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Escritos de narrativa, teatro y análisis

Ver para no creer

ESCENA 1

Es una exposición de cuadros. Todos son naturalezas muertas, a excepción del que está ubicado en el medio del escenario que representa un motivo abstracto. El pintor está parado en un costado, fumando en pipa y pensativo. Entra un visitante. Mira detenidamente cada cuadro desde cerca y cuando llega al abstracto se aleja con una actitud de sorpresa y tensión. Al poco tiempo cae de rodillas juntando sus manos como si estuviera rezando. El pintor vacila unos instantes y luego se acerca.

PINTOR: ¿Qué le pasa señor, se siente mal? (el visitante no contesta, mira al cuadro en un estado de trance). Señor (lo sacude suavemente del hombro), ¿me escucha?

VISITANTE (sin mirarlo): No me moleste, déjeme tranquilo.

PINTOR: Señor, esto es una exposición de cuadros, no una iglesia.

VISITANTE: Ya lo sé, y por eso estoy mirando su cuadro.

PINTOR: Levántese, entonces.

VISITANTE: No quiero, ¿acaso está prohibido mirar un cuadro de rodillas?

PINTOR: No es que esté prohibido, lo que pasa es que da una mala impresión.

VISITANTE: ¿A quién?

PINTOR: A cualquier otro visitante, cualquiera que entre y lo vea así de rodillas le va a parecer muy raro y va terminar yéndose rápido.

VISITANTE: No se preocupe por eso, a todo el que entre yo le voy a explicar.

PINTOR: No señor, usted no tiene que explicar nada a nadie, para explicaciones estoy yo, lo que usted tiene que hacer es ponerse de pie y mirar el cuadro de pie y, si no quiere mirarlo de pie, entonces se va a tener que ir.

VISITANTE: Lo que pasa es que usted no entiende, usted ha sido un instrumento del señor y no se ha dado cuenta… claro, ¿cómo podría darse cuenta?

PINTOR: ¿Darme cuenta de qué?

VISITANTE: Usted ha pintado el hermoso rostro de mi novia muerta.

PINTOR: Usted está mal de la cabeza y necesita urgente tratamiento psiquiátrico.

VISITANTE: Comprendo su conmoción, ahora comprenda usted la mía. Entro a esta galería buscando algún paisaje bucólico que calme mi espíritu atormentado y me encuentro con esto (señalando el cuadro), ¿cómo no caer de rodillas ante este cuadro que ha encendido nuevamente mi devoción por Alcira, la pobrecita… está ahí mirándome, ¿no la ve?

PINTOR (mirando alternativamente al cuadro y al visitante): No señor, yo no veo nada porque en ese cuadro no hay nada.

VISITANTE: ¿Cómo que no hay nada?

PINTOR: No hay nada de lo que usted dice, usted está alucinando. A lo mejor se olvidó de tomar las pastillas. ¿Tomó las pastillas hoy?

VISITANTE: Yo no tomo pastillas.

PINTOR: Entonces es como yo digo, alucina porque no toma pastillas.

VISITANTE: No hay peor ciego que el que no quiere ver.

El pintor se agarra la cabeza, da unos pasos en círculos.

PINTOR: Señor, no podemos seguir dialogando en estas condiciones, usted de rodillas y yo parado, es una situación desagradable, ¿me entiende? ¿Por qué no se para y analizamos el cuadro desde la misma perspectiva? A lo mejor es como usted dice, ¿no?

VISITANTE: Déjeme en silencio unos minutos para que termine mi rezo y después me levanto.

El pintor se aleja unos pasos, va a pasar por delante del cuadro y se detiene, mira al visitante y se agacha. En ese momento entra una mujer y mira al visitante y al pintor que está en el otro extremo del escenario.

PINTOR: Buenos días, señora, adelante, siéntase como en su casa.

MUJER (al pintor): ¿Qué le pasa a ese hombre?

PINTOR: Nada, no le pasa nada, está mirando ese cuadro desde una perspectiva mística, nada más.

El visitante está con los ojos cerrados murmurando una letanía no entendible.

MUJER: Este hombre está rezando.

PINTOR: No sé, vino y se arrodilló y ahí está. (Se acerca a ella). ¿Qué le parece ese conjunto de vasijas, vio la profundidad notable que he logrado en la composición?

MUJER: ¿Usted le preguntó qué le pasaba?

PINTOR: Sí, pero no…

VISITANTE: El sabe perfectamente lo que me pasa.

La mujer mira al pintor.

PINTOR: Dice que ve la cara de su novia muerta en ese cuadro.

MUJER: ¡Ah, qué extraordinario! Es como una aparición. La mujer se acerca al visitante. ¿Dónde la ve, querido? ¿Dígame dónde?

VISITANTE: Allí, en el extremo superior derecho.

La mujer se arrodilla junto a él.

PINTOR: ¿Qué hace señora? Por favor, levántese. Con un loco basta y sobra.

MUJER: ¿Usted pintó esos cuadros?

PINTOR: Sí, yo los pinté, y como yo los pinté y sé lo que pinté es que le digo que en ese cuadro no hay ninguna cara.

MUJER: Usted no parece pintor, los pintores tienen un alma sensible, usted trata a las personas con desconsideración, si no fuera así se daría cuenta de cuál es la situación que está viviendo este pobre hombre.

PINTOR: Este hombre está alucinando y necesita un urgente tratamiento psiquiátrico.

MUJER: Me extraña señor pintor, ¿se escuchó lo que acaba de decir?: que él vea algo que usted no ve lo considera una alucinación. Es increíble, ¡qué mal que está el mundo!

PINTOR: No es algo que yo no veo, es algo que no está, ese cuadro lo pinté yo y no hay ninguna cara ahí. Además, yo no la conocía a esa mujer. ¿Acaso usted la ve? Se produce una pausa en la que la mujer mira atentamente al cuadro. El pintor mira al cuadro y a la mujer alternativamente. ¿Y?

MUJER: Que yo tampoco la vea no significa que no esté, sino que a usted y a mí nos falta el misticismo de este hombre iluminado.

PINTOR: Está bien, está bien, señora, por qué entonces no se va con el señor iluminado a otra parte así le puede transmitir su misticismo y entonces cuando vuelva va a poder verla, pero ahora, por favor, váyanse.

VISITANTE (a la mujer): Es inconcebible, le pedí tan sólo unos minutos de silencio para que pueda enviarle mi mensaje y él me quiere echar como a un perro rabioso. Este hombre esta muy mal.

MUJER: Si usted quiere quedarse al margen de este momento tan especial, hágalo, pero no sea egoísta, déjenos disfrutarlo a nosotros. Querer es Poder, dice el refrán, pero también es cierto que No poder es no Querer, y esto es lo que le pasa a usted señor pintor, usted no tiene la humildad necesaria para reconocer que la realidad no es sólo lo que usted cree que es

PINTOR: (Descuelga el cuadro, lo pone dado vuelta contra la pared y se cruza de brazos delante de él) Bueno, ya está, ahora hay una nueva realidad, una realidad creada por mí. ¿Qué van a hacer ahora, quedarse adorando la pared?

La mujer se levanta de inmediato

MUJER: Usted no tiene ningún derecho a hacer esto. Ponga ese cuadro otra vez en su lugar.

PINTOR: Esta es mi exposición y este es mi cuadro y yo hago lo que se me da la gana con él.

Se levanta lentamente el visitante.

VISITANTE: Por favor, déjelo unos minutos más, aún no había terminado de enviarle mi mensaje.

PINTOR: Use el correo electrónico.

MUJER: Usted dice está enfermo, pero el que está enfermo es usted. Tan enfermo está que no se da cuenta de que los cuadros de un pintor no le pertenecen, porque son creaciones para los demás, ¿acaso no los expuso acá para venderlos?

PINTOR: Exactamente, usted lo ha dicho, están a la venta, y como para que haya venta tiene que haber alguien que venda y otro que compre, hasta que no se produzca la venta el propietario del cuadro sigo siendo yo, y yo lo acabo de sacar de la venta.

MUJER: Que usted lo haya pintado no significa que sea el propietario, usted es tan sólo un intermediario necesario para que el cuadro pase a manos de otras personas, pero no puede negarse a venderlo, y mucho menos después de haberlo expuesto.

