo pregunté puso una cara muy de sorpresa, ¿me entendés? Para mí que él ya lo sabía. (ROSALÍA aprieta el botón, se enciende la lucecita  y se escucha que el ascensor arranca.) Bueno, por fin cerraron la puerta, si no nos íbamos a tener que quedar a vivir acá. A propósito, ¿tu marido te sigue maltratando?

ROSALÍA (enojada): ¿Por qué no te ocupás de tus cosas en vez de meterte en la vida de los demás?

TITA: Bueno, querida, no te pongas mal, vos sabés cómo es un edificio, un edificio es como un pueblo chico, una se entera de todo. (En eso llega el ascensor, ROSALÍA abre la puerta, entra rápidamente y se la cierra en las narices de Tita.) (Gritando.) Aprendé educación, querida. (En voz normal) Ésta se merecería vivir en un conventillo.

Se queda nuevamente parada frente a la puerta del ascensor en actitud de espera sin tocar el botón. Ve entrar a Liliana. La mira fijamente y la saluda aparatosamente.) Buenos días, Liliana, así que de mudanza, ¿no?

LILIANA: Buen día, ¿cómo?

TITA: Fue una sorpresa para todos. Pero, me alegro mucho, ese departamento les estaba quedando muy chico, ¿no?

LILIANA: No sé de qué me estás hablando.

TITA: Mirá, vos tendrás tus razones para ocultarlo y yo la verdad que no tengo  ningún derecho a meterme en tus cosas, pero si lo hago es porque realmente les tengo mucha simpatía. La cosa es así. Accidentalmente, buscando en el diario un departamento para mi sobrina que quiere irse a vivir sola y yo la voy a ayudar con lo que pueda, llamé a una inmobiliaria preguntando por un departamento y me terminaron ofreciendo otro en esta calle diciéndome que iba a salir a la venta el sábado, yo le pregunté a qué altura y me dieron la de esta cuadra, “no puede ser”, les dije, “si en esta cuadra hay un solo edificio y yo vivo aquí y no hay ningún departamento a la venta, que sí, que no, al final los hinché tanto que me dijeron cuál era. Así fue como me enteré de que tu departamento está a la venta, querida.  

LILIANA: Sin embargo (acentuando la palabra con ironía) querida, te informaron mal, porque el departamento no está a la venta.

TITA: No sé porque lo seguís negando, total este sábado se pone a la venta y se va a enterar todo el mundo. (Liliana no le contesta y llama al ascensor, poniéndose a su lado sin mirarla.) Mirá vos che, tanto misterio, al final va a ser cierto lo que yo dije, en este edificio está sucediendo algo grave.

LILIANA: Mirá, te voy a decir algo que hace rato que quería decírtelo. Ojalá me mudara de este edificio, ¿sabés para qué?, para no verte nunca más, para no tener que escucharte nunca más, ¿sabés por qué?, porque me tenés recontramilrrepodrida con tus chusmerías y tus difamaciones, ¿y sabés algo más?, no soy la única, somos muchos a los que nos tenés repodridos.

LLega el ascensor, Liliana entra y le cierra la puerta en las narices.

TITA: otra loca más. (Gritando), conventillera maleducada. (En un tono normal) ¡Qué vergüenza!, tener que convivir con gentuza como ésta. Y yo soy una estúpida, eso, eso es lo que soy, una estúpida, preocupándome por gente como ésta. ¡Que se mude!, mejor, que se mude…(Pausa).Eso sí, tengo que saber por qué se muda tan de improviso y por qué lo niega…y no es por chusma, sino que a lo mejor están ocultando algo que nos atañe a todos. (LLama al ascensor. Vicente abre la puerta que da al sótano, al verla intenta volverse a meter para adentro, pero reacciona tarde porque Tita ya lo vio.) ¡Vicente!, con usted justamente quería hablar.

VICENTE: Buen día Tita, ¿cómo le va?

TITA: No se me estaría escapando, ¿no?

VICENTE: Pero no, Tita, ¿cómo se le ocurre?

TITA: Perdóneme que insista, pero, ¿qué está sucediendo en este edificio?

VICENTE (muy a la defensiva, hace un movimiento rápido de ida y vuelta con  la  cabeza hacia el sótano): Nada, ya le dije señora que no pasa nada. ¿Por qué insiste con eso?

TITA: Recién me acabo de encontrar con la del 4°E y me negó que se hubiera puesto a la venta su departamento, ¿por qué me lo va a negar, por qué tanto misterio si no hay nada que ocultar, ¿eh?

VICENTE (cerrando con llave la puerta del sótano): Y…no sé señora, la gente a veces es muy reservada con sus cosas. Después de todo, esta es una buena época para vender, ¿no le parece?

TITA: Para nada, la primavera es la mejor época para vender.

VICENTE: Bueno, pero usted sabe como son las cosas, en la primavera hay muchos que pasean y pasean, en cambio ahora el que viene es comprador seguro, ¿usted no pensó en vender también, Tita?

TITA (sorprendida): Yo no, yo estoy muy cómoda acá… aunque ahora no sé. Sigo teniendo la sensación que usted me está ocultando algo, Vicente.

VICENTE (moviéndose hacia el centro del hall y dejando a Tita de espaldas a la puerta del sótano): Tita, usted me conoce desde hace muchos años, ¿no? ¿La engañé alguna vez?

TITA: A mí no, pero a su esposa sí.

VICENTE (mirando hacia todos lados): No sé de qué me está hablando.

TITA: Vamos Vicente…No se haga el tonto que usted de tonto no tiene un pelo. (Pausa en la que ella lo mira fijo y él comienza a retroceder lentamente.) Usted estaba en la cama de la loca del 5ºD cuando su marido entró sorpresivamente.  Era un santo y la perdonó, pero un día que estaba muy deprimido me lo contó todo.

VICENTE: Esa es la historia más ridícula que escuché en mi vida.

TITA: Y sí…ahora una puede reírse de lo que pasó, pero en ese momento no. Pero, a usted no lo veo reírse, Vicente, todo lo contrario, más bien tiene una cara de velorio que mata.

VICENTE: Mire Tita…yo…yo no tengo tiempo…tengo que hacer algo en el sótano.

Va decidido hacia la puerta.

TITA: Pero Vicente, si recién acaba de salir de ahí. Espere, espere, yo no sé si usted sabe que su esposa siempre algo sospechó, ¿se lo dijo alguna vez?

VICENTE: No meta a mi esposa en esto, no meta a mi esposa en esto.

TITA: Calma, su esposa no tiene por qué enterarse de nada…de usted depende Vicente.

VICENTE: ¿Qué es lo que quiere?

TITA: Usted ya sabe, quiero que me diga la verdad sobre lo que está pasando en este edificio.

VICENTE: Nada Tita, no está pasando nada, ¿por qué va a estar pasando algo?, porque pusieron a la venta un departamento va a estar pasando algo. Usted tiene demasiada imaginación.

TITA: Nadie pone a la venta un departamento tan sorpresivamente, siempre hay planes previos, se comentan las cosas con unos o con otros, con el vecino, el pariente o el comerciante, siempre hay planes y yo me hubiera enterado, siempre me entero de todo, Vicente.

VICENTE: Sin embargo, hubo algo de lo que no se enteró, ¿no?

TITA: ¿Ah sí?..Así que ahora se pone en pícaro, bueno, si usted lo quiere así, ahora me voy a la portería.

