En relación a la tragedia de Villa Soldati, quiero compartir un tema, no porque los demás aspectos político-sociales no me interesen, sino porque el racismo y la xenofobia me vienen pegando duro desde hace un par de años. En mi opinión, el miedo es el generador del odio: miedo a perder lo que se tiene, miedo a ser tan pobre como ellos, el miedo de los vecinos del cemento frente a los villeros que “contaminan el espacio público”. Amplios sectores de la “clase mieda”, como la bautizó Abelardo Ramos, vienen históricamente manifestando ese miedo, aunque ahora también estamos viendo sectores más pobres que se contagian y expresan un odio discriminador y agresivo. No es casual que las clases dominantes propalen desde siempre el miedo a la inseguridad física – los negros de las villas que atacan a los propietarios blancos – saben que de esa manera generan el odio necesario para favorecer el enfrentamiento entre sectores populares que, de otra manera, podrían tomar conciencia de las condiciones objetivas que perjudican a todos. Cómo luchar cada uno de nosotros contra ese miedo, que nos hace también odiar al represor y al explotador, es una tarea ineludible porque el odio siempre nos resta energía. En ese sentido, las declaraciones de Félix Díaz, el dirigente Qom que está actualmente en Buenos Aires a la espera de una entrevista con la Presidente
, nos debe servir de ejemplo: no hay odio en su discurso, sino una firme y convincente determinación para buscar la justicia.