PINTOR: Termínela con esto, señora, ¿no se da cuenta de que no hay nada más de qué hablar?

MUJER: Está muy equivocado señor autoritario, esto se va terminar cuando usted vuelva a colgar el cuadro y permita que sigamos admirándolo.

PINTOR: ¡Qué interesante!, así que a usted también le gusta a pesar de que no ve ninguna cara. La mujer intenta agarrar el cuadro, pero el pintor se lo impide apuntándola con la pipa. Tenga mucho cuidado con lo que hace, ¿eh?

MUJER: Claro, no podía ser de otra manera, todos los autoritarios son violentos, ¿qué va a hacer con esa pipa, dispararme? Festeja la ocurrencia y le contagia la risa al visitante.

PINTOR: Mejor no intente averiguar lo que voy a hacerle con la pipa si vuelve a querer agarrar el cuadro.

MUJER: ¡Ah, qué barbaridad!, autoritario, violento y ahora también grosero. Bueno, muy bien, que le quede bien en claro, entonces, que si usted no repone el cuadro en su lugar, de aquí no nos movemos y con cada persona que entre me voy a encargar de que sepa la clase de persona que es usted.

El pintor se queda pensativo unos instantes, mira hacia la puerta de entrada y a la mujer.

PINTOR: Yo lo vuelvo a colgar con una condición (pausa) que ustedes no se arrodillen.

MUJER: No aceptamos condiciones.

PINTOR: Entonces no hay trato.

VISITANTE: Está bien, señora, yo puedo rezar parado.

MUJER (al pintor): Está bien, cuélguelo que nos quedamos parados, pero sepa que lo acepto por respeto a este señor, porque usted no merece ningún respeto.

Lo cuelga. La mujer toma del brazo del visitante que queda en una posición incómoda para juntar sus manos para el rezo. Igualmente se las arregla y ambos se quedan mirando el cuadro. El pintor mira hacia la entrada y camina en círculos. Pasa un interminable minuto. La mujer le habla al visitante ¿Terminó ya, querido? Porque quiero comentarle algo. El visitante la mira. Porque yo digo una cosa, más allá de que usted vea la cara de su novia, ¿no?, el cuadro éste no vale gran cosa, ¿no le parece? Le falta armonía, los colores no combinan y las líneas están trazadas sin objetivo, se nota que este sujeto ha pintado este cuadro por encargo, no hay amor en él.

PINTOR: ¡Extraordinario!, además de conventillera es crítica de arte.

VISITANTE: Sin embargo, señora, en este cuadro hay mucho amor, quizá no haya sido su intención, pero hay mucho amor. Es el amor del señor que ha guiado su mano.

PINTOR (a la mujer): Efectivamente, es un cuadro con mucho amor, está lleno de amor, de amor por la pintura, porque este cuadro, más allá de lo que usted diga, está muy bien logrado y, si tuviera alguna esperanza en que usted pudiera entenderlo, se lo explicaría.

MUJER: Así que usted necesita explicar sus cuadros… (Al visitante) ¿Se da cuenta?, este hombre es un farsante.

PINTOR (al visitante): Dígame señor místico, ¿ya terminó con su rezo?

VISITANTE: No, cómo voy a poder terminar si usted me está interrumpiendo a cada instante.

PINTOR: ¿Yo? ¿Por qué no le dice a su amiga que se calle unos minutos?, de esa manera seguro que va a poder terminar.

MUJER: El mismo recurso de siempre, los victimarios se quieren transformar en víctimas. Con nosotros no va a poder, no va a poder engañarnos, por más esfuerzo que haga no va a poder. El pintor, exasperado, se retira a un rincón, enciende su pipa y se queda en silencio mirándolos. (Al visitante): Cómo me gustaría verla. Dígame, ¿cómo es ella?

VISITANTE: Tiene la misma expresión de dulce inocencia que cuando nos conocimos en la misa de gallo.

MUJER: Ah, ¡qué hermoso!, dos almas piadosas que se juntan en la casa del señor. Cuénteme, ¿cómo fue?

VISITANTE: Cuando abrió la boca para recibir la hostia me miró a los ojos y yo sentí un golpe en el pecho, una agitación desbordante, se me nubló la vista y creí que me desmayaba.

La mujer se aleja un paso.

MUJER: ¿Y usted dónde estaba?

VISITANTE (sorprendido): Frente a ella.

MUJER: Ah, pero entonces usted…

VISITANTE: Sí yo era el cura de la parroquia La inmaculada concepción.

MUJER: ¡Qué sorpresa padre!

VISITANTE: No, ya no soy cura.

MUJER: No, digo… qué sorpresa grande.

PINTOR (divertido): No sé por qué se sorprende tanto, si usted misma dijo que era un místico, bueno, ahí tiene, un místico con diploma y todo.

MUJER: ¡Qué falta de respeto! ¿No puede comportarse aunque más no sea por unos minutos como una persona decente?

PINTOR: Realmente, no sé por qué me siguen aguantando, ¿por qué no se van y así dejan de sufrir?

MUJER: Eso es lo que usted está buscando, usted quiere que nos vayamos para que pueda envolver con su telaraña de palabras a alguna víctima que entre inocentemente a mirar sus cuadros.

VISITANTE: Por favor, ¿podrían terminar de discutir? Yo tan sólo quería enviarle mi mensaje de amor eterno a Alcira y, lamentablemente, debido a todo este alboroto no he podido concluirlo.

MUJER: Tranquilícese, querido, usted siga que le prometo que no vamos a interrumpirlo más. Ahora voy a arreglar las cosas con este señor. (Al pintor) ¿Podemos charlar más amigablemente unos momentos?

Lo invita a alejarse a un rincón del salón. El pintor acepta a regañadientes. A partir de ahora se los ve discutiendo en voz baja sin que pueda oírse lo que dicen.

VISITANTE: Amada mía, eterno fulgor sobre mi alma, dulce temblor de mis entrañas, te tengo que hacer una confesión. No pude aguantar más tu ausencia y empecé a salir con otra mujer… pero es muy parecida a vos, ¿eh? Perdóname, mi amor, por favor comprendeme. Después de todo, con vos conocí el camino de la lujuria.

La mujer se acerca al visitante.

MUJER: Perdóneme querido, pero no pude evitar escuchar lo que le estaba diciendo a su amada. Quédese tranquilo, ella seguro que lo va a entender, una cosa sería si lo hubiera hecho estando en vida ella, pero así con ella ya finada, es lógico que usted busque rehacer su vida, es natural, usted es un hombre que necesita el afecto de una mujer.

VISITANTE: Muchas gracias, señora, su comprensión me hace mucho bien.

Ella lo atrae hacia sí, se abrazan y él le apoya la cabeza sobre el hombro.

PINTOR: Esto es muy enternecedor, y yo también tendría que ponerme a rezar, sí, para agradecerle al señor que no mandó a ningún otro visitante mientras duró este sainete. La pareja está encerrada en su mundo y no deshace el abrazo. El pintor se acerca y le golpea suavemente el hombro a ella. Eh, despiértense, ya terminó la función, ahora pueden irse. Se separan y ella lo mira con profundo desprecio.

MUJER (al visitante): Vamos, querido, al que nace barrigón es al ñudo que lo fajen, este hombre carece de toda sensibilidad.

VISITANTE: De cualquier manera, yo lo quiero saludar. Le extiende la mano. Gracias señor por dejarme terminar mi rezo.

PINTOR (estrechándole la mano): Vaya con Dios buen hombre. Salen. Y no vuelvan. ¡Que pesadilla!, parecía que no iba a terminar nunca. Entra la mujer. ¿Qué hace usted otra vez acá?

MUJER: Cálmese que he venido a comprarle el cuadro.

PINTOR: Ahora estoy seguro, esto es una joda, ya me di cuenta señora, así que váyase.

Se da vuelta y se aleja.

MUJER: A ver si lo entiende, yo vine a esta exposición a comprar un cuadro y ahora quiero comprar ese cuadro.

PINTOR: Ése (señalando al cuadro) el de la novia muerta, ahora quiere comprar ese cuadro, al que le falta armonía en los colores y las líneas van para cualquier parte, déjese de joder y váyase.