Va hacia el ascensor. Él la detiene de un brazo.

VICENTE: Espere, Tita, no se ofenda, lo que quise decirle es que nadie puede enterarse de todo, sólo Dios.

TITA: No sea atrevido, suélteme del brazo, me está lastimando. (La suelta y ella se frota la zona.) Usted no se da cuenta la fuerza que tiene, también con esas manazas.

VICENTE: Perdóneme, no me di cuenta.

TITA: Ya me doy cuenta de lo que debe haber pasado con la loca ésa. Ella le pidió que le fuera a arreglar alguna cosa a su departamento y usted fue y le hizo una exhibición de fuerza y ella quedó muy impresionada…

VICENTE: Escuchemé Tita, creamé, no está pasando nada raro en este edificio.

TITA: Así como fui capaz de callarme durante tanto tiempo su secreto, ¿usted cree que no podría callarme este nuevo secreto que esconde, Vicente?

Tita avanza provocativamente hacia él, Vicente retrocede mirando hacia todos lados.

VICENTE: No hay ningún secreto…(se detiene y cambia a un tono de enojo) pero, ¿qué es lo que quiere, que invente uno?

TITA: Como guste… quizás su esposa sea más razonable.

Va hacia la puerta del ascensor y la abre. Vicente se le adelanta y la cierra bruscamente.

VICENTE: Está bien, usted gana. Usted quiere saber y yo se la voy a mostrar. (La toma firmemente de un brazo y hace el intento de llevarla hacia la puerta del sótano). Venga

Tita se resiste. Su expresión fluctúa entre el miedo y la picardía.

TITA: Pero, ¿qué hace, se volvió loco?, ¿adónde me quiere llevar?

VICENTE: Al sótano, ¿no quiere saber cuál es mi secreto?, yo se lo voy a mostrar.

Logra llevarla hasta la puerta venciendo una ligera resistencia de Tita.

TITA: Usted se confunde conmigo, de ninguna manera voy a entrar a ese sótano con usted.

VICENTE: ¿En qué quedamos, quiere o no quiere conocer mi secreto?

TITA (conteniendo la risa): Yo no quiero que me muestre nada, simplemente dígame cuál es su secreto.

VICENTE: No… es algo que tiene que verlo por usted misma. Pero, si no se anima mejor dejémoslo ahí.

TITA: Ah…es un secreto que sólo me puede mostrar ahí abajo porque acá no puede.

VICENTE: Así es.

TITA (exagerando una cara de resignación): Esta bien, bajemos, espero que su secreto valga la pena, Vicente.

VICENTE: Se va a quedar con la boca abierta.

Entran al sótano y se apagan las luces.

ESCENA 4

Es el departamento de Liliana y Miguel. Liliana está sentada en un sillón con los brazos cruzados sobre el pecho mirando fijo hacia la puerta. Entra Miguel y se sorprende al verla.

MIGUEL (acercándose para darle un beso): Hola, ¿qué hacés?

LILIANA (cortante): Estoy esperándote…Miguel, ¿vos pusiste en venta el departamento?

MIGUEL: ¿Quién te lo dijo?

LILIANA: Entonces es cierto, pusiste en venta el departamento sin decirme nada, pero…¿qué es lo que pasa?, ¿te endeudaste en las carreras?, ¿cómo pudiste hacer una cosa así?, ¿cómo pudiste…?

MIGUEL: Esperá, esperá, no hay nada de lo que te imaginás, no hay ninguna deuda. Yo te lo iba a explicar con más tiempo, no sé cómo pudiste …

LILIANA: ¿Cuándo me lo ibas a explicar?, ¿este sábado?, ¿el día en que sale a la venta me lo ibas a explicar?

MIGUEL: ¿Cómo sabés que sale a la venta el sábado?

LILIANA: Para colmo me tuve que enterar por la chusma de mierda de Tita, yo negándolo y negándolo…

MIGUEL: Se lo dijo el forro de Vicente, gordo pelotudo, le debe tener ganas a la mina ésa.

LILIANA: ¿Qué es lo que está pasando, Miguel?, ¿me vas a decir qué es lo que está pasando o no me lo vas a decir? Porque si no…

MIGUEL: Hay una grieta enorme en el sótano… (Liliana lo mira sin entender) es una grieta enorme que avanza y se ensancha día a día, (Miguel se derrumba en un sillón y Liliana lo sigue mirando en silencio) Una noche, después de que me la mostró Vicente, bajé a verla, quería medirla, el ancho quería medir. Un centímetro y medio anoté y después agarré el lápiz y lo metí para ver la profundidad, ¿entendés?, así lo metí (se para y hace el ademán) y de repente sentí que me lo agarraba, lo quise sacar y no pude, me asusté Liliana, me asusté mucho. Me quedé ahí parado un rato largo, estaba paralizado, no sé cuánto tiempo me quedé ahí parado mirando el lápiz. Me agarró mucho frío y no quería dejar el lápiz ahí, así que lo apreté para tirar con fuerza pero me di cuenta de que estaba flojo. Mirá…(busca en el bolso) mirá cómo lo dejó (le muestra el lápiz) ¿te das cuenta, Liliana?, lo mordió, (Liliana agarra el lápiz con asco), lo mordió y después lo soltó, ¿te das cuenta?, mirá cómo lo mordió.

LILIANA (extiende el brazo dándole el lápiz): ¿Y porque hay una grieta en el sótano pusiste en venta el departamento?

MIGUEL: No es una grieta de mampostería, es una grieta de la estructura, Vicente ya averiguó, si la grieta está a 45 grados es una grieta de estructura, hay tensiones y la estructura no aguantó, se cortó, ¿entendés?

LILIANA: La estructura se cortó y entonces hay que arreglarla…¿y entonces?

MIGUEL: No entendés.

LILIANA: No, no entiendo, hay un problema en el edificio y en vez de buscar la solución ponés en venta el departamento…No, es cierto, no entiendo.

MIGUEL: Te lo voy a decir más claro a ver si así lo entendés: la grieta no tiene arreglo, lo que sucedió ya fue, no se puede volver atrás, la estructura se cortó, ¿entendés?, todo el edificio está condenado, nos recagaron Liliana, nos recagaron.

Liliana se levanta, camina hacia la cocina y se para, va en dirección opuesta y se para, se da vuelta y lo mira.

LILIANA: ¿Vos me estás diciendo que este edificio se va a caer? (Miguel la mira fijo por unos instantes, luego mira el lápiz con la cabeza gacha y se derrumba en el sillón. Liliana eleva el tono de voz.) ¿Vos me estás diciendo eso?, ¿vos me estás diciendo que todo lo que tenemos, todo esto que es lo único que tenemos se va a derrumbar, va a desaparecer?, ¿es eso lo que me estás diciendo?

MIGUEL: ¿Entendés ahora por qué puse en venta el departamento?

Liliana se agarra la cabeza con las manos, da unos pasos en una dirección y luego en otra. Se para y niega con la cabeza.

LILIANA: ¿Y vos creés que ésta es la solución?, vender un ataúd, encontrar unas víctimas que se compren este ataúd sin saberlo, ¿vos creés que vamos a poder vivir con ese cargo de conciencia el resto de nuestras vidas?

