Skip to content

Escritos de narrativa, teatro y análisis

Tenebroso

Hay algunos indicios de quiénes serían los beneficiados una vez que termine la cuarentena. En primer lugar, los multimillonarios que habrían guardado efectivo y oro en los paraísos fiscales y que estarían comprando acciones y bonos a precios irrisorios. En segundo lugar, las empresas y bancos que, ante la insolvencia amenazante, habrían logrado el salvataje de los Estados y encontrado una buena justificación para despedir empleados. En tercer lugar −aunque quizás sea disputado con los anteriores− estarían los laboratorios que lograran fabricar la vacuna contra el coronavirus. ¿Y quiénes serían los perjudicados? Todo el resto, es decir, la casi totalidad de la población mundial.

            El capitalismo financiero globalizado ya estaba en una crisis profunda antes de la cuarentena. La totalidad del valor de títulos y bonos supera en un porcentaje apreciable la suma de todos los PBI mundiales. Así como la desvalorización de las acciones en 1930 y las hipotecas subprime en el 2008 generaron crisis mundiales, la situación actual se encaminaba hacia un desastre económico de incalculables proporciones. En todos los casos, la razón fue la misma, la especulación financiera hizo crecer desmedidamente el valor de los papeles, para que grandes masas de pequeños y grandes ahorristas creyeran que estaban haciendo el negocio de sus vidas. Mientras tanto, los dueños del circo guardaban sus billetes o el oro en las cuevas de la hipocresía capitalista, siempre amparados por la confianza en el poder económico de EE.UU, que no dejaría que el dólar se desvalorizase.

            Sin embargo, el enorme crecimiento económico de China en los últimos años, ha disparado una alarma. En su banco central hay depositados una cifra escalofriante de bonos del tesoro norteamericano, alrededor de 1 billón (en nuestra denominación). Si bien a los chinos no les conviene liberarlos porque se revalorizaría su moneda y perjudicaría las exportaciones, esa existencia es indudablemente una velada amenaza para los dueños del poder mundial.

            Es indudable que la situación se presta a una hipótesis conspirativa: la difusión deliberada de un virus mutado en laboratorio, que fuera muy contagioso pero con una baja letalidad. Un debilitamiento de la economía china y la posibilidad de la concentración económica en el mundo occidental, sería una jugada a dos bandas que permitiría una salida ordenada de la crisis con los mismos beneficiados de siempre, que no serían los Estados ni las poblaciones, sino los dueños del poder económico mundial. Entre ellos, lógicamente, habría algunos perdedores, pero eso sería la constatación del libre juego de la competencia en el capitalismo. Como consecuencia, no habría un mundo mejor, sino un empobrecimiento generalizado con un gran aumento de la desigualdad en la distribución de la riqueza.

            No deja de ser una hipótesis que, por otra parte, ya ha sido lanzada a las redes, de lo que no cabe dudas es que es un excelente tema para una novela. ¿Se animará Jordan Idanco a escribirla?