MUJER: No lo quiero para mí.

PINTOR: Ah, se lo va a regalar a alguien que le tenga bronca.

MUJER: No, se lo quiero regalar a él (hace un gesto con la cabeza señalando hacia la puerta.

PINTOR: ¿Él está ahí, todavía?

MUJER: No, pero me dio la dirección donde vive.

PINTOR: Ah… (Sonríe maliciosamente).

MUJER: De ninguna manera es lo que usted está pensando.

PINTOR: Cómo que no, a usted se le despertó un gran cariño por ese cura trastornado y se lo quiere demostrar con este cuadro, así todas las noches él puede pedirle perdón a la finada por meterle los cuernos.

MUJER: Sí, es así, pero no es eso lo que usted estaba pensando.

PINTOR: Caramba, señora, usted no deja de sorprenderme, ahora también es telépata.

MUJER: No hace falta ser telépata para interpretar esa sonrisa, basta con ser mujer.

PINTOR: Lo que pasa es que la última escena entre ustedes dos era muy romántica, tan apretaditos los dos, después de esa frase suya de que él necesita el afecto de una mujer, digamos que…

MUJER: Usted lo interpretó maliciosamente, pero no es así, ese hombre me conmocionó, me produjo una gran compasión y también afecto, pero no hay nada sexual en ese sentimiento. Fue tan emocionante ver cómo expresaba su amor por esa mujer…

PINTOR: Por favor, señora, ese hombre alucina.

MUJER: Sí, puede ser, pero en todo caso alucina por amor. Yo, a diferencia suya, rescato eso, la profunda emoción que le produce la imagen de su amada muerta, y no si esa imagen es real o no. Lo único que quiero ahora es que me venda ese cuadro.

PINTOR: Está bien, son 500000 pesos.

MUJER: ¿Cuánto?

PINTOR: Señora, es un cuadro de firma.

MUJER: No se ofenda por lo que voy a decirle, pero su firma muy conocida que digamos no es.

PINTOR: En el negocio del arte se habla de cuadro de firma cuando no es una reproducción, no importa si es mío o un Monet.

MUJER: Sí, entiendo, además un Monet no va a valer 500000 pesos.

PINTOR: Exacto, pero un cuadro mío sí, y le aclaro que ésta no es mi primera exposición, llevo muchos años pintando y he obtenido varios premios.

MUJER: No me diga, ¿cuáles?

PINTOR: ¿Quiere comprarlo o no?

MUJER: Sí, pero no puedo pagar esa cifra.

PINTOR: Usted dijo que había entrado a comprar un cuadro, ¿cuánto se imaginó que tendría que pagar?

MUJER: Mucho menos.

PINTOR: ¿Cuánto menos?

MUJER: Y…100000

PINTOR: Usted me hacer reír,  100000 pesos le cobra un pintor callejero por una reproducción de un paisaje, por favor…

MUJER: Pero, es que yo no puedo pagar 500000 pesos.

PINTOR: Bueno, mire, ese cuadro más chico que ve ahí, ése se lo puedo dejar a ese precio.

MUJER: Pero, es que yo quiero regalarle ese cuadro, no cualquier otro, él necesita ese cuadro.

PINTOR: Lo lamento, señora, pero yo no regalo mi trabajo, por más que usted crea lo contrario, en ese cuadro hay meses de trabajo.

MUJER: Está bien, no lo pongo en duda, pero sucede que no tengo esa plata.

PINTOR: Bueno, lo entiendo, pero no me pida que venda ese cuadro en 100000 pesos.

MUJER: No, 100000 pesos no, a lo mejor un poco más.

PINTOR: Ahora me está regateando.

MUJER: Es que yo no quería gastar todos mis ahorros.

PINTOR: ¿Y cuánto suman todos sus ahorros?

MUJER: 200000 pesos.

PINTOR: No, ni soñando, no lo puedo vender a menos de 500000 pesos, sería indigno de mi parte.

MUJER: Está bien, lo entiendo, entonces él no va a tener más remedio que venir todos los días a su exposición.

PINTOR (hablando para sí): Todos los días se pararía ahí a rezar.

MUJER: Sí, todos los días.

Pausa en la que se quedan en silencio mirándose

PINTOR: Está bien, ¿tiene ahí los 200000 pesos?

MUJER: No, los tengo que ir a buscar.

PINTOR: Bueno vaya y venga rápido que mientras tanto se lo envuelvo.

MUJER: Muchas gracias, señor, después de todo usted resultó ser un hombre muy compasivo.

La mujer sale apurada.

PINTOR: ¡Compasivo, las pelotas!

Se apagan las luces.

ESCENA 2

Hay un sillón contra el fondo del escenario y encima de él está colgado el cuadro. Un hombre lee el diario sentado en el sillón. Entra la mujer de la Escena 1.

MUJER: Ah, llegaste… no te oí. (El hombre levanta la vista, la mira, hace un gesto de afirmación con la cabeza y sigue leyendo). ¿Hace mucho que llegaste?

HOMBRE: No.

La mujer se queda mirándolo en una actitud vacilante.

MUJER: ¿Viste lo que compré?

Él levanta la vista, la mira de arriba abajo y sigue leyendo.

HOMBRE: No me doy cuenta, ¿qué te compraste?

MUJER: No compré nada para mí, sino algo para la casa. Espera que él levante la vista y señala el cuadro. No entiendo cómo no lo viste.

Él se da vuelta, lo mira y vuelve la vista sobre el diario.

HOMBRE: Ah, sí… ya lo había visto, está lindo, ¿lo pagaste caro?

MUJER: ¿Te gusta?

HOMBRE: Sí, ya te dije, está lindo.

MUJER: Entraste al living y no lo viste, decís que está lindo sin mirarlo y lo único que te importa es si lo pagué caro.

HOMBRE: Escuchame Delia, no tengo ganas de empezar una discusión, vengo muerto de la oficina, estoy leyendo la sección deportiva para relajarme un poco. DELIA: Cómo no, el señor necesita tranquilidad, el señor no tiene tiempo para ocuparse de charlar sobre algo que compró su esposa porque eso lo altera y su esposa tiene que acatar los deseos de su señor porque sino el señor se va a poner nervioso, ¿no?

HOMBRE: Está bien, hablemos, ¿de qué querés que hablemos? No entiendo nada de pintura, ¿qué querés que te diga? Está lindo, es vistoso, me gusta.

DELIA: Lindo, vistoso, ¿eso es todo lo que se te ocurre? Por más que no sepas de pintura, si lo hubieras mirado con un poco de atención, te habrías dado cuenta de que ese cuadro es algo muy especial, tiene magia y, encima de todo, lo pagué como una baratija.

HOMBRE: Me alegro, es un cuadro muy lindo que lo pagaste muy barato.

DELIA: Vení, miralo bien, vas a ver que es un cuadro impresionante, es de firma sabés, no es una reproducción cualquiera. Vení, acercate, miralo bien y vas a descubrir la belleza oculta que tiene. Él se acerca y mira el cuadro unos segundos y luego a ella. ¿Y, te das cuenta de lo que digo, Andrés?

ANDRÉS: Sí, sí, ya te dije, es vistoso, tiene lindos colores, está bueno.

Él quiere irse a sentar otra vez, pero ella lo retiene.

DELIA: Pero, ¿no ves nada más?

ANDRÉS: ¿Qué más querés que vea?

DELIA: No te lo puedo decir, lo tenés que ver por vos mismo. En este cuadro hay algo, algo maravilloso.

ANDRÉS: Pero, ¿vos lo ves?

DELIA: No, yo no puedo verlo.

ANDRÉS: ¿Me estás cargando?

DELIA: No, no te estoy cargando, pensé que entre los dos podríamos verlo.

ANDRÉS: Ya me estoy cansando de este jueguito, Delia. ¿Me vas a decir lo que pasa?

DELIA (separándose): Nada, Andrés, no pasa nada, hace mucho tiempo que no pasa nada.

ANDRÉS (yéndose a sentar): No voy a seguir con este jueguito.

DELIA: No, claro, el único jueguito que te gusta es el de la bolsa. Andá, sentate a leer el diario tranquilo que yo no te voy a molestar más con este jueguito.