MIGUEL: Mirá Liliana, esto es una selva, lo único que podemos hacer es salvarnos antes que nos coman los leones. ¿Qué es lo que querés, que carguemos nosotros con este fardo? Es demasiado pesado para nosotros, Liliana. Tenemos que rajarnos lo antes posible de acá, lo más lejos posible de acá.

LILIANA: Por más lejos que te vayas, ¿vos creés que no vas a escuchar el ruido del derrumbe? ¿De qué te querés convencer, Miguel? Por más que no seamos los responsables, ¿vos creés que no te vas a sentir culpable por haberte callado lo que sabías?

MIGUEL: Ya te dije que no tiene por qué ser así como lo pintás vos. No tiene por qué haber un derrumbe.

LILIANA: Ah no…¿y entonces por qué nos mudamos?

MIGUEL (exasperado): ¿Por qué no podés entenderlo?, ¿por qué tenés que darle tantas vueltas a las cosas? Nadie sabe lo que va a pasar con este edificio, en realidad nadie lo sabe…todavía.

LILIANA: Vos dijiste que la grieta no tenía arreglo.

MIGUEL: Yo lo dije sí, pero en realidad habría que hacer un estudio serio de ingeniería y eso es en lo que yo no quiero participar, yo no quiero que corramos el riesgo de que terminen diciendo que realmente la grieta no tiene arreglo, no quiero correr riesgos, ¿está claro ahora?

LILIANA: Clarísimo, lo que está en juego es el monto de la estafa, si la grieta tiene arreglo, la estafa es un aumento de las expensas por un tiempo, una estafa chiquita, pero si la grieta no tiene arreglo, entonces sí que la estafa es grande, todo el departamento es el monto de la estafa.

MIGUEL: Andate a la mierda… (Sale por la puerta que da al dormitorio. Liliana se agarra la cabeza con ambas manos. Inmediatamente, Miguel vuelve a entrar en escena. Habla en voz muy alta) Vos sos la que nos metiste en esto, vos sos la que quisiste venir a vivir a estos conventillos de lujo, adonde la única que privacidad que tenés es el disimulo, vos sos la que quisiste venir a vivir acá, a esta ilusión de casa. Propiedad horizontal, le llaman, dejame de joder, propiedad vertical le deberían llamar. Con esta misma guita tendríamos una casa en…

LILIANA: Hablá más bajo.

MIGUEL: Sí, más bajo, para  que nadie se entere. Ni del aire que respiramos somos dueños, acá todo es compartido, forzadamente compartido, no porque queramos compartirlo, sino porque está en el reglamento de copropiedad. (Gritando) Estoy harto de todo esto, estoy harto de meterme en una jaula para llegar a …

LILIANA: ¡Miguel!, los chicos, los vas a asustar.

MIGUEL: Ahí tenés a los chicos, cada día más idiotizados por la televisión.

LILIANA (sentándose): Vení sentate, ¿podemos hablar tranquilos?

Miguel empieza a caminar de una punta a otra.

MIGUEL: Está bien. No querés que vendamos, bueno, entonces encontrá otra solución.

LILIANA: Sí, me voy a ocupar de que encontremos una solución, no otra solución, porque lo que vos proponías no era ninguna solución.

MIGUEL: Es una solución, para nosotros es la mejor solución.

LILIANA: Vos sabés que no es así, Miguel. Te conozco bien, nunca jodiste a nadie, ahora hablás así por calentura, pero llegado el caso no ibas a poder hacerlo, y si lo llegabas a hacer te ibas a arrepentir toda tu vida.

MIGUEL: Estás muy equivocada, si seguís pensando así de mí es porque te quedaste en el pasado. En lo único que yo pienso ahora es en mí, en mí y en nosotros. Esto es una selva, yo no tengo una calentura del momento, VIVO recaliente. Pero ya  aprendí, lo aprendí cuando me echaron de la fábrica, ¿te acordás? (Liliana mira pensativa para otro lado.) Sí que te acordás, queríamos afiliarnos al sindicato y yo era el delegado…el delegado…dejame de joder…cuando me echaron por delegado a nadie se le movió un pelo. Ahí aprendí. ¿Y vos me decís que me conocés? ¿Por qué te creés que acepté venir a Buenos Aires? Fue después de que me echaron que vinimos acá, ¿te acordás? ¿No lo pensaste?, ¿no pensaste por qué acepté venir acá? (Liliana lo mira.) Acepté porque ya no me importaba un carajo lo que les pasara a los demás, yo quería pelear la mía y nada más. ¿O porque te creés que llegué a encargado del depósito?  Llegué por no hacer nunca una cagada y, fundamentalmente, por deschavar las cagadas de los demás. Por eso pudimos terminar de pagar el departamento.

LILIANA: Nunca me hablaste de esto.

MIGUEL: No, ¿para qué?

LILIANA: Si hubiera sabido como te sentías…

MIGUEL: ¿Qué?, ¿no hubieras querido venir para acá?

LILIANA: Yo siempre creí que te pasaba lo mismo que a mí y ahora me entero de que no fue así.

MIGUEL: No, no fue así, yo estaba bien con vos, te veía feliz y me hacía bien, pero no, no estaba feliz.

LILIANA: ¿Por qué nunca me lo dijiste?

MIGUEL: Porque no me habrías escuchado. Vos eras la que tenías la iniciativa y yo era el quedado, me faltaba ambición, ¿no es así?

LILIANA: Nunca te dije eso, jamás te dije que te faltara ambición.

MIGUEL: No hacía falta, Liliana. Tendrías que haberte visto la cara cuando te dije que sí, que nos veníamos a Buenos Aires.

Miguel se sienta. Se pasa la mano por la cabeza haciendo un gesto de negación.

Liliana está sentada en el borde del sillón con las manos cruzadas sobre el regazo. Lo mira fijo.

LILIANA: ¿El sábado sale a la venta, no? (Pequeña pausa en la que espera la respuesta. Miguel mira hacia abajo y no contesta.) ¿Tuviste que firmar una autorización? (Pausa.) ¿Firmaste una autorización?

MIGUEL: Sí,  así que mañana voy y levanto la operación y si ya mandaron el aviso se los pago para no tener ningún problema y listo.

LILIANA: ¿Y vos averiguaste qué diferencia habría que poner por un departamento de tres ambientes? (Miguel la mira.) Digo yo, ¿no?, como para tener una idea. No sé…por ahí la cuota no sería tan alta, ¿no? y a lo mejor yo podría preparar otra vez alumnos para ayudar…

MIGUEL: ¿Me está cargando, Liliana?

LILIANA: Vení, sentate acá, no te enojés, siempre se puede seguir hablando. ¿O caso no te acordás que cada pelea que tuvimos la arreglamos siempre hablando? Miguel se sienta.

MIGUEL: Esta no es una pelea, Liliana.

LILIANA: Quizás sea peor que una pelea. (Miguel se pone muy serio y la mira fijo.) ¿Sabés que pasa, Miguel? Se me partió el alma al saber que en todos estos años no fuiste feliz.

MIGUEL: Eso fue al principio, ahora estoy adaptado.

LILIANA: ¿Adaptado o resignado?

MIGUEL: Mirá Liliana, ese no es el tema.

LILIANA: Te equivocás, ese es EL tema.

MIGUEL: Como quieras, pero yo no tengo ganas de hablar de ese tema. De lo único que tengo ganas es de bañarme.

Miguel se levanta.

LILIANA: Estoy de acuerdo.

