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Escritos de narrativa, teatro y análisis

Solución libertaria

Milei volvió de su viaje con el kipá bendecido por el Papa. No había conseguido que lo bendijera a él, pero le sirvió de consuelo. Estaba tan entusiasmado con su logro que no quiso sacárselo en ningún momento, a pesar de la insistencia de Karina. En el avión, mientras dormía, ella lo intentó, pero sólo consiguió desacomodarle la peluca, ante la sorpresa de algunos pasajeros que lo habían votado, fascinados con la poderosa melena del león.

Milei no es pelado, se afeita para parecerse a Cavallo. Todas las noches se quita la peluca y frente al espejo busca la confirmación de su hermana. Al bajarse del avión ya se le había pasado el ataque de furia por el fracaso de la ley ómnibus y dio instrucciones para una reunión de emergencia con los dos Caputo y Posse.

Los convocados estaban conversando con Karina en la sala de reuniones de la residencia de Olivos, cuando vieron que Milei entraba acompañado por un desconocido. Su expresión desencajada contrastaba con la alegría exultante del Presidente. Se miraron entre sí porque nadie lo conocía, jamás había participado de las reuniones del círculo íntimo.

− Venía conversando con Daniel acerca de mi idea genial. −La cara de sorpresa generalizada, excepto la de Karina, lo hizo reaccionar−. Ah, claro, no lo conocen, se trata de Daniel Méndez, el presidente de la Casa de la Moneda.

Luego de las presentaciones formales de rigor, en las que el Toto no pudo disimular su disgusto porque recordó que se trataba de un asesor financiero que aparecía justo cuando estaba disfrutando del descrédito de Sturzenegger, Milei pasó rápidamente al tema.

− Toto, el problema principal de Argentina no es el déficit fiscal, ¿no es cierto?

El Toto venía argumentando en su última aparición televisiva que todos los ajustes eran necesarios para eliminar el déficit. La pregunta le sonó a una trampa para desprestigiarlo frente al nuevo financista de confianza.

− Bueno, presidente, usted sabe que (balbuceo)…

− Es un problema, ya sé, pero lo fundamental es la falta de dólares, ¿no es cierto? −Santiago Caputo y Posse afirmaron enfáticamente con la cabeza. El Toto tenía los ojos desorbitados y miraba alternativamente a Milei y al financista−. Bueno, ya se lo dije a Daniel y ahora se los digo a ustedes, si no entran los dólares que necesitamos, los tendremos que fabricar nosotros.

Los Caputo y Posse rieron, Méndez parecía catatónico, Karina miraba dulcemente a su hermano. La mirada de Milei tenía esa intensidad que ya los había aterrorizado en otras circunstancias. El pasaje de la risa a la seriedad fue peor que un aterrizaje forzoso. El Toto habló con voz tenue.

− ¿Usted se refiere a emitir más bonos en dólares?

− No, Toto, no, basta de bonos, billetes, los verdes, tenemos que fabricar los verdes, Daniel me aseguró que la Casa de la Moneda tiene la capacidad suficiente para hacerlo.

− Perdón, presidente, usted me preguntó si la institución tiene una alta capacidad tecnológica y yo le respondí que sí, pero…

− Perfecto, es lo que yo digo, hay que hacerlo y listo.

Los Caputo y Posse miraron a Karina en búsqueda de alguna señal de cordura, pero ella sólo tenía ojos para su adorado hermano.

(Es una lástima que sólo hayamos tenido acceso al audio de la reunión, porque la visión de las caras que registraron las cámaras secretas instaladas por Milei se habría transformado en un “tropic” de alcance mundial.)

Fue Santiago, no el Toto, el que reaccionó.

− Señor Presidente, eso es imposible, sería una estafa.

− Tengo el apoyo incondicional de Israel, lo hablé con Ben Gurion.

Los esfuerzos de Santiago para buscar un ancla de racionalidad eran encomiables.

− ¿Lo habló con Netanyahu?

− Noooo, ese tipo está loco, me comuniqué con el fundador de Israel en el muro de  los lamentos, fue muy emocionante.

El Toto se encogió en su sillón y logró apoyar la frente en una mano para evitar que se le cayera la cabeza. Nadie lo miraba a Méndez, el color de su cara anunciaba un desmayo o algo peor. Santiago se sintió solo y desamparado, pero hizo un último intento.

− Pero los dólares los fabrica EE.UU, no Israel.

− Sí, ya sé Santi, pero no te olvides que los que manejan la plata en EE.UU son todos judíos. Además no los usaremos para pagarle al FMI, sino las importaciones.

Milei entendió que el  silencio reinante constituía una aprobación de su idea y dio por terminada la reunión, luego de darle a Méndez la orden para que se abocara rápidamente a la tarea.