Mientras Andrés lee el diario, Delia recorre la habitación mirando el cuadro desde distintos ángulos variando la inclinación de la cabeza.

ANDRÉS: ¿A vos te parece que puedo leer el diario tranquilo con vos deambulando frente a mí?

DELIA: Y…será porque no te concentrás lo suficiente.

ANDRÉS: ¿Me podés decir qué estás haciendo?

DELIA: ¿No te das cuenta? Estoy haciendo lo que vos te negás a hacer.

ANDRÉS: Estás muy rara, Delia, ¿te sentís bien?

DELIA: No, no me siento nada bien, desde que lo ví ese cuadro me perturba, mejor dicho, desde el momento en que no pude verla me siento muy angustiada.

ANDRÉS: ¿Verla? ¿A quién? ¿De qué estás hablando, Delia?

DELIA: De nada, no te preocupés, ya bastante preocupaciones tenés por tu trabajo.

Andrés se queda mirándola un momento y luego vuelve a leer el diario. Delia se queda pensativa mirando el cuadro y luego va hacia la puerta, pero se arrepiente y se acerca sigilosamente hasta ponerse de costado como si estuviera espiando al cuadro..

ANDRÉS: Vení, Delia, vení, sentate, quedate acá tranquilita así podemos hablar. Vení, dejalo a ese cuadro malo que te hace sufrir. Vení y contame adónde lo compraste.

Delia vacila pero finalmente se acerca lentamente y se sienta a su lado.

DELIA: Lo compré en una exposición.

ANDRÉS: Ah, ¿y qué fuiste a hacer a una exposición?

DELIA: A comprar un cuadro.

ANDRÉS: Ah, claro… ¿Y por qué querías comprar un cuadro?

DELIA: Porque estas paredes estaban muy desnudas.

ANDRÉS: Y… porque vos sacaste todos los cuadros que teníamos, mi amor, ¿dónde los pusiste?

DELIA: Se los regalé a la iglesia.

ANDRÉS: ¿A la iglesia? Pero, mi amor, ¿qué va a hacer la iglesia con esos cuadros?

DELIA: Lo que hace siempre la iglesia con las cosas que le damos, se los va a regalar a los pobres.

ANDRÉS: A los pobres…

DELIA: Sí, Andrés, a los pobres, porque los pobres no tienen plata para comprarse cuadros.

ANDRÉS: Está bien, entonces vos entraste a la exposición, viste ese cuadro, te gustó y lo compraste.

DELIA: Sí, más o menos.

ANDRÉS: ¿Cómo más o menos?

DELIA: Sí, fue más o menos como vos lo describís.

ANDRÉS: Estoy seguro que le regateaste, ¿no es cierto?

DELIA: Sí, más o menos.

ANDRÉS: Bueno, seguramente fue más menos qué más, ¿no?

DELIA: Sí, conseguí un buen precio.

ANDRÉS: Muy bien, muy bien, siempre tan cuidadosa con el dinero, ¿y cuánto lo pagaste, mi amor?

DELIA: 200000 pesos.

ANDRÉS: ¿Qué? ¿200000 pesos por ese cuadro?

DELIA: ¿Qué te pasa? ¿Te parece caro?

ANDRÉS: No, no, para nada, ya está. Ahora digo yo, para el resto de las paredes, ¿también vas a elegir cuadros por esa plata?

DELIA: Si ese cuadro te parece caro es porque no percibís el valor que encierra.

ANDRÉS: ¿Dónde, querida?, ¿estará en eso que vos ni yo vemos?

DELIA: Está bien, te voy a tener que contar la historia porque si no nunca lo vas a entender. Un cura vio la imagen de su novia muerta en ese cuadro, a pesar de que el pintor no la pintó.

ANDRÉS: Ay, Dios mío, vos estás muy mal Delia, ¿escuchaste lo que acabás de decir?

DELIA: Bueno, en realidad es un ex – cura que dejó los hábitos por esa mujer que después se murió y el pintor guiado por la mano del señor pintó su rostro.

ANDRÉS: Delia, por favor decime que me estás haciendo una broma.

DELIA: Yo le dije al pintor que el cuadro era para él, pero después cuando se lo quise llevar me di cuenta de que tenía mal la dirección y entonces me lo traje, esa es la verdad.

ANDRÉS: A ver (tocándole la frente), no, fiebre no tenés, ¿te duele la cabeza? ¿Sufriste algún golpe? A ver, decime tu nombre completo y la dirección de esta casa.

DELIA (levantándose): Quedate tranquilo, no tengo nada.

ANDRÉS: Pero si no la ves, cómo vas a creer que en ese cuadro haya una imagen oculta.

DELIA: Estás equivocado, Andrés, si la viera no lo creería, lo sabría, el problema es que no logro verla, pero yo creo que está allí, ese hombre la vio y si nosotros no la podemos ver es porque nos falta fe.

ANDRÉS: A ver, dejame entenderlo, un hombre dijo que veía la cara de su novia muerta, después te dijo que no tenía plata para comprar el cuadro, ¿no? y te dio la dirección dónde vivía porque vos le ofreciste comprárselo, ¿no?

DELIA: Sí, más o menos.

ANDRÉS: Te hicieron el cuento del tío, palomita, el pintor y ese tipo estaban de acuerdo, estoy seguro de que fuiste a esa dirección y no existía, ¿no es cierto?

Delia mira hacia abajo y da unos pasos alejándose de él.

DELIA: No lo sé.

ANDRÉS: Cómo que no lo sabés, si acabás de decir que tenías la dirección equivocada. No es que estaba equivocada, sino que te la dio equivocada a propósito, ¿entendés, palomita?, te hicieron el cuento del tío.

DELIA: No, no es así, Andrés.

ANDRÉS: No importa, no te preocupés, ya está, el cuadro es lindo, lo importante es que te tiene que servir de lección.

DELIA: No le pedí la dirección. Te mentí, como le mentí al pintor para sacárselo más barato porque me pedía 500000. Nunca se me ocurrió dárselo a ese pobre tipo.

ANDRÉS: Ahora me estás mintiendo porque te da vergüenza. Te dije que no te preocuparas, le puede pasar a cualquiera.

DELIA: Yo quería ese cuadro, necesitaba llevarme ese cuadro y no quería pagarlo caro porque sabía que me ibas a protestar… y al final salió todo mal.

ANDRÉS: ¿Es verdad lo que me estás diciendo ahora?

DELIA: Sí, esta es la verdad. Soy una porquería.

Andrés se levanta sonriendo y se abalanza para abrazarla efusivamente.

ANDRÉS: Mi amor, estuviste genial, ¡qué habilidad para conseguir lo que querías! No se me habría ocurrido una táctica mejor. Muy bien, muy bien, se ve que al final mi prédica está dando resultados. Lo que hiciste es negociar desde la sorpresa, lo inesperado siempre juega a tu favor cuando sos vos el que maneja la información. ¡Excelente, estoy muy orgulloso de vos!

DELIA: ¿Te parece? ¿No estuve mal?

ANDRÉS: No, no me parece, los negocios son así, no lo dudes. (Mirando el cuadro) Está muy lindo, bien, muy bien, ahora me gusta más. Delia se va a sentar abatida. ¿Qué pasa, querida? ¿No estás contenta de haber hecho una muy buena compra?

DELIA: Creí que entre los dos íbamos a poder verla.

ANDRÉS: Pero, ¿por qué? ¿Por qué tanto interés en ver una imagen que sólo vio ese pobre tipo que seguramente es un desquiciado? ¿No te das cuenta de que estaba alucinando?

DELIA: No lo sé, Andrés, no lo sé, me gustaría ser como vos, pero no hay caso, no puedo.

ANDRÉS: No se trata de ser como yo, sino de ver la realidad tal como es.

DELIA: ¿Y cómo es la realidad, Andrés? ¿Acaso todos ven la misma realidad? Si fuera así, no habría tantas opiniones diferentes sobre la realidad.

ANDRÉS: Delia, mirá ese cuadro, por favor. ¿Ves? Acá somos dos personas adultas y sanas que ven lo mismo, mejor dicho, no ven lo que vio ese loco. O sea…

DELIA: Vamos ganando dos a uno.