MIGUEL (esbozando una sonrisa): Me alegro, por lo menos en algo estamos de acuerdo.

LILIANA: Estoy de acuerdo en que pongamos a la venta el departamento.

MIGUEL: Liliana, ¡por favor!

LILIANA (muy emocionada): Estoy de acuerdo en que vendamos el departamento y que nos mudemos a un departamento tipo casa o a una casita en las afueras, lejos del centro, no me importa, ya no quiero estar más acá.

Liliana sale del departamento. Miguel se queda inmóvil. Luego, mira hacia arriba negando con la cabeza, levanta los brazos a los costados del cuerpo y los deja caer pesadamente. Se da vuelta y camina hacia la salida que da al dormitorio con la cabeza baja y algo encorvado. En ese momento suena el timbre. Miguel abre la puerta. Entra Vicente agitado, mira hacia todos lados.

VICENTE: Tengo que hablar con vos en privado.

MIGUEL: Hablá, ¿qué pasa?

VICENTE: Tuve que contárselo a Tita. (Lo mira esperando una reacción de enojo. Miguel no habla, parece ausente.) Se lo tuve que contar porque me apretó con el asunto de la loca ésa, ¿te acordás? (Miguel niega con la cabeza.) Sí, cuando el dorima  me encontró con la mina esa en la cama… la del  5º D… la loca esa…la rubia que tenía un par de gomas que no podía ser…¿te acordás o no te acordás?

MIGUEL: Sí, me acuerdo.

VICENTE: Bueno, el pelotudo del dorima se lo contó y ella me amenazó con decírselo a mi señora. (Pausa.) ¿Te pasa algo a vos, che?

MIGUEL: No, ¿por qué?

VICENTE: Y…te estoy contando que se lo dije a la chusma esa y no reaccionás.

MIGUEL: ¿Y qué querés, que te felicite?

VICENTE: No te chivés. Se lo tuve que contar porque ella ya lo sospechaba.

MIGUEL: ¿No me acabás de decir que lo sabía?

VICENTE: ¿Qué cosa sabía?

MIGUEL: ¿Me estás cargando?, ¿no me dijiste que se lo dijo el marido?

VICENTE: Sí, se lo dijo el marido.

MIGUEL: ¿Y entonces…?

VICENTE: Y entonces, ¿qué?

MIGUEL: Estás hecho un boludo, gordo. Para qué me decís que lo sospechaba si en realidad ya lo sabía.

VICENTE: No entendiste…lo que sospechaba era lo de la grieta.

MIGUEL: Ah…pero eso no se sospecha, alguien se lo habrá dicho.

VICENTE: No, no era que sospechara exactamente lo de la grieta, sino que sospechaba que estaba sucediendo algo raro en el edificio.

Miguel se acerca a Vicente.

MIGUEL: Dejate de joder, gordo. Te la querías culear y te la llevaste al sótano con la excusa de mostrarle la grieta, sos un baboso de mierda…ahora por tu culpa todo el edificio sale el sábado a la venta.

VICENTE: Estás hablando boludeces y me jode mucho que pienses eso de mí.

MIGUEL: Pero decime una cosa…¿te la llevaste al sótano o no te la llevaste al sótano?

VICENTE: ¡NO!, no me la llevé al sótano.

MIGUEL: ¿Entonces, no le mostraste la grieta?

VICENTE (vacilante): No…bueno sí…pero no…

Miguel lo encara desafiante y Vicente retrocede.

MIGUEL: ¿Sí o no?…, ¿sí o no?…

VICENTE: Le mostré la grieta…

MIGUEL: Ah…

VICENTE: …pero no me la llevé al sótano…ella me acompañó.

Miguel se da vuelta y se aleja unos pasos.

MIGUEL: Está bien gordo, está bien…vos te sacaste las ganas y me recagaste…¿para qué mierda voy a poner a la venta el departamento ahora, si todo el edificio se va a poner a la venta? ¿Quién carajo va a querer comprar un departamento en un edificio que está totalmente a la venta?

VICENTE: Estás exagerando, no va a pasar eso, ella me dijo que no se lo contaría a nadie.

MIGUEL: ¡Sí…justamente ella no se lo va a contar a nadie! Dejate de joder Vicente, si vos mismo acabás de decir que es una chusma de mierda.

VICENTE: Te digo que me prometió que no se lo iba a decir a nadie.

MIGUEL: ¿Y vos le creíste?

Tita golpea a la puerta. Miguel abre y ella entra.

TITA: Y lo bien que hizo en creerme, porque no se lo conté a nadie.

VICENTE (turbado): Hola Tita, justamente yo le estaba diciendo a Miguel…

TITA: Ya sé lo que le estabas diciendo, y también sé lo que él te estaba diciendo de mí. Debe ser la mala influencia de la mujer, (en ese momento entra Liliana) porque lo que es yo nunca crucé más que un saludo con él, así que no sé como puede hablar así de alguien que no conoce. Pero no importa, porque yo no vine acá a defenderme sino a hablar del edificio.

         Liliana entra al departamento.

LILIANA (a Miguel): ¿Vos invitaste a esta mujer?

MIGUEL: No, se invitó sola.

LILIANA (a Tita): Salga inmediatamente de este departamento.

TITA: Yo no vine a molestar y menos a pelear, vine porque estaban hablando del tema de la grieta y me involucraban a mí…

LILIANA: Claro, tema del cual te enteraste porque casualmente pasaste frente al departamento y no tuviste más remedio que escuchar…

TITA: No lo escuché frente a la puerta, lo escuché por la ventana, ¿y vos te creés que soy la única que lo escuché? De la manera como hablaban lo deben haber escuchado muchos, así que no me vengan a acusar a mí si después aparecen muchos departamentos a la venta.

LILIANA: Te felicito, muy ingeniosa, acabás de descubrir la coartada perfecta.

VICENTE: Ella tiene razón, Miguel, hablemos más bajo, este tema es muy delicado y no tienen que escucharnos.

LILIANA: Hay algo que no entiendo, dígame Vicente, ¿por qué usted está tan metido en esto si no es propietario?

VICENTE: Señora, el edificio es mi fuente de trabajo… a mi edad, si yo me quedo sin trabajo, ¿adónde voy a conseguir otro?

TITA: Por eso, este edificio nos involucra a todos, no es cuestión de andar queriendo escaparse. Tenemos que defender el edificio entre todos, eso es lo que tenemos que hacer.

LILIANA: Sí claro…por la unidad tremenda que hay en el consorcio seguro que nos vamos a poner todos de acuerdo…por favor…si cada vez que hay una reunión poco falta para que terminen a las trompadas unos cuantos. Y vos, especialmente vos, sos la que armás más quilombo. Por favor…nada de defender el edificio entre todos, que cada uno defienda lo suyo como pueda y se terminó.

TITA: ¿Y vos estás muy segura que vas a poder venderlo fácilmente?

LILIANA: Desde el momento que vos lo sabés ya no estoy segura de nada. Lo más probable es que el sábado estén la mayoría de los departamentos a la venta, pero bueno…ya se verá. Por lo pronto, nosotros ya lo pusimos a la venta.

TITA: ¿No me digas?, todo una sorpresa.

VICENTE: Yo creo que…

TITA: Vos te callás, porque sos el responsable de todo esto que está pasando.

VICENTE: ¡¿YO?!

