Si el Peronismo logra la unidad y organiza un frente electoral, es muy probable que triunfe en las próximas elecciones. De cualquier manera, el futuro de Argentina no dependerá de ese hecho, sino del programa de gobierno que lleve a cabo.
Hay solo dos opciones que, sin riesgo de parecer simplificadas, son las siguientes:
- Neoliberal: “amigable” con el Mercado, que implica la aceptación de que el déficit fiscal cero” es el eje del programa a cuyo alrededor girarán todas las medidas, sin generar un fuerte control sobre la fuga de dólares. Continuar con el pago de la deuda al FMI
- Peronista: Reforma tributaria radical para que el aumento de los ingresos al fisco provengan de los ricos (Poder Económico) y permita las inversiones sociales necesarias con un déficit fiscal entre 2% y 3% del PBI (existente en todos los países de Europa) que, sumado a una drástica disminución de la fuga de dólares y el consiguiente superávit comercial, permitan el sostenimiento de una baja inflación y la paulatina recuperación del poder adquisitivo. Renegociar el pago al FMI.
En el primer caso, las consecuencias serían una mejora transitoria de la microeconomía basada en el pacto con el Poder Económico, que reduciría sus pretensiones a la espera del desgaste del gobierno, porque no podría satisfacer las expectativas de la mayoría de la población, tal como sucedió con la última parte del gobierno de Cristina y el de Fernández. El siguiente gobierno liberal enterraría definitivamente la posibilidad de consolidar un país justo, libre y soberano, porque profundizaría aún más la entrega a través de mayores reformas antinacionales y antipopulares.
El segundo caso provocaría una rápida reacción del Poder Económico a través de sus consabidas armas desestabilizadoras, como la inflación y la presión devaluadora, que deberían ser enfrentadas con decisión por el Gobierno y la movilización popular. Si en esta feroz confrontación triunfara el Poder Económico, se llegaría al mismo trágico final que en el caso anterior pero, si sucediera lo contrario, se alcanzaría una estabilidad donde se podría empezar a satisfacer todas las demandas sociales y proyectarse al futuro con una fuerte expectativa de alcanzar la justicia social en el largo plazo.
En resumen, el primer caso conduciría irremediablemente a una colonia, mientras que el segundo abriría la posibilidad de transformar definitivamente a la Argentina.