ANDRÉS: Está bien, mejor así, tomalo con buen humor. Dos personas cuerdas… No, tres personas cuerdas, porque el pintor tampoco la vio, ¿no es cierto?

DELIA: Ése está más loco que todos juntos.

ANDRÉS: Bueno, no lo cuento, dos personas cuerdas no ven lo que un chiflado vio, eso no es dos a uno, eso es goleada, y como ya sonó el pitazo final, la realidad es que la imagen no existe, punto y aparte.

DELIA: Yo en tu lugar no estaría tan segura de mi cordura. Ante la duda eso dejaría la situación en un empate, porque el mío sería un voto anulado, o una abstención, si preferís. Quedamos uno a uno.

Andrés se va sentar.

ANDRÉS: Está bien, como vos quieras, hay empate, no se sabe si existe o no existe, en algún momento alguien tendrá que desempatar.

Entra Natalia, la hija. Andrés se levanta y va a su encuentro.

NATALIA (dándole un beso): Hola, papi. Hola mamá.

ANDRÉS: Mi amor, mirá ese cuadro.

NATALIA: Un poco raro, pero es lindo.

ANDRÉS: ¿Ves algo diferente, algo que te llame la atención?

NATALIA: ¿Algo como qué?

ANDRÉS: Alguna cosa, lo que sea, algo que te llame la atención.

Natalia mira el cuadro unos instantes, luego al padre y a la madre.

NATALIA: ¿De qué se trata, es una especie de acertijo, de esos en los que hay que descubrir la imagen de algo oculta en el dibujo?

DELIA: Sí, efectivamente, hay que descubrir una imagen.

ANDRÉS: No vale ayudar al participante.

DELIA: Yo no le dije nada que ella no hubiera dicho.

Natalia se acerca divertida al cuadro. Mientras lo mira detenidamente, Andrés le hace gestos de negación con la cabeza a Delia.

NATALIA: Me rindo, no veo nada.

ANDRÉS: Dos a uno, triunfo final indiscutido.

DELIA: No me extraña, ella siempre te va a dar la razón. Además, seguramente le dijiste algo al oído cuando te dio un beso.

NATALIA: No me dijo nada.

ANDRÉS: No seas mal perdedora, Delia.

NATALIA: ¿Por qué dos a uno?

DELIA: Tu padre y vos contra mí, como siempre.

NATALIA: ¿De qué habla, papá?

ANDRÉS: De nada, querida, ¿cómo andás vos?

DELIA: ¿Cómo de nada? Explicale a tu hija, tiene derecho a saber a qué estuvo jugando, ¿no?

NATALIA: Uy… parece que llegué en un mal momento.

ANDRÉS: No, mi amor, está todo bien, es sólo que tu madre cree que en ese cuadro existe la cara de una mujer muerta y como yo no la vi, ni vos tampoco…

NATALIA (alarmada): ¿Vos mamá ves la cara de una mujer muerta?

DELIA: No, yo no veo nada y lo de “muerta” es un adjetivo de tu padre para agregarle dramatismo a la situación y hacerme quedar mal.

NATALIA: No entiendo nada, ¿por qué dos a uno, entonces, si mamá tampoco ve nada?

ANDRÉS: Sólo la vio el cura.

NATALIA: Ah, bueno…yo me voy y vengo en otro momento.

Se dirige hacia la puerta pero Andrés la alcanza.

ANDRÉS: Esperá, Natalia, no te vayás así alterada porque todo se puede aclarar. Una persona que era cura vio en ese cuadro la cara de su novia muerta y tu mamá cree que nosotros no la vemos porque nos falta fe, pero ella se excluyó de la encuesta porque dice que no está muy cuerda, así que somos vos y yo contra el tipo ese: dos a uno, de ahí viene, ¿entendiste ahora?

DELIA: No desaprovechás ni una oportunidad para ponerla en contra mío, no tenés dignidad.

ANDRÉS: Pero si fuiste vos la que dijiste que no te considerabas cuerda.

DELIA: No, yo dije que en tu lugar no estaría segura de mi cordura, pero yo, en mi lugar, estoy muy segura de mi cordura.

NATALIA: Bueno, esta conversación es muy interesante pero yo ando con poco tiempo.

ANDRÉS: Pero si recién llegaste, vení sentate un rato así charlamos.

NATALIA: Yo me quedaría, pero veo que ustedes necesitan charlar un poco más sobre este tema y no me parece que yo pueda participar.

ANDRÉS: No, ya está agotado el tema.

DELIA: Vos decretaste que el partido terminó dos a uno, pero no es así, el tema no está agotado para nada, todavía queda un largo trecho por recorrer.

NATALIA: Papá, yo había venido a ver si me podrías prestar 100000 pesos porque en el geriátrico todavía no me pagaron el sueldo y tengo que comprar varios libros caros.

DELIA: ¿100000 pesos para libros?

ANDRÉS: Está muy caro el papel, Delia.

DELIA: Te damos casa y comida y vos igual quisiste trabajar para tus gastos, ¿cómo puede ser que no hayas ahorrado para emergencias como ésta?

ANDRÉS: Nati, sólo te puedo dar un cheque porque en este momento no tengo efectivo.

DELIA: Estoy hablando yo, Andrés. ¿Acaso no tengo derecho a opinar porque sos vos el que trae el dinero a la casa? ¿Necesito recordarte que todos los bienes son gananciales? No estoy de acuerdo en que le demos esa plata.

NATALIA: ¿Qué te pasa, tenés miedo de que te dé menos plata a vos? Esto es un préstamo, yo lo voy a devolver, no hago como vos.

DELIA (a Andrés): ¿Te das cuenta cómo me habla? Esto es por tu culpa, siempre la consentiste.

ANDRÉS: Tranquilizate, Delia, ya la escuchaste, dijo que lo va a devolver.

NATALIA: Sí, tranquilizate Delia, que no te va a faltar plata para que puedas seguir comprándote cuadros como ése.

DELIA: Sos una mocosa maleducada.

NATALIA (mirando el cuadro): Uy… la ví, la acabo de ver, es cierto, ahí está, es muy linda.

ANDRÉS: ¿Qué viste, adónde?

DELIA: Es mentira, no viste nada.

NATALIA: No, sí, es verdad, la estoy viendo.

DELIA: ¿Adónde?

NATALIA: Ahí, en el cuadro.

DELIA: ¿En qué lugar del cuadro?

NATALIA: En el centro, en el centro del cuadro.

DELIA: Es mentira, porque no está en el centro del cuadro.

NATALIA: ¿Y vos cómo sabés, si no la ves?

DELIA: Porque el cura dijo que estaba en la esquina superior derecha.

NATALIA: Bueno, se movió, porque ahora está en el centro y me sonríe. (Moviendo una mano). Hola, señora, ¿cómo le va?

DELIA: ¿Vas a seguir permitiendo que esta mocosa siga burlándose de nosotros?

ANDRÉS: Esta mocosa es nuestra hija, Delia, y está haciendo una broma, simplemente.

DELIA: Esto no es algo para hacer bromas.

ANDRÉS: Vení Nati, que te doy el cheque.

DELIA: Andrés, te dije que no estoy de acuerdo.

ANDRÉS: ¿Acaso me preguntaste si estaba yo de acuerdo en que comprés ese cuadro?

DELIA: Pero, dijiste que te gustaba.

ANDRÉS: Sí, me encanta, pero habría preferido uno que no tuviera ninguna cara escondida.

DELIA: Además, lo compré con mis ahorros.

NATALIA: ¿Tus ahorros? ¿Estás haciendo algún trabajo a escondidas, Delia?

DELIA: ¿No vas a decir nada, Andrés? ¿Vas a seguir permitiéndole que me trate como un trapo de piso?

ANDRÉS: Ya es suficiente, Nati, vámonos.

NATALIA: No, esperá papá, esperá que me entró la curiosidad de saber por qué no está de acuerdo en que me prestes esa plata.

DELIA: Porque sos una mocosa malcriada por tu padre que siempre te dio lo que pediste y por eso no sabés ahorrar ni valorar lo que tenés.

NATALIA: Ah, entiendo, lo que estás haciendo entonces al negarme esa plata es educarme.

DELIA: Efectivamente, alguien tiene que hacerlo, como no lo hace tu padre lo hago yo, siempre fui la mala de la película, pero ya no me importa. Así que ya sabés, no vas a tener esa plata, esperá a cobrar.