TITA: Sí vos, vos sos el responsable, estuviste ELIGIENDO a la gente a la cual decírselo, en vez de informárselo al administrador. Vaya a saber una a cuántas personas más se lo estuviste diciendo…y todos nosotros creyendo que éramos los únicos enterados.

VICENTE: Pero si vos me obligaste a decírtelo…

TITA: Termínela con sus mentiras, Vicente, que ya bastante daño ha hecho.

VICENTE: ¡Esto es el colmo! (a Miguel) ¿te das cuenta lo que está diciendo esta mujer?

TITA (acercándose a Liliana): Mirá Liliana, yo sé muy bien que no te simpatizo, pero eso en este momento es secundario. A lo mejor es como vos decís y hay que tratar de salvarse uno, pero a lo mejor ya no es posible (mirándolo a Vicente) porque ya todo el mundo está enterado y…

VICENTE: Ah no…yo este garrón no me lo voy a comer. (A Liliana y Miguel) Yo a los únicos que les dije fueron a ustedes. (Liliana y Miguel miran a Tita.) Bueno…y a ella…pero con ella fue distinto porque me forzó.

TITA (riéndose de manera muy histriónica): Pobre hombre…lo forcé…va a aparecer un titular en los diarios que diga PORTERO ACOSADO POR VIUDA INSACIABLE. Termínela Vicente, ¿no se da cuenta que nadie le cree? Perdón…pero nos podemos sentar así charlamos más cómodos.

Sin esperar respuesta se sienta. Vicente agarra de un brazo a Miguel y le habla al oído. Este lo separa de mala manera y se sienta frente a Tita. Vicente mira a Liliana que aun permanece de pie, parece a punto de hablarle, pero ella lo disuade con una mirada.

MIGUEL: Vení Liliana sentate acá (señala a su lado).

Liliana lo hace. Vicente duda unos instantes y en el momento en que parece decidirse a sentarse él también, Tita lo frena en seco.

TITA: Perdón Vicente, pero estamos en reunión de copropietarios.

Liliana y Miguel asienten con la cabeza, Vicente los mira a los tres y se va haciendo con el brazo el gesto de “váyanse a la mierda”.

ESCENA 5

Es la puerta de entrada al edificio. Vicente está barriendo. A cada rato interrumpe su tarea, da unos pasos hacia la vereda y mira hacia arriba. Al rato, aparece Joelho.

JOELHO: Buenos días, Vicente.

VICENTE: Buenos días, doctor, ¿cómo le va?

JOELHO: Su pregunta me sorprende, Vicente. (Vicente lo mira sorprendido, en una actitud defensiva.) No estoy seguro de estar en condiciones de contestarle.

VICENTE: No hay problema…no hay problema, doctor… no hay ningún apuro.

JOELHO: ¿Y usted cómo se encuentra, Vicente?

VICENTE: ¿Yo?…yo ando bárbaro, por suerte ando bárbaro, doctor.

JOELHO: Sin embargo lo noto un poco tenso…

VICENTE: ¿Yo tenso?, no…qué voy a estar tenso yo, no tengo motivos para estar tenso yo (empieza a moverse nerviosamente), le habrá parecido doctor…¿tenso yo?…no, yo estoy muy tranquilo.

JOELHO: Vicente, ¿usted hizo alguna vez terapia?

VICENTE: ¿Yo terapia?…¿usted se refiere a…? (se señala la cabeza), no, por suerte nunca tuve que…no, claro, a usted le parece que yo…pero lo que pasa es que…bueno, puede ser que esté un poco nervioso, pero nada grave, ¿sabe?

JOELHO: Perdóneme Vicente, pero tengo que seguir mi camino.

VICENTE: Camine nomás…digo, vaya nomás, no se preocupe por mí, doctor.

Joelho sale. Vicente lo sigue con la mirada, se pasa la mano por la cabeza y sigue limpiando. Llega Miguel caminando por la vereda. Se para y mira hacia arriba. Lo mira a Vicente y mira hacia arriba otra vez.

MIGUEL: ¿Lo viste?, están colocando otro más. (Vicente lo mira fríamente sin decir nada.) Esto ya se parece a un shopping, la puta que los parió.

VICENTE: ¿Qué me mirás así?, boludo. ¿Yo qué tengo que ver?

MIGUEL (mirando hacia arriba): ¿Cuántos hay ya?…A ver…uno, dos, tres, cuatro, cinco…Ya hay cinco, sobre 10 departamentos a la calle ya hay cinco que tienen el cartel de venta…y los otros 5 seguro que también los pusieron a la venta pero no quisieron el cartel. Esto es una joda.

Vicente se pone al lado de Miguel y mira hacia arriba.

VICENTE: Para colmo, ése lo están poniendo mal, si llega a venir un viento fuerte se vuela a la mierda.

MIGUEL: Tenés razón…la costumbre de mierda ésa de ponerlos de a dos tipo libro…lo están sujetando primero de abajo…mirá cómo se les mueve…(se corren alarmados)

LLega Tita.

TITA: ¡Dios mío!, parece que ese cartel se va a caer en cualquier momento

Vicente la mira fijo por unos instantes y luego grita hacia arriba.

VICENTE: Ahora

         Tita lo mira a Vicente sin entender. Miguel se da vuelta simulando estornudar para disimular la risa.

TITA: ¡Qué horror, por favor!, en qué se ha transformado este edificio. (Vicente se pone a limpiar otra vez.) ¿Vio Miguel?, al final fue como nosotros pensábamos.

MIGUEL: Sí, lamentablemente sí.

TITA: Todos ellos se van a dar cuenta solos que éste no es el camino. Me imagino que usted estará ahora convencido que hizo bien en levantar la venta de su departamento.

Vicente deja de limpiar y lo mira a Miguel.

MIGUEL: Sí, iba a ser tiempo perdido.

TITA: Yo vengo de hablar con el administrador. Se sorprendió mucho, no lo podía creer que no le hubieran dicho antes.

VICENTE: Y…no tuve tiempo porque me la pasé mostrándosela en el sótano a algunas personas.

TITA: ¿Usted no siente un olor nauseabundo, Miguel?

VICENTE: Sí, yo sí, apareció recién.

TITA: Voy a entrar porque ya no lo soporto. Miguel, el administrador me dijo que va a llamar a una reunión de consorcio después de venir a ver la grieta.

VICENTE: Ya me imagino quién se la va a mostrar.

Miguel le hace gestos para indicarle que la corte.

TITA: Hasta luego, Miguel, saludos a Liliana.

MIGUEL: Chau, Tita.

VICENTE (parodiándola a Tita): Hasta luego, Tita, saludos a su marido. (En un tono más bajo.) Andá a la concha de tu madre.

MIGUEL: Estás pasado, Vicente.

VICENTE: ¿Yo estoy pasado?, ustedes son los que están pasados, que me vienen a achacar la culpa a mí.

MIGUEL: Y…Tita tiene razón, tendrías que haberle avisado al administrador.

VICENTE: Ah…flor de piola que sos…¿ahora me lo decís?, ¿por qué no me lo dijiste  antes?

MIGUEL: Bueno…yo también me equivoqué, hay que saber reconocer los errores.

VICENTE: El único error que cometí es habérselo dicho a esa turra.

MIGUEL: No fue a la única a la que se lo dijiste.

