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Escritos de narrativa, teatro y análisis

Proscripción

La investigación sobre el origen de un capital, sospechado de ilegal, tiene un fundamento jurídico y es llevada a cabo con mayor o menor éxito en función de las condiciones políticas. No sucede lo mismo con el origen de un capital que tiene una trazabilidad legal adecuada.

            Así como no se cuestiona el origen de las tierras expoliadas a los pueblos originarios, tampoco se cuestiona el origen de un capital obtenido por herencia, con préstamos bancarios, subsidios del Estado o simple acumulación personal.

            El basamento jurídico-político del capitalismo es la proscripción del pasado, que se renueva diariamente de manera incesante. Esto es así porque todo capital, sin excepciones, es el resultado de un trabajo socialmente acumulado, es decir, la acumulación de fuerza de trabajo no remunerada.

            Vayamos a un ejemplo sencillo. Un hombre construye una azada con material propio y se la entrega a otro hombre desocupado para que abra un surco y siembre unas semillas silvestres, proponiéndole que la venta de esa cosecha la dividirá de la siguiente manera: el trabajador recibirá el valor de los alimentos que ha consumido para hacer el trabajo y el otro se quedará con el resto.

Éste último razona que es un trato justo: él ha puesto los elementos para que pudiera hacerse el trabajo y el trabajador ha logrado alimentarse con su trabajo, algo que, de otra manera, no habría podido hacer. El trabajador no tiene más remedio que aceptar.

¿Habría otra manera de dividir la ganancia? Sí. El poseedor podría haber descontado el consumo que realizó para fabricar la azada y recoger las semillas, que fue su aporte de trabajo, pagarle el consumo al trabajador, y el resto dividirlo en partes iguales. Pero ésta última no es la lógica imperante en el capitalismo, donde se impone el poder del capitalista porque posee el capital para hacer el trabajo.

Esta es la razón por la que el capitalismo no cuestiona el origen del capital, sino que legaliza el poder del capitalista sobre el trabajador. O sea, realiza una proscripción del pasado, mecanismo oculto y fundamental que es el basamento del sistema y está naturalizado por la enorme mayoría del pueblo.