NATALIA: ¡Qué equivocado que estás papá!, tenés que aprender de Delia, ella sí que sabe educarme.

ANDRÉS: Nati, terminala, por favor.

DELIA: Si, terminala, hacele caso a tu papito y andate que tenemos que seguir charlando.

ANDRÉS: Bueno, Delia, vos también terminala.

DELIA: Está bien, yo la termino, pero que ella se vaya sin la plata, que aprenda que no puede salirse siempre con la suya, usando ese tonito irónico de universitaria superada.

ANDRÉS: Escuchame, Delia, es un préstamo.

DELIA: Estás ciego, Andrés, no te das cuenta de que no es cierto, nos está mintiendo, mirá si va necesitar 100000 pesos para libros cuando hoy en día se arreglan todos con fotocopias.

ANDRÉS: Bueno, ya es suficiente, vení Nati que te doy el cheque.

DELIA: Andrés, te lo advierto, no lo hagas.

ANDRÉS: Después vuelvo y seguimos mirando el cuadro.

DELIA: Si me desautorizás delante de ella, te vas a arrepentir, y sabés muy bien de lo que hablo.

ANDRÉS: No, no sé de lo que hablás, y no es Nati la que te pone en ridículo, sos vos sola. Vamos, Nati, por favor. Salen.

ESCENA 3

En el medio del escenario, al frente, hay un sillón. Están sentados un anciano y, a su lado, el pintor. La iluminación consiste en un solo foco sobre el anciano. Mientras dure su monólogo, el pintor permanecerá inmóvil, con la mirada perdida.

ANCIANO (mirando hacia el pintor): ¿Te das cuenta, Roque? Después nos dicen que los viejos siempre miramos para atrás porque no nos queda tiempo para el mañana. Pero, ¿vos viste las cosas que están pasando? ¿Para qué vamos a mirar el mañana? ¿Para amargarnos? Si todo va a estar peor todavía, no hay más moral, se acabó la moral, todo es una porquería. ¡Qué sabiduría la de Discepolín! En el 510 y en el 2000 también, decía, y decía bien, pero no se pudo haber imaginado que llegaríamos a esto. No, a esto no, cuánta corrupción, Dios mío. No se respeta nada, la palabra no vale nada, la vida no vale nada, te matan por 2 pesos, Roque. Y lo peor de todo, Roque, ¿vos viste cómo andan las pendejas? Todas putas son, reputas. Ni de la oreja llegan vírgenes al casamiento. Y después, ¿te imaginás la clase de madres que son? ¿Qué valores morales les van a enseñar a sus hijos?, decime. Antes, para coger teníamos que ir con las putas, porque a las pibas había que respetarlas, ¿te acordás? ¿A quién se le ocurriría tratar de encamarse con la que sería tu mujer? Había respeto por las mujeres. Había respeto por todo. Ahora los pendejos se encaman a la primera salida o, si no, se la hacen chupar, ¿te das cuenta qué inmoralidad? ¿Cómo lo sé? Y, porque leo, Roque, estas cosas salen en los diarios, en la televisión también hablan de estas cosas. Vos sos un viejo que querés quedarte en el pasado, Roque, no te querés enterar de nada. Bueno, entiendo, sí. ¿Para qué, no? Para amargarme, ya lo sé. Pero, bueno, ¿qué sé yo? Por un lado me da bronca y por otro lado me digo: qué suerte que tuvimos de vivir en otro tiempo, de saber que las cosas podrían ser diferentes, porque los que son de este tiempo y no conocieron el pasado como nosotros están adaptados, Roque, están adaptados.

Se encienden los otros reflectores, entra Natalia y el pintor reacciona parándose.

NATALIA: Bueno, ya llegó la hora de la cena, vamos a tener que entrar abuelo.

ANCIANO: No, todavía no tengo ganas.

PINTOR: Vamos, papá, hacele caso a Natalia.

ANCIANO: No, no puede ser que ellos decidan cuándo hay que comer, cuándo hay que dormir, si seguimos así van a decidir cuándo hay que cagar también.

PINTOR: Papá, comportate.

NATALIA: Ay, parece que el abuelo está peleador, hoy.

ANCIANO: No, querida, no estoy peleador, simplemente no quiero comer ahora.

NATALIA: ¿Sabe lo que pasa, abuelo? No podríamos dar la comida a la hora que cada uno quisiera, porque para eso tendríamos que tener una cocina funcionando todo el tiempo.

PINTOR: Claro, papá, vamos, dale.

ANCIANO: No, no es así como ustedes dicen, la cocina podría funcionar durante dos horas, por ejemplo, y entonces, dentro de esas dos horas, cada uno podría comer cuando tenga hambre y no estar obligado a comer todos a una hora dada. Además, otra cosa, querida, mi nombre es Antonio, no abuelo.

PINTOR: Papá, por favor, sé más amable con Natalia que ella siempre te trata muy bien.

ANTONIO: Ya lo sé, por eso le estoy pidiendo que me llame por mi nombre, así como yo la llamo por el suyo.

NATALIA: Tiene razón, Antonio, perdóneme. Ahora yo le quiero explicar por qué hay una hora determinada para comer. Resulta que no se hace la comida aquí, lo único que hacemos es calentarla y, el mismo personal que la calienta y la sirve, hace antes y después todas las otras tareas del lugar. A lo mejor, si hubiera más personal, se podría hacer eso que usted dice, pero hoy no se puede. Así que, Antonio, le pido por favor que entremos.

ANTONIO: Está bien, aunque no tengo hambre voy a entrar, y voy a entrar por vos, porque sos muy simpática y muy linda.

NATALIA: Gracias, Antonio, es usted muy amable.

Antonio se levanta ayudado por el pintor.

PINTOR: Chau, papá (le da un beso), nos vemos el domingo.

Cuando Natalia lo toma del brazo y se encaminan hacia la puerta, Antonio le pone la mano en el culo.

NATALIA (sacándole la mano): Ay, abuelo, abuelo…¡qué pícaro que es usted!

PINTOR: ¡Papá!

Natalia y Antonio salen. El pintor, mientras habla, camina de un lado a otro del escenario.

PINTOR: ¡Qué horrible que es envejecer! ¡Cómo se pierden los valores morales! Los viejos se creen que pueden hacer cualquier cosa porque son inimputables. La vergüenza que recién me hizo pasar tocándole el culo a Natalia. ¿Qué va a pensar esa criatura de mí, con un padre así? ¿Es eso lo que me espera, transformarme en un viejo verde y gruñón?

Entra Natalia. Él se queda mirándola unos segundos sin reaccionar.

NATALIA: Usted me dijo por teléfono que quería hablar conmigo.

PINTOR: Ah, sí, sí, vení sentémonos.

NATALIA: Tengo pongo tiempo señor Nuñez.

Se sientan.

PINTOR: Carlos, llamame Carlos. Yo quería agradecerte todo lo que hacés por mi padre y pedirte perdón por su comportamiento.

NATALIA: No se preocupe señor…Carlos, es un comportamiento bastante común entre los ancianos.

CARLOS: Bueno, sí, pero es muy embarazoso para mí, de sólo pensar que te haya tocado así, yo… yo me pongo muy mal.

NATALIA: Tranquilícese Carlos, ya le dije que es algo común, yo no lo tomo como una ofensa.

CARLOS: Bueno, gracias, Nati, pero si no te incomoda me gustaría que me tutearas.

NATALIA: Es que no estoy acostumbrada, nos dicen que no tenemos que tutear a nadie, ni a los internados.

CARLOS: Bueno, pero esto podría quedar entre vos y yo, como un secretito, ¿no?

Carlos se le acerca un poco y ella se pone tensa.

NATALIA: Bueno, Carlos, usted quería hablarme de algo.

CARLOS: Sí, efectivamente, yo quería decirte que estoy muy pero muy agradecido por la forma en que tratás a mi padre. Para mí ha sido muy doloroso tener que internarlo acá, pero tu amabilidad y paciencia me hace sentir mucho mejor y por eso sentí la necesidad de recompensarte.

NATALIA: No, no Carlos, no tiene por qué molestarse. Además, no nos permiten aceptar propinas.