VICENTE: Está bien, a nadie se lo tendría que haber dicho, a nadie…me tendría que haber callado y buscado otro edificio bien calladito nomás…y ustedes que se jodan. La vida es así, vos querés ayudar y terminás jodido. Ahora el que va a cargar el fardo con el administrador soy yo, ¿te das cuenta? A lo mejor me echa y todo. Si vos la hubieras sacado cagando de tu departamento a la turra ésa, las cosas serían muy distintas.

MIGUEL: Dejate de joder, Vicente, si fuiste vos el que se lo dijo.

VICENTE: Sí, pero yo te fui a advertir, yo te fui a contar lo que me había pasado y vos qué hiciste, ¿eh? (En un tono solemne y peyorativo.) “Esta es una reunión de copropietarios.” Andá… VOS dejame de joder.

MIGUEL: Mirá, por mi parte no te tenés que preocupar, frente al administrador yo no me enteré de la grieta, fijate que no puse a la venta el departamento.

VICENTE: Sí, pero está la otra turra, ella me mandó al frente seguro.

MIGUEL: Pero, ¿qué  pruebas hay que vos se lo dijiste a ella?

VICENTE: No me puedo hacer el boludo, Miguel, si yo bajo todos los días al sótano.

MIGUEL: Bueno, pero vos podés decirle al administrador que lo sabías y que se lo ibas a decir pero que ella se adelantó. El tema es ¿a qué otro se lo dijiste?

VICENTE: Te juro que a los del 6° B y a nadie más. (Se miran fijo.) ¿O qué?, ¿vas a seguir creyéndole a esa turra que fui yo el que botoneó a todo el mundo?

MIGUEL: No, está bien, lo que pasa es que como tenés tantos amigos…

VICENTE: No me jodás, Miguel, que como dijo el doctor Joelho estoy muy tenso.

MIGUEL: No me digás que te fuiste a revisar por el chiflado ése.

VICENTE: Más respeto che…doctor chiflado, en todo caso. (Se ríen.) Bueno, voy a ver qué quiere la patrona que me llamó hace un rato.

MIGUEL (entrando): Mientras no la haya ido a ver Tita…

VICENTE: Te juro que la amasijo…si le llegó a contar algo la llevo al sótano y la corto en pedacitos, te juro…

MIGUEL (sonriendo): Después…

VICENTE: ¿Después?…no, vos estás muy equivocado, seguís insistiendo con eso pero no pasó nada en el sótano, ¿no viste la bronca que me tiene?

MIGUEL: Y bueno gordo…qué sé yo…a lo mejor fue porque estás muy tenso.

VICENTE: Pobre de vos…qué tenso ni tenso…(Miguel entra.) Ya la voy a agarrar sola a la guacha ésa.

Se apagan las luces.

                                                  ESCENA 6

En el escenario vacío están todos los personajes. Hay una semi-penumbra. Cuando hable un personaje, un reflector lo iluminará y el resto  permanecerá ausente.

TITA: Todos los pusieron a la venta. Todos. El frente del edificio está totalmente cubierto de carteles. La gente se para y mira, algunos preguntan y se van. Otros entran y se van rápido. No se puede vender. Yo no quiero vender, ¿adónde podría ir? Nuevas caras, otros pasados, se necesita mucho tiempo, no quiero volver a empezar. Yo no quiero vender. Ellos quieren vender, pero no van a poder.

MIGUEL: Ella tiene razón, jamás podría venderlo sin decir nada de la grieta. Nunca lo quise a este departamento, pero no quiero irme así, escapando.

LILIANA: Si él supiera…si él supiera porque no me quiero ir, la razón verdadera por qué no me quiero ir…¿A quién decírselo? Nadie lo podría entender, ni yo lo puedo entender. No me quiero ir porque tengo miedo, porque no sé adónde podríamos ir. Acá nacieron nuestros hijos, es chiquito pero es nuestro, ¿adónde podríamos ir?

ROSALÍA: ¿A quién le importa la grieta? ¿A quién le importa vender o arreglar o no vender y no arreglar o vender y no arreglar o…? ¿A quién le importa si todo es lo mismo? Todos seguiremos siendo lo mismo, ¿o acaso Eliseo va a cambiar?, ¿o acaso yo voy a cambiar?

ELISEO: Vender e irnos lejos de acá, tan lejos como nos sea posible, adonde no puedan venir a visitarnos ningún pariente. Tan lejos como para que nadie pueda pedirnos ningún favor. Lejos, lejos de todo, lejos.

NANO: Sí, voy a pagar el arreglo, voy a pagar como cualquiera, ya sé que les gustaría que no pagase, así me meterían un juicio. Son todos envidiosos son, eso es lo que son. Pero no les voy a dar el gusto, no me voy a meter en otro quilombo más, ya bastante quilombos tengo en mi vida.

JOELHO: Tener coraje o no tenerlo, esa es la cuestión. No tenerlo fue el gran error de mi vida. Siempre preguntando, ¿y a usted qué le parece? Cuando tuve que decir, sólo pregunté…y después ya fue muy tarde. Y ahora sigo preguntando, en vez de opinar.

HORTENSIA: Son todos como niños, los hombres son todos como niños. Pasan los años y más me doy cuenta que no crecen, siguen comportándose igual, con esos caprichos, esas ínfulas…Cuantos más años pasan, más me doy cuenta de que me gusta que sean así.

VICENTE: Yo supe de la grieta bastante tiempo antes de decírselo a Miguel. Busqué otro puesto como loco, pero nada. Como finalmente se iba a saber, pensé en que por lo menos un amigo se salvara. Así fue como me pagó, ahora no hablo más, que se arreglen. Mañana mismo me voy de este edificio.

A partir de este momento, todos los personajes comienzan a moverse por el escenario. Cuando se cruzan, se detienen brevemente, se miran fijamente y luego cambian de trayectoria.

Tita lo busca a Vicente, lo toma de un brazo y lo lleva al frente. Los reflectores iluminan la escena.

TITA: Quería hablar con vos.

VICENTE: ¿No me digas?, yo no quiero hablar con vos.

TITA: Qué mal perdedor que sos.

VICENTE: ¿Mal perdedor?

TITA: Sí, muy mal perdedor, no aceptás que te haya ganado una mujer.

VICENTE: Vos no me podés ganar a nada, ni siquiera a chusmear me podés ganar.

TITA: Y…sin embargo te gané. (Vicente la mira como diciendo “qué boludeces que decís” y se da vuelta para irse.) ¿Te gané a tu amigo o no te gané a tu amigo?

VICENTE: ¿Ganarme a mi amigo? Se ve que sos mujer, ustedes nunca van a entender lo que quiere decir la amistad. El te dio la razón esa noche porque estaba con la mujer, pero después estuvimos hablando…el día que estábamos en la puerta…vos nos viste…bueno, ahí quedó todo bien en claro…la única responsable de todo este quilombo sos vos y nadie más que vos.

TITA: Sí claro… vos no tenés la culpa de nada, ¿no?

VICENTE: No sé para qué me pongo a hablar con vos si no entendés nada, chau.

Se da vuelta para irse.

TITA: Esperá, esperá, no te vayás todavía que me queda algo por decirte. (Vicente la mira.) La otra noche en el sótano estuviste bárbaro.

VICENTE: Andá a cagar.

El reflector se queda sobre Tita que se queda perpleja viendo como Vicente desaparece entre las sombras.

Liliana y Miguel pasan a primer plano.

