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Escritos de narrativa, teatro y análisis

REPRESENTACION

Hay dos significados esenciales de esta  palabra que están íntimamente relacionados:

  1. “Imagen o idea que sustituye a la realidad.”
  2. “Conjunto de personas que representa a una entidad, colectividad o corporación.”

Es posible, entonces, hacer una síntesis de ambas:

Conjunto de personas que, mediante imágenes e ideas sustituyen a otro conjunto de personas más grande.

Sin embargo, falta agregar algo muy importante: el objetivo. Es decir, cuál es la causa por la que este conjunto de personas se constituye para ejercer la representación.

En el caso de Comisiones Directivas de asociaciones civiles o sindicatos, el objetivo está muy claro. En ambos casos, ese conjunto de personas debe llevar a cabo las resoluciones de las Asambleas, a las cuales tienen el derecho de asistir la totalidad del conjunto de representados y son soberanas. Es decir, su legitimación, aparte del acto eleccionario original, se ve ratificada periódicamente por su accionar.

Pero, ¿qué sucede con los Partidos Políticos? Sus dirigentes son elegidos por los afiliados, pero no por el conjunto de personas que los votan para gobernar. Existe la suposición tácita que se votan las propuestas, pero, en realidad, ese voto está basado en el acto de fe que esos dirigentes generan a través de sus imágenes e ideas. Cuando el Partido triunfante dice que ejerce la representación de sus votantes para gobernar está, en realidad, cometiendo una usurpación, más allá de lo que diga la Constitución. Y mucho peor aun cuando asume la representación de la totalidad del Pueblo.

Últimamente, se habla mucho de “crisis de representatividad”, con referencia a la fragmentación generalizada de los Partidos. En realidad, la crisis es mucho más profunda. Se trata de la imposibilidad de sustituir mediante imágenes e ideas a la realidad, encarnada en los intereses materiales y espirituales de la gran mayoría del Pueblo.

Los dirigentes de los Partidos, en el mejor de los  casos, sólo  pueden representar a  sus afiliados. El sistema electoral establecido por la Constitución es engañoso y mal intencionado. Convalida la preexistente distribución desigual de la riqueza, porque crea un Poder Político no representativo que no puede enfrentar al verdadero Poder que es el económico.

Muy distinto sería el caso si el Poder Político estuviera ejercido por una Asamblea Nacional formada por representantes del Pueblo elegidos directamente, sin intermediación de Partidos. Estos dirigentes surgirían naturalmente por su participación en cada comunidad a través de su lucha en defensa de los intereses comunes. Se evitaría así la aparición de profesionales de la política y empresarios que tienen como único “mérito” su avidez por el dinero. De esa manera, quedarían en evidencia cuáles son los verdaderos intereses materiales y espirituales de la gran mayoría del Pueblo, que están en claro oposición al Poder Económico.

La Reforma Constitucional debería ser la prioridad número uno para resolver la grave crisis económica y social que sufre la Argentina.