CARLOS: No, no me malinterpretes, no había pensado en dinero, sino en un pequeño regalito. Carlos se levanta y sale. Ella se levanta y vacila. Entra Carlos con el cuadro envuelto en papel. Tomá, esto es para vos como una muestra de mi agradecimiento.

NATALIA: Gracias, Carlos, pero no puedo aceptarlo.

CARLOS: Por favor, Nati,  me haría muy feliz que lo aceptaras.

NATALIA: Bueno, muchas gracias, pero yo sólo he cumplido con mi trabajo.

Natalia agarra el paquete y se perfila hacia la salida.

CARLOS: ¿No vas a abrirlo? Aunque seguramente ya te imaginaste lo que es, me gustaría saber si te gusta. Natalia comienza a tratar de abrir el paquete cuidadosamente. Carlos se impacienta. A ver, permitime, no importa que el papel se rompa un poco. En un par de movimientos rompe totalmente el papel en pedazos. Toma el cuadro de los costados, se aleja unos pasos y lo exhibe apoyándoselo sobre el pecho, dejando sólo la cabeza por encima del mismo. ¿Y qué te parece, te gusta?

NATALIA: ¡Es el cuadro que compró mi madre!

CARLOS: ¿Cómo el cuadro que compró tu madre?

NATALIA: Sí, es el mismo cuadro que compró mi madre en una exposición, lo vi en mi casa,

CARLOS: No es posible, Natalia, este cuadro lo pinté exclusivamente para vos.

Natalia se acerca para verlo más detenidamente.

NATALIA: Si no es el mismo es extraordinariamente parecido. ¿Usted lo copió de algún lado?

CARLOS: De ninguna manera, querida, yo soy un creador, no un copista, este cuadro tiene como único modelo mi inspiración.

NATALIA: Es que, como mi madre me pidió que lo mirara tan detenidamente, se me quedó fijado el diseño.

CARLOS: Puede ser, puede ser que algún otro creador haya pintado algo parecido, producto de un rapto de inspiración surgido en condiciones semejantes, pero igual, igual, eso es imposible.

NATALIA: Está bien, si usted lo dice, será así, pero de cualquier manera hay un problema porque no puedo llevármelo a casa, así que lo voy a tener que dejar acá.

CARLOS: Pero, ¿por qué, Nati, no vas a poder llevarlo a tu casa?

NATALIA: Y… por lo que le dije. Mi madre compró uno que es muy parecido.

CARLOS: Bueno, pero como ya nos pusimos de acuerdo, seguramente no es igual, será del mismo estilo, pero no igual, así que va a quedar muy lindo colgado en el mismo ambiente que el otro.

NATALIA: No, imposible, eso sí que no. Si con uno ya se armó ese despelote, no quiero ni pensar con dos.

CARLOS: ¿A qué te referís, querida, con que se armó un despelote por ese cuadro?

NATALIA: Es que mi madre dice que en el cuadro hay una cara que ella no ve pero que vio otra persona y que ella no ve porque no tiene fe. A raíz de eso se peleó con mi padre y al final se la agarró también conmigo.

Carlos deja el cuadro junto al sillón.

CARLOS: ¿Cómo es tu madre, querida?

NATALIA: Y… siempre fue un poco trastornada.

CARLOS: No, me refiero al aspecto físico.

NATALIA: ¿Por qué?

CARLOS: Por nada, simplemente curiosidad.

NATALIA (agarrando el cuadro): Bueno, me tengo que ir para adentro porque tengo mucho trabajo pendiente. Gracias otra vez.

CARLOS: Esperá, esperá un poquito. Decime, tu madre es una señora bajita de pelo corto, cara atractiva y muy gesticuladora.

NATALIA: ¿Usted la conoce?

CARLOS: ¡Esto es increíble! ¡Sólo a mí me pueden pasar estas cosas!

NATALIA: ¿Qué es lo que está pasando?

CARLOS: Nada, nada, querida, andá tranquila y colgá ese cuadro en alguna pared que yo no me voy a ofender.

NATALIA: Entonces, yo tenía razón, usted le vendió ese cuadro a mi madre.

CARLOS: No, Nati, yo no conozco a tu madre.

NATALIA: ¿Cómo que no? si recién la describió.

CARLOS: Fue una broma y la acerté, ¿ella es así como la describí?

NATALIA: Sí, tal cual. Decime la verdad, Carlos, ¿vos le vendiste ese cuadro a mi madre haciéndole creer que había una cara escondida?

CARLOS: No, Natalia, yo no hablé de ninguna cara, ¿cómo se te ocurre?

NATALIA: Pero le vendiste el cuadro.

CARLOS: De ninguna manera, yo no conozco a tu madre. ¿No se te está haciendo tarde? Mejor vayámonos que yo también tengo mucho que hacer.

NATALIA: ¿Por qué ese apuro de repente, Carlos?

CARLOS: Por nada, por nada, es que me acordé que tengo que ir a comprar unas pinturas lejos de acá y si me demoro más no voy a llegar a tiempo.

NATALIA: Dale Carlos, quedate unos minutos más, vení sentémonos. Carlos se deja llevar del brazo ejerciendo una ligera resistencia. Bueno, a ver, contame como fue lo que sucedió.

CARLOS: No sé de qué me estás hablando.

NATALIA: La venta del cuadro místico, Carlos.

CARLOS: Yo no le vendí ningún cuadro a tu madre.

NATALIA: Carlos, me vas a hacer enojar y vos no querés que yo me enoje, ¿no es cierto?

CARLOS: No, claro que no, Nati, pero no sé por qué se te metió esa idea en la cabeza.

NATALIA: Y…Carlos, es bastante obvio, en mi casa hay un cuadro igual a éste que compró mi madre y vos acabás de describirla tal cual es, o sea, dos más dos es igual a cuatro, ¿no?

CARLOS: No, no es así como vos pensás.

NATALIA: Está bien, Carlos, pensé que querías ser mi amigo.

CARLOS: Sí, claro que sí.

NATALIA: Bueno…pero los amigos no se mienten, ¿no es cierto?

CARLOS: Pero yo no te estoy mintiendo, Nati.

Natalia se levanta bruscamente.

NATALIA: Está bien, como guste, puede quedarse con ese cuadro, yo no lo quiero. Se dirige hacia la salida. Entra el ex – cura. Mi amor, qué sorpresa.

Los hombres se miran y exclaman al mismo tiempo.

AMBOS: ¡Qué hace usted acá!

NATALIA: ¿Se conocen?

El ex – cura ve el cuadro.

EX – CURA: ¡Oh, no! ¿Para qué trajo el cuadro acá? El ex – cura  no contesta y se acerca mirar el cuadro. Pero éste no es el mismo cuadro.

NATALIA: Joaquín, por favor, explicame de qué estás hablando.

CARLOS: Nati, no me digas que estás saliendo con este loco.

NATALIA: Usted no es quién para hablar así de mi novio.

JOAQUÍN: Usted es un… un deshonesto, pintó otro cuadro igual.

NATALIA: Joaquín, ¿cómo sabés eso?

CARLOS: ¡Muy buena pregunta, Nati! A ver, Joaquín, cuéntenos por qué usted cree que es una copia.

NATALIA: Usted no se meta y mejor váyase.

CARLOS: Insistí Natalia, insistí en que te diga por qué él cree que es una copia y vas a ver que tengo razón, este hombre está loco.

NATALIA: Vamos, mi amor, vamos para adentro, que se quede hablando solo con el cuadro.

Natalia lo toma del brazo, pero él no se mueve y se queda mirando fijamente el cuadro.

JOAQUÍN: ¿Por qué, por qué tuvo que hacer una copia?

NATALIA: Ay, Joaquín, no sigás con eso, no importa si es o no una copia, dejalo que se lo quede y chau, vámonos.

CARLOS: ¿Qué pasa, Joaquín, no está? Joaquín niega con la cabeza. Natalia se lleva las manos a la boca. No está, se fugó, y claro, cómo iba a venir aquí si estaba tu novia.

NATALIA: ¿Vos fuiste la persona que vio una cara en este cuadro?