LILIANA: ¿Cómo andás Miguel?, hace días que no me hablás…

MIGUEL: Ando con mucho trabajo.

LILIANA: LLegás muy tarde, te sentás a la mesa, te ponés a ver televisión y después te vas a la cama. Cuando llego ya estás dormido.

MIGUEL: Ya te dije, estoy muy cansado.

Pausa. Liliana lo mira mientras él se queda mirando un punto fijo.

LILIANA: ¿Qué sabés de la grieta?

MIGUEL: Que está creciendo todos los días.

Se apagan los reflectores. Desde el extremo izquierdo del escenario Eliseo camina hacia el centro acompañada por un reflector.

ELISEO: Yo no pienso regalar mi departamento. Acá la cuestión es vender, pero a un precio razonable. Los que tienen otras razones para irse que hagan lo que quieran. Yo me quiero ir, pero no a cualquier precio.

Aparece Nano.

NANO: Vos estás hablando de mí a mis espaldas, ahora que me tenés de frente decime lo que tenés que decirme, ¿a ver?

ELISEO: Yo no estaba hablando con usted.

NANO: No, ya lo sé, estabas hablando solo, como los locos…

ELISEO: Usted es un patotero, ya lo demostró en mi departamento, así que no pienso hablar ni una palabra con usted.

NANO: ¿Y cómo vas a hacer?, ahora no está tu mujercita para defenderte. (Eliseo le da la espalda y camina hacia una punta. Nano lo alcanza y lo da vuelta.) Cuando yo te hablo me tenés que mirar. (Eliseo le da un rodillazo en las bolas, Nano cae de rodillas al piso quejándose.)

Se encienden las luces y entra Hortensia.

HORTENSIA: Señor Goy, ¿qué le pasó?

ELISEO: Parece como si fuera un retorticón muy fuerte.

Eliseo intenta ayudarlo a pararse y Nano le tira un golpe. Eliseo le patea un tobillo y Nano cae agarrándoselo.

NANO: Hijo de puta…

HORTENSIA: Pobrecito…no puede tenerse en pie.

ELISEO: Sí, parece que es algo más grave, habría que llamar al doctor Joelho, ¿no le parece?

HORTENSIA: Sí, ya mismo voy a buscarlo.

ELISEO: No, usted mejor quédese a cuidarlo, voy yo.

Eliseo sale. Hortensia intenta ayudar a Nano a levantarse, pero él no la deja y lo hace solo. Aparece Joelho, está alterado.

JOELHO: Me dijeron que necesitaba mi ayuda, ¿qué fue lo que pasó?…no, mejor no me cuente nada, déjeme ayudarlo, yo soy médico, ¿dónde le duele?

NANO: No, ya pasó, no se preocupe, tordo, lo llamaron al pedo, ya estoy bien…

JOELHO: No tenga miedo, yo soy médico, médico psiquiatra, no ejercí la medicina clínica pero tengo los conocimientos, no importa lo que le hayan dicho de mí, tenga confianza, yo quiero ayudarlo.

NANO: Tranquilo tordo, está todo bien.

HORTENSIA: No sea rebelde, señor Goy, si el doctor dice que lo puede ayudar téngale confianza.

NANO: No hace falta, no necesito ayuda, a ver si me entienden…

JOELHO (a Hortensia): Es inútil señora, uno comete un error, un solo error y después tiene que pagarlo durante toda la vida.

HORTENSIA: No se ponga así doctor, gente injusta hay en todas partes, pero la mayoría no es así, yo se lo puedo asegurar.

JOELHO: De nada valen los esfuerzos que uno haga…el precio es tan alto…

NANO: Todo el mundo habla del precio, el precio de acá, el precio de allá, pero no existe el precio, existen precios, para cada cosa existen precios, varios precios, no uno solo.

JOELHO: Estoy de acuerdo, totalmente de acuerdo, tenemos la tendencia a extender nuestra subjetividad como si fuera una realidad externa incontaminada por nuestros sentidos.

NANO: Está el precio del comprador y el precio del vendedor, ¿acaso alguno de los dos es más valedero que el otro?

JOELHO: Claro que no, cada uno de nosotros apenas percibe una pequeña porción de la realidad y ninguna es la total.

NANO: Inclusive el precio de cada uno de ellos es relativo, depende de muchas cosas, por ejemplo, la urgencia de la venta y de la compra, el por qué, el para qué. Lo que puede parecer un precio muy alto en determinada circunstancia es en realidad un precio bajo y viceversa, ¿no es cierto?

JOELHO: Lo que usted dice es totalmente cierto, pero en mi circunstancia el precio que he tenido que pagar es muy alto, demasiado alto, porque es cierto que yo sabía que estaba muy mal y es cierto que ella necesitaba mi ayuda y que yo no le dije lo que tendría que haberle dicho, pero también es cierto que nunca podría haberme imaginado lo que haría.

NANO: Entiendo, sí, lo entiendo muy bien, pero piense, ahora usted está solo, en realidad ese precio ya lo pagó, quizás ahora no pueda recuperarlo, lo que se dice resarcirse, ¿no?, pero estamos en un edificio con graves problemas, las circunstancias son distintas, ¿no le parece? hay que saber adecuarse.

JOELHO: Sí, hay que saber adecuarse.

HORTENSIA: Esa es la base de la felicidad en la vida, el que no se adecúa pierde dos veces.

Comienzan a hablar en voz más baja y los tres se alejan hacia un extremo posterior del escenario.

Aparecen Liliana y Miguel gesticulando como si discutieran. Ella da vueltas a su alrededor, él por momentos la sigue girando sobre sí mismo y por momentos se queda quieto mirando el piso.

Aparecen Eliseo y Rosalía y se topan con Liliana y Miguel.

ELISEO: ¿Y?, ¿tienen novedades?

LILIANA: No, ¿y ustedes?

ROSALÍA: No, dos meses fue un plazo muy corto.

LILIANA: ¿Se vence mañana, no?

ELISEO: Sí, mañana se vence.

ROSALÍA: Pero sé que hubo una persona que pudo vender, ¿no?

LILIANA: Sí, Analía, pero lo vendió a un precio muy bajo y, según parece, se lo compró la misma inmobiliaria y le hizo firmar un papel en el que se tuvo que comprometer a pagar todo el gasto del arreglo de la grieta y, encima de eso, si el edificio tuviera algún otro problema, ella sería responsable de todos los otros gastos que hubiera por ese problema.

ROSALÍA: Antes que vender así prefiero no vender, es una locura.

MIGUEL: Es en lo que estuvimos de acuerdo en la última reunión.

ELISEO: Pero no a ese precio.

Se acercan Nano y Joelho. Eliseo se pone en guardia para enfrentar a Nano, pero éste lo ignora. Se forma un círculo para incorporarlos

NANO: De eso justamente estábamos hablando.

ROSALÍA: ¿De la venta del departamento de Analía?

NANO: De los precios.

JOELHO: De los precios que tenemos que pagar durante nuestra vida.

Aparece Tita. El círculo se amplía.

TITA: Bueno, finalmente yo tenía razón, ¿se dieron cuenta? Habríamos ganado un tiempo precioso si habríamos arreglado la grieta.

HORTENSIA: Hubiéramos…si hubiéramos arreglado la grieta.

TITA: Es lo que yo dije, si hubiéramos arreglado la grieta antes nos hubiera salido más barato.