JOAQUÍN: Usted es un delincuente, usted hizo auto-plagio, eso es un delito. NATALIA: Joaquín, mirame, mirame y contestame lo que te pregunto. (Él la mira) ¿Fuiste vos el que vio una cara en este cuadro?

JOAQUÍN (elevando el tono): Este no es el cuadro.

NATALIA: No, ya lo sé, el cuadro es el que compró mi mamá. Entonces, fuiste vos el que vio una cara en ese cuadro.

CARLOS: ¿Te das cuenta Natalia? ¿Te das cuenta de que este hombre esta loco? Preguntale de quién es la cara que vio.

NATALIA: Vamos para adentro, mi amor, vamos a conversar tranquilos.

JOAQUÍN: ¿Y vos, qué hacías con este hombre conversando a solas? ¿Por qué te trajo este cuadro?

NATALIA: Es el hijo de un paciente y me lo trajo como agradecimiento por mi trato hacia el padre. ¿Por qué me preguntás eso, ahora?

CARLOS: Para distraer la atención, los curas tienen una gran habilidad para distraer a la gente.

JOAQUÍN: Usted va a ir preso, yo lo voy a denunciar por auto-plagio.

NATALIA: ¿Por qué te llamó cura, Joaquín?

CARLOS: ¡Ah, cuántos secretos guardados, Joaquín! Tampoco le dijiste que habías sido cura.

JOAQUÍN: Este hombre es un mentiroso, no le hagas caso, Natalia, vamos para adentro.

CARLOS: Sí, escapate, escapate para seguir mintiendo, así tampoco le vas a contar que seguís enamorado de tu novia muerta, cuya cara viste en este cuadro.

Joaquín intenta llevarla de un brazo, pero ahora es ella la que se resiste.

NATALIA (a Carlos): ¿Por qué dice estas cosas horribles? ¿Acaso usted se cree que desmereciéndolo va a tener alguna oportunidad conmigo? ¿Todavía no se dio cuenta de que para mí es un viejo baboso?

CARLOS: Lo único que quiero en este momento, mi querida Natalia, es salvarte de este loco antes de que te vuelva loca a vos también.

NATALIA: Váyase, váyase ya o llamo a la policía.

CARLOS: Hace un rato me pediste que contara la verdad. Bueno, ahora te la voy a contar. Este hombre que está acá, al que no puedo imaginarme como tu novio, es un ex – cura que dejó los hábitos porque se enamoró de una mujer y se fue a vivir con ella. Lógicamente, le hizo la vida tan imposible que la pobre se enfermó y murió.

JOAQUÍN: No le creas nada, Natalia.

NATALIA: ¿Qué es lo que no tengo que creerle? ¿Qué fuiste cura y que te enamoraste de una mujer y que viste esa mujer en el cuadro? Porque vos viste una mujer en el cuadro, eso me lo dijo mi madre.

JOAQUÍN: Yo no vi una mujer en ese cuadro.

NATALIA: De acuerdo, la viste en el que está en mi casa, ¿no es cierto?

JOAQUÍN: ¿Por qué está en tu casa?

CARLOS: Natalia, está desviando la atención del punto central, no existen dos cuadros. Este es el cuadro que él vio en la exposición y ahora no ve la cara porque no existe ninguna cara y, además, adelante tuyo no podría verla, porque no lo soportaría, sería como admitir que la está engañando. Que te conteste si fue cura.

NATALIA: Usted es el mentiroso, porque sí que es verdad que hay dos cuadros y uno está en mi casa, así que cállese y váyase de una vez.

JOAQUÍN: ¿Por qué está en tu casa?

NATALIA: Porque lo compró mi madre, Joaquín.

CARLOS: Está bien, me rindo, es evidente que no hay peor ciego que el que no quiere ver.

Carlos se dirige a la salida. Joaquín se le interpone en el camino.

JOAQUÍN: Usted no se puede ir así, antes tiene que confesar.

CARLOS: Correte loco, que te creés que sos cura todavía y me querés confesar.

JOAQUÍN: Quiero que tenga la decencia de confesar que hizo auto-plagio.

CARLOS: Vos, además de loco, sos un pelotudo. ¿De dónde sacaste eso del auto-plagio?

JOAQUÍN: El auto-plagio es la copia de una obra de arte que realiza el mismo autor sin reconocer que se trata de una copia.

CARLOS: ¿Y eso es un delito para vos?

JOAQUÍN: No es que sea para mí, hay legislación que lo establece así.

CARLOS: Está bien, andá a denunciarme entonces, porque sí, yo hice una copia, es verdad, hice una copia de una obra de arte, porque este cuadro es una obra de arte, y la hice para regalársela a Natalia, para que ella disfrutara de mi arte sin tener que pagar. Eso es la verdad, pero ahora vos también tenés que decir la verdad. A ver, animate.

JOAQUÍN: ¿Viste, Natalia?, es como nosotros decíamos.

CARLOS: Ah, no, ahora no te vas a salir con la tuya. Yo ya hice mi confesión, padre, ahora le toca a usted.

JOAQUÍN: Vamos Natalia, ya es suficiente, no tenemos que seguir escuchando a este individuo.

Ahora Carlos se interpone entre la puerta y Joaquín.

CARLOS: No, curita renegado, vos no salís de acá si no le decís la verdad a Natalia.

JOAQUÍN: Natalia, ¿podés pedir ayuda, por favor?

NATALIA: Carlos, ¿por qué cree que Joaquín no ve la cara en este cuadro y sí la vio en el otro?

CARLOS: Ya lo dije, no podría ver ninguna cara en tu presencia, la cara está en su mente trastornada nada más.

NATALIA: Pero este cuadro no es el mismo, usted lo pintó de memoria.

CARLOS: No, de memoria no, tengo bocetos previos, un artista no se lanza a pintar un cuadro a ciegas.

NATALIA: De acuerdo, pero por más que haya tenido la intención de que le resultara totalmente igual, es lógico que haya diferencias, ¿no es cierto?

CARLOS: Sí, lógico, pequeñas diferencias podría haber, pero de ninguna manera eso justificaría que él viera la cara en el otro y no en éste.

NATALIA: ¿Por qué está tan seguro de eso? ¿Acaso todo el mundo ve lo mismo en un cuadro? Si las imágenes producen sensaciones, ¿por qué fuertes sensaciones no pueden producir imágenes? ¿Cómo puede estar tan seguro que esas pequeñas diferencias que podría haber entre los dos cuadros no producen en Joaquín profundas sensaciones que hacen que vea una cara en uno y no en el otro? Las obras de arte tienen esa característica, se acaban sólo en el alma del receptor. Carlos se queda pensativo mirando el cuadro, lo agarra y lo pone contra el fondo para observarlo a distancia. Natalia aprovecha y lleva aparte a Joaquín. Escuchame Joaquín, ¿conseguiste la plata? Yo ya tengo mi parte.

JOAQUÍN: No, no pude.

NATALIA: Me lo habías prometido. ¿Cuándo vas a conseguirla?

JOAQUÍN: No sé, la situación está difícil, ¿por qué no le pedís toda la plata a tu padre?

NATALIA: No, ya no puedo, me costó mucho conseguir estos 100000 pesos por la oposición de mi vieja, no puedo pedirle más. Joaquín, no puedo demorar más, cada día que pasa se vuelve más peligroso.

JOAQUÍN: No sé qué decirte.

NATALIA: Te estás borrando, me prometiste que te ibas a hacer cargo y me estás dejando sola.

JOAQUÍN: No tengo esa plata y no sé a quién pedirle, tu viejo tiene guita.

NATALIA: Bueno, muy bien, vení conmigo y le pedimos juntos la plata.

Carlos se acerca

CARLOS: A ver, Joaquín, venga, dígame, ¿qué es lo que no siente cuando mira este cuadro y sentía con el otro? ¿Usted ve algunas diferencias?

Carlos lo toma del brazo y lo lleva frente al cuadro.

JOAQUÍN: Mire, acá no hay mucha luz, tendríamos que verlo en un lugar al aire libre con luz natural.

CARLOS: Bueno, vamos.

Carlos agarra el cuadro y van hacia la puerta.

NATALIA: Joaquín, ¿adónde vas?

Salen. Se apagan las luces y queda sólo un foco sobre Natalia que apoya ambas manos sobre el vientre.

FIN