HORTENSIA: Habría… habría salido más barato.

TITA: Sí…nos habría salido más barato porque ahora la grieta creció y rompió los testigos de yeso que habían puesto.

NANO: Nosotros no tenemos que pagar ese arreglo, a nosotros nos vendieron un edificio sano, el que tiene que pagar el arreglo es el constructor que hizo las cosas mal.

LILIANA: Eso ya fue hablado y no se puede.

ELISEO: ¿Por qué no se puede?

LILIANA: Por qué ya pasaron más de diez años desde que se construyó el edificio.

ELISEO: ¿Y…?

LILIANA: Es el plazo que fija el Código Civil para reclamar por vicios ocultos.

ELISEO: Pero eso es injusto.

NANO: ¿De qué se asombra? Ya lo dijo Martín Fierro: “La Justicia es una telaraña, atrapa al bicho chico pero el grande la rompe”

HORTENSIA: Eso lo dijo el viejo Vizcacha y ese viejo asqueroso también escupía al asado de los demás para comer él.

El círculo se va estrechando.

ROSALÍA: Es verdad, pero no deja de ser injusto que tengamos que pagar nosotros la culpa de otro. Si el constructor hubiera hecho las cosas bien no se habría hecho la grieta.

TITA: Hay que ser prácticos, lo único que podemos hacer es arreglar la grieta cuanto antes.

NANO: Qué apurada que sigue usted con el arreglo, ¿eh?, ¿viene de hablar con el administrador?

TITA: No estoy tan apurada para arreglar como usted para irse del departamento.

ROSALÍA: Y encima de todo nos vamos a tener que ir a vivir de prestado a otra parte porque hay que deshabitar el edificio durante el arreglo. No es justo, hay gente que va a tener que alquilar por no tener ni parientes ni amigos que los ayuden. No es justo.

HORTENSIA: Nada, no podemos hacer nada, lo de siempre queridos, agachar la cabeza y aceptar, en la vida hay que saber adaptarse, el que no se adapta pierde dos veces.

MIGUEL: ¿Quién sabe como se llama el constructor?

Entra Vicente.

VICENTE: Puritto, se llama.

MIGUEL: Es un chiste…

VICENTE: No, es verdad, se llama así, Puritto, con doble t.

MIGUEL: ¿Cómo lo sabés?

VICENTE: Se lo oí al administrador.

MIGUEL: ¿Sabés si sigue en actividad?

VICENTE: Me parece que sí, porque escuché que el administrador hablaba por teléfono con él.

MIGUEL: Entonces debe tener un local o una oficina.

LILIANA: ¿Por qué preguntás eso. Miguel?

El círculo se estrecha aun más, Miguel se pone en el centro y habla girando lentamente.

MIGUEL: Escuchen, la grieta la tenemos que arreglar cuanto antes, esto es algo de lo cual no podemos zafar, y para eso tenemos que mudarnos cada uno por su lado. Pero hay algo que podemos hacer, todavía hay algo que podemos hacer si permanecemos unidos. La ley no está de nuestra parte, la ley está de parte del atorrante ése que construyó el edificio. Pero, ese tipo todavía está en actividad, y si está todavía en actividad es porque construye para otros o para vender él mismo después, o sea, que sigue necesitando clientes. ¿Qué se imaginan ustedes que pasaría si nosotros, si todos los habitantes de este edificio, nos plantáramos frente a su empresa y le pidiéramos a los gritos que pagara el arreglo de la grieta y todos los gastos extras que ocasiona?

TITA: Que nos meterían a todos presos.

LILIANA: ¿Por qué, por pedir por lo que es justo?

TITA: No, querida, por alterar el orden público.

MIGUEL: Si fuera así tendría mayor repercusión todavía, ¿se imaginan ustedes saliendo en la televisión…?

HORTENSIA: No, no me imagino, no me gusta nada la idea.

TITA: La verdad…esto de salir a la calle a protestar como si fuéramos obreros o estudiantes…

MIGUEL: Salir a la calle a protestar, sí, salir a protestar contra una injusticia, ¿o acaso alguno de ustedes tiene dudas de que es una injusticia que tengamos que pagar ese arreglo y vivir de prestado por un tiempo porque hay un tipo que se mandó una tragada o es un incapaz?, ¿hay alguien que piense lo contrario? Porque si hay alguien que tenga una mejor idea para no tener que seguir agachando la cabeza y adaptándonos como dice la señora, que lo diga, a mí no se me ocurre ninguna otra.

ELISEO: Es una buena idea, a mí me gusta, no voy a sentir ninguna vergüenza en salir a la calle a protestar, yo no quiero que tengamos que ir a vivir de prestado a la casa de mi mamá, yo quiero que me paguen el alquiler del lugar a donde tenga que ir, es lo justo, eso es lo quiero.

ROSALÍA (se le acerca y lo toma del brazo): Es la única que nos queda, si queremos que nos paguen tenemos que salir a pelear.

VICENTE: Puritto va a tener que aflojar cuando nos vea a todos en la calle, no se la va a bancar.

TITA: No sé…tendríamos que estar todos, porque si vamos a ser tres o cuatro…

NANO: Por eso habría que hacerlo ya, porque si nos mudamos ya nadie nos vuelve a juntar.

HORTENSIA: Esperen, esperen, piensen un poquito, ¿ustedes se creen que va a ser posible que nos juntemos todos los habitantes de este edificio para ir a protestar a la calle? Por favor…piensen un poquito.

MIGUEL: Si no lo hablamos con la gente nunca lo vamos a saber.

HORTENSIA: Nunca vamos a estar todos de acuerdo, es una idea muy loca.

NANO: Lo que es loco es resignarse a pagar la cagada que se mandó ese hijo de puta.

HORTENSIA (señalándolo a Nano): Se dan cuenta lo que va a pasar si salimos con este señor a la calle.

NANO: Escucheme maestrita…

         Hay diálogos cruzados.

JOELHO: ¿Me permiten?…¿me permiten? Estamos discutiendo qué hacer y la mayoría de nosotros no ha bajado aun al sótano para ver la grieta. Yo mismo no lo hice.

HORTENSIA: Es cierto, es muy peligroso salir así a la calle a protestar.

JOELHO: Escuchen, escuchen por favor. Nunca vamos a llegar a ponernos de acuerdo sin antes haber visto la grieta.

NANO: Tordo…¿por qué insiste con la grieta?, ya todos sabemos que existe, no hace falta ir a verla.

JOELHO: ¿Cómo es?, ¿desde dónde hasta dónde se extiende? ¿es ancha, fina, mediana?, ¿tiene bordes filosos?, ¿es muy zigzagueante o es más bien recta? No es cualquier grieta, esa es nuestra grieta, esa es la grieta que nos metieron a la fuerza. Tenemos que conocerla bien antes de tomar decisiones. Tenemos que ir a verla e invitar a todos a que la vean. No es lo mismo hablar de una grieta en el sótano, que hablar de la grieta que hemos visto y tocado en el sótano.

Se  producen nuevos comentarios.

HORTENSIA: Es verdad, yo nunca bajé y ahora que usted lo dice así tengo ganas de ir a verla.

MIGUEL: Bueno, bueno…¿estamos todos de acuerdo? (todos lo miran sin hablar). Entonces vamos, vamos que me parece que ya empezamos a cerrar esa grieta.

El grupo sale del escenario conversando animadamente

                                                          FIN